Capítulo 145
Me quedé mirando mientras Claudia protestaba:
-¿Cómo puedes ser tan insensible y presionarlo en su estado? ¿No tienes corazón?
-No soy responsable de la condición de tu hermano, así que ahorrate el chantaje emocional repliqué, volviendo a colocar el acuerdo de divorcio en la mesita de noche.
-Antonio, te lo repito: te salvé la vida y he sido más que generosa contigo. Tú me traicionaste primero, así que no me culpes por ser despiadada ahora. Hazle un favor a tu karma y firma el divorcio de una vez.
Antonio me miró fijamente hasta que terminé de hablar, luego tomó el acuerdo con lentitud.
-He traído varias copias, es inútil que rompas esta le advertí, pensando que la haría pedazos.
Para mi asombro, después de revisar el documento, lo giró hacia mí y dijo con tono seco:
-Pluma.
Me quedé paralizada, incapaz de reaccionar.
Levantó la vista y me miró:
-¿La pluma? ¿No querías que firmara?
-Antonio, ¿estás seguro? ¿De verdad te vas a divorciar de ella? -preguntó Claudia, estupefacta.
Reaccioné con alegría desbordante, apresurándome a sacar una pluma de mi bolso. -Veo que aún te queda algo de conciencia y por fin entras en razón.
Le extendí la pluma.
Antonio la tomó y firmó las tres copias del acuerdo.
-¿Así está bien? -me entregó tanto la pluma como los documentos.
Asentí satisfecha: -Perfecto. ¿Cuándo vamos al registro civil?
-Cuando me den de alta.
Fruncí el ceño, comprendiendo de repente. -No estarás planeando quedarte en el hospital para siempre, ¿verdad?
De ser así, la firma del acuerdo no serviría de nada.
-¿Qué insinúas? ¿Le deseas que nunca se recupere? -saltó Claudia furiosa.
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Capítulo 145
La miré con desdén. -¿Desayunaste pólvora o qué? No estoy hablando contigo, no te metas.
-¡Tú…!
-¡Claudia!-la interrumpió Antonio, antes de dirigirse a mí-. No será así, me darán de alta en una semana como máximo.
Asentí, ese plazo me parecía aceptable. -De acuerdo, esperaré. Pero no retiraré la demanda judicial, veremos qué proceso es más rápido.
Prefería mantener ambas opciones abiertas por si intentaba algún truco.
-Has llegado muy lejos conmigo -Antonio sonrió con resignación y me miró fijamente-. ¿ Tanta prisa tienes porque Lucas se te declaró?
Lo miré directamente, sintiendo algo de culpa pero principalmente ira.
-Antonio, ¿por qué siempre metes a otros en nuestros problemas? ¿No eres consciente de lo despreciable que has sido? ¿Por qué crees que después de tu traición debo seguir soportando este matrimonio?
-Nunca te traicioné. Siempre has sido tú a quien amo.
—Ja… —reí con amargura-. Sigue engañándote.
Estaba por irme después de decir esto cuando Antonio preguntó: -Me enteré que destruiste a los Navarro y enviaste personalmente a Mariano a prisión. ¿Era necesario ser tan cruel? Es tu padre biológico después de todo, te crió y pagó tus estudios, por eso eres quien eres hoy.1
Lo miré boquiabierta por un momento antes de burlarme: -No solo tienes personalidad histriónica, también eres una santa paloma.
-Objetivamente, aunque no fue un buen padre, no merecía tanto -dijo Antonio con expresión
serena.
Sonreí levemente y respondí con ligereza: -¿Y qué se le va a hacer? Ya está preso. Ya que eres tan compasivo, búscale un buen abogado, paga sus multas fiscales e intenta reducir su condena.
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