Capitulo 176
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Capítulo 176
-Bien, iré–cedí, fingiendo que me tenía acorralada.
Después de colgar, medité detenidamente.
Aunque existía cierta tensión romántica entre Lucas y yo, nunca habíamos tenido muestras públicas de intimidad.
Conociendo a Claudia, si realmente tuviera una “prueba” contundente, ya la habría usado para humillarme, no habría esperado hasta ahora que su hermano y yo llegamos a este punto para chantajearme.
Probablemente el video no mostraba nada sustancial.
Seguramente solo estaba tanteando el terreno, esperando asustarme para ayudar a su hermano a ganar esta batalla.
Entendiendo esto, me tranquilicé, pero decidí ir de todas formas.
No por mí, sino por Lucas.
Su posición era delicada y no podía arriesgarme con ningún escándalo, por pequeño que fuera, que pudiera afectar su reputación.
Mi teléfono sonó: Claudia enviando la dirección.
Era un restaurante.
Al llegar, la vi sentada sola en una mesa pequeña, medio oculta tras unas plantas.
Supuse que había venido sin que Antonio lo supiera.
-¿Qué vas a comer? El filete Wellington de aquí es excelente, te lo recomiendo -preguntó antes de que me sentara.
Aparté la silla y sonreí levemente: -No hace falta, vamos al grano.
-Yo invito. Después de todo, fuimos familia. Deberíamos terminar en buenos términos, ¿no? -respondió, llamando al camarero-. Dos filetes Wellington, dos pastas, una ensalada y una jarra de zumo de naranja natural.
Me miró explicando: -El vino tinto quedaría mejor, pero ambas conducimos, así que mejor
- no.
Me quedé sentada, sonriendo ligeramente mientras me preguntaba qué pretendía.
Cuando Antonio y yo estábamos bien, nunca me invitó a comer, aunque no dudó en llevarse
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Capítulo 176
varios vestidos de mi taller sin pagar.
Qué generosa se había vuelto.
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Cuando el camarero se fue, pregunté: -¿Antonio te envió para
para interceder por él?
Arqueó una ceja con desdén: -Sinceramente, nunca me entusiasmo tenerte de cuñada, pero Antonio está obsesionado contigo, como si le hubieras hechizado.
Me reí con sarcasmo: -¿No fue Isabel quien lo hechizó?
-Isabel está muerta, no hay razón para mencionarla.
Cierto, hay que respetar a los muertos.
Me enderecé y pregunté directamente: -¿Y esa prueba de mi infidelidad? Muéstramela.
Le hice un gesto con la mano, esperando su respuesta.
Se mordió el labio, con mirada evasiva: -Te la mostraré, pero no ahora.
-No tienes nada, ¿verdad? -la provoqué.
-¿Cómo que no? ¡Tú y el señor Lucas, cenando y charlando muy animadamente en el jardín de la azotea frente a tu empresa!
Me alarmé internamente.
¿Realmente nos había visto?
Sorprendente que no saliera a insultarme, por fin aprendió a contenerse.
-Una amiga los vio y me envió el video, preguntándome si le estabas poniendo los cuernos a
Antonio.
Ah… así que no nos vio ella directamente.
-Veo que tus amistades son como tú, sin principios ni criterio -me burlé.
¿Cómo se atrevía a hablar de infidelidad?
Antonio me obligó a ser testigo en su boda con otra mujer durante la ceremonia que yo había planeado meticulosamente, forzándome a felicitarlos públicamente… ¿ya habían olvidado algo tan cruel y absurdo?