Capítulo 154
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-Ay, yo no puedo beber, ¡pero ustedes dos sí pueden! -dijo Mariana sonriendo.
-¿Cómo va a ser eso? La diversión está en beber las tres juntas insistí de buen humor-. Puedes tomar un poquito, no pasa nada.
-No,
a menos que hables con Lucas y te dé permiso -Mariana hizo un mohín, pasándome la pelota.
Me quedé perpleja: -¿Que yo hable con Lucas? No sé si sea apropiado, ¿por qué no lo llamas tú misma?
-No, si yo se lo pido seguro que no me deja -Mariana me empujó suavemente el brazo, suplicando-. María, yo también quiero beber un poco, ¿puedes pedirle permiso a Lucas por mí?
-Esto… -dudé incómoda.
Pero Sofía se unió a la petición: -Llámalo y dile al señor Montero que estamos cenando en La Esencia, no pasa nada. Cuando terminemos, mandaré a alguien para que lleve a Mariana a casa, garantizando su seguridad.
Las miré a ambas con preocupación.
Pero Mariana ya había sacado su teléfono, marcado el número de Lucas y puesto el altavoz, dejándolo frente a mí.
Antes de que pudiera negarme, la voz elegante y suave de Lucas salió del teléfono: Hermanita, ¿qué pasa?
Mariana me hizo señas para que hablara.
Sin poder evitarlo, me armé de valor: -Em… soy yo, estoy aquí con Mariana.
—
Lucas reconoció mi voz y su tono se suavizó con una sonrisa: -María, sé cenando contigo y la señorita Jiménez esta noche.
que
Mariana está
-Sí, estamos en La Esencia, Sofía nos invita. Ha preparado especialmente un Lafite de colección y pensábamos tomar unas copas para celebrar… pero, eh… Mariana dice que eres estricto y no le permites beber fuera, así que…
Mi voz fue perdiendo confianza mientras miraba de reojo a las otras dos, y tras dudar un momento pregunté: -¿Podríamos hacer una excepción esta noche? ¿Dejar que Mariana beba un poco con nosotras?
Mariana miraba fijamente el teléfono, temiendo un rechazo.
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Capitulo 154
Yo también contuve inconscientemente la respiración, esperando su respuesta.
Si se negaba, quedaría en una situación muy incómoda.
-Está bien, si está contigo, confío plenamente. Que disfrute un poco de vino. Avísenme cuando estén por terminar e iré a recogerla -respondió Lucas con voz suave y clara.
Mariana celebró levantando los puños con alegría.
Sofía me guiñó un ojo y levantó el pulgar con una sonrisa pícara.
Suspiré aliviada y sonreí: -No hace falta, puedo llevarla yo, no te molestes en venir.
-No es molestia, también estoy fuera por negocios.
—Oh… ya veo —miré a Mariana, quien asintió en aprobación, antes de responder-. Bien, te avisaremos cuando estemos terminando.
-De acuerdo, que tengan una agradable velada.
-Gracias.
Al colgar, miré a Mariana, quien sonrió antes de que pudiera decir algo: -¡Te lo dije! Si tú se lo pides, Lucas seguro que acepta, ¡confía mucho en ti!
Le devolví el teléfono, con las mejillas sonrojadas, y negué nerviosa: -Qué va, habría sido lo mismo si se lo hubieras pedido tú.
Sofía me observaba con una mirada inquisitiva y sugerente, evidentemente cada vez más suspicaz sobre mi relación con Lucas.
Pero por
la presencia de Mariana, no dijo nada.
Sofía llamó al gerente para que trajera el Lafite de colección de la cava.
Pronto, el gerente trajo el vino y, después de todo un ritual de decantación, pudimos apreciar su dulce y seductor aroma.
Fue una velada verdaderamente maravillosa.
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