Capítulo 529
En el instante en que sus miradas se encontraron, un destello fugaz atravesó el aire. Isabel sintió un estremecimiento sutil recorrerle la espalda y apartó los ojos al instante, como si hubiera tocado una chispa viva. ¡Por todos los cielos! ¿Desde cuándo los ojos de Carlos cortaban así, con esa intensidad casi tangible? Cuando Esteban estaba cerca, él solía ser un remanso de calma, ¿o no?
-¿Acaso ha estado mirando a Paulina así estos días? -se preguntó en un rincón de su mente, mientras el eco de esa mirada seguía resonando en ella. No era de sorprender que su amiga estuviera al borde del colapso. Con esa presencia imponente que Carlos desprendía ahora, Isabel no solo entendió el temor de Paulina, sino que un cosquilleo inquieto comenzó a trepar por su propio pecho.
Eric, al notar el rictus sombrío que ensombrecía el rostro de Carlos, dudó un instante antes de acercarse a Isabel con pasos cuidadosos, como quien teme despertar a una fiera dormida.
-Mire, pequeña princesa -dijo en voz baja, inclinándose apenas-, no es que el jefe se oponga a que se lleve a la señorita, pero justo esta persona… en este momento, de verdad no puede
irse.
Isabel alzó una ceja, incrédula. ¿Estaba hablando en serio?
-¿A qué te refieres con eso? -preguntó, y al levantar la vista, sus ojos tropezaron de nuevo con los de Carlos. Pero él no la miraba a ella; su atención estaba fija en Eric, como un halcón
acechando desde las alturas.
Eric captó la señal de su jefe y, por un instante, una chispa de orgullo le cruzó el rostro, como si por fin hubiera acertado en algo. Se volvió hacia Isabel y explicó:
-La cosa está complicada. Usted sabe bien que ayer la señorita Torres casi manda al jefe al otro mundo, ¿no es así?
-No fue a propósito -respondió Isabel sin titubear, con una certeza que brotaba de lo más hondo de su ser: Confiaba en Paulina como en el aire que respiraba.
Antes de que Eric pudiera abrir la boca, ella agregó con un filo de acero en la voz:
-Solo se equivocó con los medicamentos. No intentó hacerle daño a Carlos.
Eric entrecerró los ojos, escéptico.
-¿Eso fue lo que le contó la señorita Torres?
-Sí–replicó ella, firme-. ¿Y qué con eso?
Eric dejó escapar una risa seca, casi un bufido.
-Pues que eso lo cambia todo.
El rostro de Isabel se crispó en una mueca de fastidio. Le lanzó una mirada cortante a Eric, cargada de irritación apenas contenida. Pero él no se amilanó.
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Capitulo 529
-Los infiltrados siempre dicen lo mismo cuando los descubren -continuó Eric, implacable-. Que no fue su intención, que fue un error, un descuido. Nunca señalan a quien los puso ahí. ¿No le parece, pequeña princesa?
-¿Infiltrados? -Isabel rodó los ojos con un gesto teatral-. Por favor, cierra la boca.
¿Infiltrada? ¡Qué disparate tan absurdo! Paulina apenas podía sostenerse sin temblar como hoja al viento. ¿Cómo iba a ser una espía? Desde que pisaron París, la pobre era un mar de lágrimas, desmoronándose a cada rato. ¿Quién, en su sano juicio, enviaría a alguien así a una misión secreta? ¿Para qué? ¿Para verla derrumbarse y tener que recoger sus pedazos?
Eric parpadeó, desconcertado por el arranque de Isabel.
-Pero… si solo estoy diciendo lo que pasó -se defendió, alzando las manos.
-Paulina no tiene madera de infiltrada -replicó ella, ya sin paciencia-. Punto.
-Eso no quita que ayer casi mata a Carlos insistió Eric-. Es un hecho, no una teoría.
En pocas palabras, Paulina estaba en un lío monumental con Carlos. Isabel apretó los labios, molesta, mientras una sombra de preocupación se dibujaba en su mente.
-De todos modos, hoy me la llevo -sentenció, inflexible.
Ya sabía, por lo que Paulina le había confiado, que sacarla de ahí sería como arrancar una raíz profunda. Pero nunca imaginó que Carlos se plantaría con tanta firmeza. Él no había pronunciado ni una palabra, pero su silencio, combinado con la actitud de Eric, gritaba que no estaba dispuesto a ceder un ápice.
Así que Isabel endureció su postura. La imagen de Paulina, con los ojos enrojecidos y la voz rota, le apretaba el corazón. ¿Cómo iba a dejarla ahí, atrapada en un lugar donde la miraban como a una amenaza? Peor aún: conociendo a Carlos, no sería raro que tomara decisiones extremas. Si ella se marchaba sin Paulina, ¡quién sabe qué podrían hacerle en un descuido!
-No, no voy a permitirlo -se dijo a sí misma, y alzó la voz:
-Voy a llevármela.
Carlos seguía inmóvil, envuelto en un silencio que pesaba. Eric, en un último intento por razonar, dio un paso hacia ella.
-Pequeña princesa, entendemos que en Puerto San Rafael ustedes eran inseparables, pero ¿y si ella se acercó a usted con segundas intenciones?
Isabel lo cortó en seco:
-Eso no es verdad.
Eric suspiró, cansado.
-Ahora mismo, no podemos estar seguros de nada.
-Tú… -Isabel frunció el ceño, mordiéndose la lengua para no soltar algo más cortante.
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Capitulo 529
Un nudo de nervios se le formó en el estómago, pero no iba a retroceder. No ahora.