Capítulo 406
Isabel se acurrucó en los brazos de Esteban, dejando que su calor la envolviera como un capullo protector. Su respiración se fue haciendo más lenta mientras buscaba esa posición perfecta que solo se encuentra en el abrazo de alguien especial. La idea de mantener distancia entre ellos parecía absurda en ese momento; el verdadero refugio estaba en permitirse esa
cercanía.
0
Esteban, percibiendo los pensamientos que flotaban en el aire, dejó escapar una risa suave y
melodiosa.
-Isa…
-No digas nada -murmuró ella con voz adormilada-. Estoy muy cansada.
No quería escuchar una sola palabra más de sus labios, no cuando el sueño comenzaba a nublar sus sentidos. Las conversaciones a estas horas tenían la costumbre de tomar rumbos inesperados, y ella prefería abandonarse al dulce sopor que la invadía.
En París, la noche pintaba un escenario muy distinto.
Paulina ardía en fiebre, su estado era tan alarmante que Carlos no tuvo más remedio que llamar a Hugo para que trajera un médico. El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando el teléfono interrumpió la velada de Hugo, quien compartía unos tragos con Eric y Julien.
-¿Tiene que ser ahora mismo? -preguntó Hugo, conteniendo un bostezo.
-Si no te apuras, la mujer va a terminar como pescado a la parrilla -espetó Carlos, su irritación palpable ante la situación de tener que cuidar a alguien.
La dureza en la voz de Carlos bastó para que Hugo se pusiera en acción de inmediato.
-Ya voy para allá.
Tras colgar, Hugo contactó al médico del equipo y le pidió que se dirigiera urgentemente a la casa de Carlos. Mientras guardaba el teléfono, una sensación de inquietud lo invadió.
-Será mejor que vaya a ver qué sucede anunció a sus compañeros.
-¿Mandaste al doctor? -inquirió Eric con una sonrisa maliciosa-. ¿No me digas que Carlos le hizo algo a…?
La mano de Julien se apresuró a cubrir la boca de Eric antes de que completara la frase. Todos sabían que Hugo era incapaz de mantener un secreto, y si esas palabras llegaban a oídos de Carlos, Eric se encontraría en serios problemas.
-No le hagas caso, está pasado de copas -intervino Julien con una sonrisa nerviosa-. Tú ve tranquilo.
Hugo asintió y salió apresuradamente del lugar. Cuando sus pasos se perdieron en la distancia,
12
15:00 0
Capitulo 406
Julien liberó a Eric solo para propinarle un golpe en la cabeza.
-Si ya no puedes con el alcohol, mejor ve a vomitar. No sigas matando neuronas diciendo tonterías.
-Ni siquiera bebimos tanto -protestó Eric, frotándose la cabeza.
-¿Entonces por qué dices sandeces?
-No dije nada malo.
-No alcanzaste a decirlo, pero si lo hubieras hecho, probablemente serían tus últimas palabras.
“Con razón Carlos no deja que Eric y Mathieu se junten“, pensó Julien. “Serían como dos payasos en un circo, compitiendo por ver quién hace el ridículo más grande“.
En la residencia, Paulina se retorcía entre las sábanas, la fiebre consumiéndola. Sus dedos se aferraban al brazo de Carlos mientras sus labios murmuraban “mamá” una y otra vez, como una letanía febril.
Carlos sentía el agotamiento en cada fibra de su ser. El día había sido extenuante lidiando con la familia Gromov, y ahora tenía que hacerse cargo de una mujer enferma. Jamás había sido bueno para estas atenciones delicadas.
-Debí haberte dejado con la familia Allende -murmuró, observando su rostro enrojecido por la
fiebre.
Al menos allí habría estado más protegida.
El médico llegó junto con Hugo y, tras examinar a Paulina, procedió a administrarle una inyección.
-La señorita presenta una fiebre muy alta -informó el doctor con gesto profesional-. Necesitará baños de agua tibia para ayudar a reducir la temperatura.
-¿Cómo se hace eso? -preguntó Carlos.
-Hay que limpiar todo el cuerpo con agua tibia -explicó el médico con naturalidad.
Un silencio incómodo se instaló en la habitación. Carlos y Hugo intercambiaron miradas, súbitamente conscientes de que eran los únicos presentes junto al médico.
Hugo dio un paso hacia la puerta.
-Bueno, tengo que ir por Julien y los demás, que siguen en el bar…
No había terminado de dar dos pasos cuando la voz de Carlos lo detuvo en seco.
-Espera.
-¿Se le ofrece algo más, jefe?
213
15:00 0
Capítulo 406
-Consigue una empleada doméstica.
-¿A esta hora? -Hugo titubeó-. Las agencias están cerradas, tendría que ser hasta mañana.
Tras una pausa, agregó:
-Podríamos pedir ayuda en la casa del abuelo, pero eso alertaría a la señora.
Carlos entornó los ojos.
-¿Entonces qué sugieres?
-Pues… que lo hagas tú.
Ni Hugo ni el doctor se atreverían a tocarla; no era su mujer, y hacerlo equivaldría a firmar su
sentencia de muerte.