Capítulo 40
Si no hubiera presenciado su aspecto intimidante momentos antes, jamás habría imaginado que esta misma persona acababa de mostrarse como una deidad implacable. 1
-Señor Montero, es muy amable, lamento interrumpir su trabajo -respondí instintivamente usando un tono formal, consciente nuevamente de la enorme distancia que nos separaba.
Jimmy entró conmigo, se acercó al escritorio y recogió con agilidad los documentos esparcidos por el suelo, los ordenó rápidamente y salió.
Me hice la desentendida, fingiendo no haber notado nada.
-¿Ya tiene listos mis diseños, señorita Navarro? -preguntó Lucas, sacándome de mis
cavilaciones.
Me quedé paralizada, con las palabras atoradas en la garganta.
Lucas notó mi inquietud, pero mantuvo la paciencia:
-¿Acaso mi madre la está presionando?
—¡No, de ninguna manera! —me apresuré a negar, tropezando con las palabras.
No había traído ningún diseño, ni siquiera venía a hablar sobre la ropa. No me quedaba más remedio que decir la verdad.
-Señor Montero, lo siento, le mentí. No vine hoy por el asunto de la ropa -confesé finalmente, sintiéndome tremendamente culpable.
Lucas se mostró tranquilo y accesible, señalando con la mano hacia los sillones del área de reuniones: -Vamos a sentarnos para que me cuente qué sucede.
Me dirigí hacia allá y tomé asiento. Él fue al área de bebidas, sirvió té y lo trajo personalmente: -Señorita Navarro, puede hablar con total franqueza.
Observé sus dedos de nudillos marcados mientras colocaba la taza frente a mí. Con la mente en blanco, me giré repentinamente hacia él: -Señor Montero, en realidad vine a pedirle un favor.
-Ya le dije que no es necesario que sea tan formal conmigo.
-Ah… -tragué saliva, nerviosa- Quisiera pedirle… no, pedirte dinero prestado.
Por fin lo había dicho. Entrelacé mis manos con fuerza, esperando su rechazo o incluso su burla.
-¿Está pasando por dificultades últimamente?
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—Sí…
-¿Cuánto es que necesita?
Me sorprendí enormemente y alcé la mirada hacia él preguntándole de nuevo: -¿Señor Montero, en serio está dispuesto a prestarme dinero?
Lucas sonrió y se reclinó relajadamente. Era apuesto, con una presencia distinguida y un encanto natural en cada gesto.
Poco a poco me fui relajando también.
-Solo es un préstamo de dinero, no le estoy prestando mi vida -respondió con humor.
Sonreí, secretamente alegre, pero al pensar en la cantidad que necesitaba, volví a sentirme insegura.
-Si es posible, quisiera pedir prestados… quinientos mil -mostré los cinco dedos de mi mano.
Se quedó callado y volví a ponerme nerviosa.
Seguramente era demasiado dinero y lo había asustado.
-¿El problema que enfrenta, se puede resolver con dinero? -preguntó con curiosidad.
De repente entendí que, al ver que pedía tanto dinero, le preocupaba que estuviera en alguna situación especialmente difícil.
-Sí, con dinero se puede resolver.
-Bien, ¿cuándo lo necesita?
-¿Podría ser hoy?
-Déme un número de cuenta y más tarde le pido a Jimmy que haga la transferencia respondió con tanta naturalidad como si le estuviera pidiendo prestados cinco pesos.
Me sentí profundamente agradecida.
—
-Le agradezco mucho señor Montero, muchísimas gracias -expresé emocionada, agradeciendo repetidamente. De pronto recordé algo y me apresuré a tomar mi maletín para sacar un documento.
-Señor Montero, este es el contrato del préstamo. Los quinientos mil… probablemente necesite cinco años para pagarlo, con un interés tres puntos más alto que el bancario.
Si en cinco años no he pagado el capital más los intereses, tiene derecho a disponer de mi
empresa.
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Temiendo que no me creyera, saqué otro documento: -Esta es la información de mi empresa. No se preocupe, el valor de mercado supera los quinientos mil, definitivamente no perderá dinero. De hecho, consideré vender la empresa para conseguir el dinero, pero no hay tiempo suficiente. Si le preocupa que incumpla, podemos notarizar el acuerdo después de firmarlo.