Capítulo 407
La madrugada se deslizaba perezosa sobre París cuando Hugo y el médico abandonaron la residencia. El silencio de la noche solo era interrumpido por la respiración agitada de Paulina, quien yacía ardiendo en fiebre sobre las sábanas de algodón egipcio. Su rostro, usualmente radiante, ahora lucía un tono escarlata que delataba la intensidad de su malestar. Las gotas de sudor perlaban su frente mientras murmuraba palabras ininteligibles.
Carlos contempló el recipiente con agua que acababa de colocar junto a la cama. Las indicaciones del médico resonaban en su mente: la medicación y las compresas frías eran indispensables para controlar aquella temperatura que amenazaba con consumirla. Sus manos, acostumbradas a manejar documentos y cerrar tratos millonarios, ahora se enfrentaban a una tarea que requería una delicadeza que él mismo dudaba poseer.
“Una verdadera molestia“, “Solo lo hago por Esteban e Isabel.”
Con movimientos torpes pero determinados, comenzó a desvestirla. La tarea resultaba más complicada por los ocasionales delirios de Paulina, quien se agitaba inquieta entre las sábanas. El proceso fue metódico, casi clínico, mientras intentaba mantener la mayor distancia emocional posible de la situación.
Tal como había predicho el médico, la fiebre comenzó a ceder gradualmente. Satisfecho con el resultado pero ansioso por terminar con aquella incómoda situación, Carlos la cubrió con una cobija y abandonó la habitación sin molestarse en vestirla nuevamente.
Los primeros rayos del sol se filtraban por las cortinas cuando Paulina recuperó la consciencia. La confusión inicial dio paso al pánico cuando sus manos rozaron su piel desnuda bajo la cobija. La conclusión la golpeó como una descarga eléctrica.
Un grito desgarrador atravesó la quietud de la mañana, espantando a una bandada de palomas que descansaba en el alféizar de la ventana. Las aves emprendieron el vuelo en un caótico revoloteo, como si compartieran su sobresalto.
…
La vibración insistente del teléfono arrancó a Isabel de sus sueños. Entre la bruma del despertar, sus manos tantearon a ciegas la superficie de la mesita de noche, encontrando solo el vacío donde Esteban solía dormir. El zumbido continuaba, ahora más distante, como burlándose de sus intentos por localizarlo.
Tras una búsqueda desesperada, sus dedos por fin rozaron el dispositivo bajo la cama. Al ver el nombre de Paulina en la pantalla, la somnolencia se evaporó instantáneamente.
-¡Pauli! -exclamó Isabel, incorporándose justo cuando Esteban cruzaba el umbral de la
puerta.
El llanto desconsolado de Paulina al otro lado de la línea hizo que el corazón de Isabel se encogiera.
19:08
Capitulo 407
-¿Qué sucedió? ¿Estás bien? -preguntó Isabel, la preocupación tiñendo su voz.
-Yo… creo que me pasó algo -la voz entrecortada de Paulina apenas lograba articular las palabras entre sollozos.
-¿Necesitas que llame a la policía? -Las palabras brotaron automáticamente de los labios de Isabel antes de que su mente terminara de procesar la situación.
“Un momento…” La conclusión la golpeó súbitamente.
-Espera, ¿no estabas con Carlos?
-Sí, estoy con él -confirmó Paulina entre hipidos.
-¿Entonces qué pasó?
-Mi ropa… ya no la tengo.
Isabel sintió que el mundo se detenía por un instante. Su mente, incapaz de procesar completamente lo que acababa de escuchar, se quedó en blanco. A pesar de su propia experiencia con Esteban, las palabras de Paulina la dejaron completamente desconcertada.
-¿Qué quieres decir con eso? -logró articular finalmente.
-¡No lo sé! -La desesperación en la voz de Paulina era palpable-. No sé qué ocurrió, no sé quién me quitó la ropa, y…
-No creo que Carlos sea ese tipo de persona -intervino Isabel, intentando mantener la calma-. Definitivamente no fue él.
-¿Lo estás defendiendo? -La incredulidad y el dolor en la voz de Paulina eran evidentes.
-No, no es eso.
-Isa, se supone que tú estás de mi lado y lo estás defendiendo.
El llanto de Paulina se intensificó, transformándose en un lamento que reflejaba su completa vulnerabilidad y desamparo.
Capr