Capítulo 471
La brisa nocturna agitaba las cortinas mientras Iris permanecía inmóvil, devastada por el encuentro con Sebastián. Sus palabras resonaban en su mente como un eco interminable.
“Las personas que hacen el mal terminan pagando por sus actos… ¿Así que ni siquiera por la familia Galindo piensa mover un dedo?”
El rencor brotaba en su interior como una enredadera venenosa, envolviendo cada pensamiento. La indiferencia de Sebastián había sido más dolorosa que cualquier reproche. ¿Cómo podía ignorar décadas de amistad entre las familias Bernard y Galindo? ¿Realmente todo ese tiempo juntos no valía ni un gesto de compasión?
Un dolor agudo se extendía por su pecho mientras el resentimiento echaba raíces en su
corazón.
En la penumbra de su habitación, Sebastián encontró a Daniela despierta. La preocupación marcaba cada línea de su rostro; los recientes problemas de la familia Bernard habían dejado profundas huellas en ella.
-Sebas —susurró Daniela con voz quebrada, si te sigues involucrando con Iris, ya no sé qué voy a hacer.
La angustia la consumía. Como si los problemas con Iris no fueran suficientes, ahora estaba también lo de Marcelo. Después de tantos años de matrimonio, descubrir que tenía un hijo de antes… Y la forma en que Marcelo trataba a ese niño le destrozaba el alma.
Sebastián se sentó junto a ella y respondió con voz serena:
-Si viene, córrela. Así de simple.
Los ojos de Daniela se iluminaron con un destello de esperanza.
-¿Lo dices en serio?
No podía creer lo que escuchaba. Conocía la devoción que Sebastián había sentido por Iris. A pesar de los rumores sobre su separación, le costaba creerlo. Iris era demasiado astuta, y quién sabe qué estrategias usaría para recuperarlo. El miedo se aferraba a su corazón cuando pensaba en esa mujer aparentemente frágil. ¿Qué bien podría traerle a su hijo casarse con alguien así?
-Sí–confirmó Sebastián con un gesto decidido.
El alivio inundó el rostro de Daniela. Si Sebastián lo decía, significaba que realmente había cerrado ese capítulo con Iris.
-Vino a buscarte por lo de Carmen, ¿verdad? -tanteó después de una pausa.
-Lo sé.
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19:35
-¿Entonces tú…?
-No me voy a meter en eso.
La firmeza en su voz actuó como un bálsamo para Daniela.
-Así debe ser. La están acusando de homicidio -afirmó ella-. Si nos involucramos, quién sabe qué dirán de la familia Bernard.
La tranquilidad se asentó en su corazón al ver la determinación de Sebastián. Era evidente que había dejado atrás a Iris. Desde que había descubierto la verdad sobre el accidente, el solo mencionar su nombre le provocaba repugnancia.
El regreso a la mansión Galindo era un borrón en la memoria de Iris. Exhausta, sentada en su silla de ruedas, el reloj marcaba las tres y media de la madrugada cuando finalmente llegó.
Al pasar frente a la habitación de Valerio, notó la puerta abierta y lo escuchó hablando por teléfono. En cuanto la vio, cortó la llamada y la miró con dureza.
-Hermano -murmuró ella con voz débil.
El dolor impregnaba cada sílaba. La familia Galindo se desmoronaba y todos navegaban en aguas turbulentas, pero nadie temía tanto como ella. Cuando todo iba bien, la protegían y mimaban. Ahora, sin Carmen para respaldarla, solo quedaban ella y Valerio. El miedo a quedarse sin apoyo la carcomía por dentro.
-¿Dónde estabas? -preguntó él con el ceño fruncido.
-Fui a ver a Sebas.
Las palabras salieron con dificultad, como si cada una pesara una tonelada.
-¿Y qué te dijo?
-Él… no dijo nada.
La respuesta le quemaba la garganta. No tenía el valor de repetir sus palabras exactas.
Valerio interpretó el silencio de inmediato. La actitud de Sebastián hacia la familia Galindo era clara. El incidente con Isabel había sido la gota que derramó el vaso.
Cerró los ojos con pesadez.
-Vete a tu cuarto -ordenó.
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