Capítulo 178
Ander permaneció en silencio, el sudor frío aún resbalando por su nuca. “¿No es tacaño?“, se preguntó con amarga ironía. La reacción de Esteban ante una simple pelea entre Camila e Isabel había sido devastadora. Si eso no era ser implacable, ¿entonces qué era?
Después de que la figura de Ander desapareció en la distancia, Lorenzo regresó al lado de Esteban. La tensión en el ambiente había disminuido, pero solo ligeramente.
-Señor–Lorenzo mantuvo su tono respetuoso.
-¿Ya se fue?
-Sí.
Esteban dio una larga calada a su cigarrillo, el humo elevándose en espirales perezosas antes
de preguntar:
-¿Qué opinas?
Lorenzo consideró cuidadosamente su respuesta, consciente del peso de cada palabra.
-La verdad, el señor Vázquez es una excelente opción.
-Entonces será él -la voz de Esteban cortó el aire como una hoja afilada.
Lorenzo asintió, satisfecho. Ander era perfecto para el trabajo, principalmente porque era implacable cuando la situación lo requería. Bajo esa fachada de empresario despreocupado se escondía un hombre que había demostrado su verdadera naturaleza durante las disputas familiares de los Vázquez.
Esteban consultó su reloj de platino. La hora del almuerzo se acercaba. Sin más preámbulos, sacó su teléfono y marcó el número de Isabel.
-Manita.
-Voy por ti.
La sorpresa era evidente en la voz de Isabel.
-¿Ah? ¿No habíamos quedado que comería con Pauli?
-Cancélalo -la suavidad en la voz de Esteban contrastaba con la autoridad innegable que emanaba de cada sílaba.
Isabel hizo un mohín que Esteban pudo imaginar perfectamente al otro lado de la línea.
-Bueno, está bien cedió con un suspiro teatral.
-Te llevaré a comer algo divertido.
La curiosidad inmediatamente reemplazó cualquier rastro de decepción en la voz de Isabel.
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-¿Algo divertido? ¡Entonces ven por mí rápido!
Una risa baja escapó de los labios de Esteban antes de colgar.
Isabel inmediatamente llamó a Paulina, la emoción burbujeando en su voz.
-Pauli, mi hermano dice que me llevará a comer algo divertido. ¿Me perdonas si cancelamos?
-Claro, los amigos siempre pasamos a segundo plano cuando aparece el todopoderoso Esteban -bromeó Paulina-. Aunque me intriga, ¿qué cosa puede ser comestible y divertida a
la vez?
-Ni idea -admitió Isabel-. Pero viniendo de Esteban, seguro será interesante.
Media hora después, Isabel bajaba las escaleras del edificio de oficinas, su corazón ligero ante la perspectiva de pasar tiempo con su hermano. El auto de Esteban brillaba bajo el sol de mediodía, y ella se dirigió hacia el con pasos rápidos y alegres.
De pronto, una mano se cerró como una garra alrededor de su muñeca. El agarre era familiar y desagradable: Sebastián.
Isabel sintió que la bilis le subía a la garganta. Sus ojos se entrecerraron con disgusto.
-¿Qué quieres ahora? -el desprecio goteaba de cada palabra.
El rostro de Sebastián estaba contorsionado por la furia.
-Mathieu y Andrea… ¿qué diablos necesitas para dejarlos regresar?
“Este idiota sigue igual de loco“, pensó Isabel mientras intentaba liberarse.
Sebastián apretó su agarre hasta que los huesos de la muñeca de Isabel crujieron.
-¡Contéstame! ¿Qué es lo que realmente quieres?
Las palabras de Carmen sobre cómo Isabel la había engañado para firmar el acuerdo de separación ardían en su mente como ácido.
Isabel, harta de ser el blanco de los berrinches de Sebastián por Mathieu y Andrea, explotó. Sus ojos brillaban con una mezcla de ira y desprecio.
-Suéltame, ¿te volviste completamente loco o qué?
-ilsabel! -rugió Sebastián.
-¿Por qué tanto escándalo? ¿Qué te pasa? -su voz destilaba sarcasmo.
Los dientes de Sebastián rechinaron audiblemente. Esta mujer lo sacaba de quicio.
-¿No te explicó bien el señor Ruiz o tu cerebro ya no procesa información? ¿Todavía tienes el descaro de venir a molestarme?
-¡Es tu madre de quien estamos hablando! -la vena en la sien de Sebastián palpitaba
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violentamente.
Isabel soltó una risa seca, sus ojos brillando con malicia.
-¿Y si te digo que soy tu tatarabuela, qué? -le lanzó una mirada que lo hizo sentir insignificante.
El rostro de Sebastián se congeló en una máscara de incredulidad.
-Ya firmamos el acuerdo de desvinculación familiar. ¿O necesitas que te explique con dibujitos lo que eso significa?
-Pero ella sigue siendo tu madre, ¿cómo puedes…?
-Mejor cierra la boca -lo cortó Isabel-. Si no puedes pensar con claridad, deberías buscar ayuda profesional. ¿Quieres que te ayude a aclarar tus ideas?
Sin previo aviso, Isabel le propinó un golpe seco en la frente con la palma de su mano. El impacto reverberó en el cráneo de Sebastián, haciendo que sus oídos zumbaran y su furia se multiplicara por tres.
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