Capítulo 260
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Me di cuenta de que si no me importara tanto Lucas, jamás me preocuparía tanto.
En este momento, comprendí verdaderamente el dicho: “Gustar es poseer, amar es contenerse
“.
Mis sentimientos hacia Lucas, en solo unos meses, habían superado mi relación con Antonio de seis o siete años.
Me había enamorado, por eso estaba tan nerviosa e insegura.
No sabía si me había enamorado demasiado rápido o si Lucas era simplemente demasiado encantador.
-Siendo tan extraordinario, ¿por qué vas a dejarme en mal? -Me acarició la cara con ternura –. María, sé un poco más egoísta, serás más feliz.
Lo miré, sintiendo que mis defensas se desmoronaban.
-Ya es tarde, ve a prepararte para dormir. Mañana vendré a verte -me dio una última caricia en la mejilla y apretó suavemente mi hombro.
Asentí: -Sí, ve con cuidado.
Lo observé marcharse. Cuando cerró la puerta, solté un largo suspiro y me senté cerca de la
mesa.
Las piernas seguían doliéndome, pero después de todo un día, estaba algo entumecida. El dolor era menos intenso que por la mañana.
Como hacía frío, me lavé rápidamente sin bañarme. Con dificultad me arrastré a la cama, las piernas y me estiré.
A la mañana siguiente, desperté con mensajes sin leer en WhatsApp.
Lucas me había escrito a las siete preguntando qué desayunaría.
Disfrutaba su preocupación, pero sentía que mientras más lo molestara, más le debería.
Así que respondí: “Sofía vendrá hoy. Ocúpate de tus asuntos“.
subí
Envié el mensaje con nerviosismo, temiendo que pensara que lo estaba alejando nuevamente.
El teléfono sonó. Era él.
Dudé dos segundos antes de contestar: -Hola…
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Capitulo 260
-¿Estás segura
de que tu amiga vendrá a cuidarte?
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-Sí, lo acordamos anoche -mentí, sabiendo que era la única forma de que se quedara tranquilo.
-Bien, iré a la oficina. Luego pasaré por ti para tu tratamiento.
Me sobresalté, recordando la terapia.
-Creo que hoy me siento mejor… ¿Podríamos cancelar? -Recordar la acupuntura me ponía
nerviosa.
-No. Si no tratas bien la lesión, puede dejarte secuelas -me rechazó tajantemente.
-Pasaré por ti hacia las diez.
-Está bien… Ve a trabajar.
Tras colgar, abracé la almohada, lloriqueando por la acupuntura.
Le conté todo a Sofía, quien llegó de inmediato.
-Qué año más desafortunado–me consoló-. Deberías ir al templo a pedir un cambio de
suerte.
-¿Funciona? -pregunté.
-¡El corazón sincero obra milagros! -respondió.
Yo solo sonreí. Prefería creer que controlaba mi destino.
Sofía desayunó conmigo y, al saber que Lucas me llevaría al médico, no pudo evitar hacer comentarios pícaros.
A las diez y media, Lucas llegó puntualmente.
Sofía, con su típica audacia, le preguntó directamente: -Señor Montero, ¿cuándo se enamoró de María?
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