Capítulo 71
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Si bien esto era lo que me imaginaba y lo que buscaba, igual me duele el corazón.
La imagen de Lucas sigue dando vueltas en mi cabeza. Aunque llevamos poco tiempo de conocernos, tengo grabados cada uno de sus gestos, sus sonrisas y esa manera tan elegante de
moverse.
Me quedé un rato sumida en la tristeza, pero cuando vi la hora me tuve que sacudir la pena, agarrar mis cosas y salir corriendo al hospital.
Enfrentarme a los Navarro iba a ser otro dolor de cabeza. En este momento no tengo cabeza para asuntos del corazón, mejor dejo que el tiempo se encargue de borrarlos.
Cuando llegué al hospital, vi que Mariano y Carmen ya andaban sueltos, seguro por las influencias de Antonio.
Isabel, tal como me habían dicho, estaba hecha un desastre.
La tenían en cuidados intensivos, conectada a un montón de aparatos, enredada entre cables y tubos, con una sonda de oxígeno en la nariz, amarilla como un limón y con la mirada apagada.
Al verme entrar, volteó la cabeza despacito y me clavó una mirada llena de odio y resentimiento.
Se notaba que Antonio no la estaba pasando bien, tenía una cara de agotamiento y unas ojeras tremendas. Era obvio que Isabel lo había estado volviendo loco estos días.
-¿Ya llegaste? ¿Trajiste la pulsera? -me soltó apenas me vio.
Le eché una mirada fría, miré a Mariano y Carmen, y levanté la muñeca mostrando la pulsera: -Aquí la tengo puesta. ¿Y los papeles de las acciones?
Mariano bufó con rabia, fue a la mesa y agarró unos documentos:-¡Tómalos!
Torcí la boca, saqué el celular y les tomé fotos a todos los papeles para mandárselos a mi abogado.
-¿Y eso qué significa? ¿No confías en nosotros o qué? -saltó Carmen furiosa.
Claro, después de haberla mandado unos días al calabozo, seguramente me quería clavar un cuchillo. Por eso andaba tan agresiva.
-Como si nunca me hubieran intentado ver la cara -le respondí tranquilamente.
Esperé un rato hasta que mi abogado me confirmó que todo estaba en orden.
Saqué un lapicero, firmé, puse mi huella y guardé los papeles.
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Capítulo 71
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-¿Cuándo van a hacer el anuncio y llamar a la junta? -le pregunté a Mariano.
Estos cambios en las acciones hay que reportarlos y hacerlos públicos.
-El lunes a primera hora nos reunimos -me respondió Mariano con cara de pocos amigos.
Asentí:-Perfecto, ahí estaré sin falta.
-¿Y la pulsera qué? Dámela -Carmen extendió la mano amenazante.
La ignoré y me fui directo a la cama de Isabel.
Antonio estaba del otro lado y cuando me vio acercarme se puso tenso, como si pensara que le iba a hacer algo.
Me dio risa: ¿Por qué tan nervioso? No vale la pena ensuciarme las manos con alguien que ya está con un pie en el otro mundo.
Antonio apretó los dientes:-María, más respeto.
Sin hacerle caso, levanté el brazo y le pregunté a Isabel que apenas se sostenía:-¿Tanto te encanta esta pulsera?
Isabel intentó moverse y cuando Antonio vio que quería sentarse, corrió a ayudarla con todo el cuidado del mundo, acomodándole los cojines.
Qué atento resultó ser.
Antes yo era la que lo cuidaba así cuando se enfermaba, y ahora él hace lo mismo pero con la que se metió en medio de nuestro matrimonio.
Qué vueltas da la vida.
Cuando Isabel por fin se acomodó, respiró varias veces hasta que pudo hablar:-Todo lo que te gusta a ti, María, me gusta a mí…
¿Qué cosa?
Abrí los ojos como platos y solté una risa incrédula mientras miraba a Antonio:-¿Oíste eso? Tú que siempre me decías que yo estaba loca, que Isabel era una santa incapaz de pensar así… ¿ Todavía piensas lo mismo?
Antonio se quedó con una cara de incomodidad que no podía con ella.
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