La Heredera 543

La Heredera 543

Capítulo 543 

De no ser así, la familia ya habría acudido en busca de Isabel, sin permitir que los Galindo la acosaran con sus mezquindades. Porque, frente a los verdaderos peligros que acechaban en las sombras, las intrigas de esa gente eran apenas un murmullo insignificante. Sin embargo, esta vez el panorama había cambiado

Aunque el conflicto aún pendía como una nube sin disiparse, todo se complicó cuando Isabel deslizó la tarjeta negra que Esteban le había confiado. Desde ese instante, la calma se esfumó para ellas, reemplazada por un nudo de inquietud. Todavía había cabos sueltos por atar, pero el temor de que algo terrible le ocurriera a Isabel en Puerto San Rafael las consumía

-Equivocada o no, primero llénate el estómago. Anda, come de una vez -ordenó la señora Blanchet, depositando con suavidad un trozo de carne en el plato de Isabel

El estofado de vino tinto desprendía un aroma cálido y profundo, uno de esos sabores que Isabel solía saborear con deleite en otros tiempos. Pero desde su llegada a Puerto San Rafael, donde los ecos de esa receta se diluían en versiones insípidas, había perdido el gusto por él. Ahora, bajo la mirada firme y maternal de la señora Blanchet, una paz serena la envolvía mientras el tenedor rozaba sus labios

En medio de la comida, un torbellino irrumpió en el comedor. Vanesa entró con el rostro encendido, dejando que las palabras brotaran como ráfagas

-¡Esos malditos Lambert! Algún día les haré tragar cada una de sus porquerías. Céline y Mathieu no valen ni el polvo que pisan, son una desgracia

-Y ese imbécil de Yeray Méndeztambién va a pagar caro. ¡Lo voy a destrozar con mis propias manos

Isabel y Esteban se quedaron mudos, atrapados en el vendaval de furia. La señora Blanchet, en cambio, apretó los labios, conteniendo un suspiro ante las explosivas maldiciones de su hija. Qué bochorno, pensó, observando a esa criatura indomable que tanto adoraba

-Para ya, Vanesa. ¿Tanto te cuesta hablar sin soltar tantas groserías? ¿No puedes comportarte como dama por una vez? -reprendió, con un dejo de exasperación

Con esta hija, la paciencia le era esquiva. Aunque había criado a Isabel y a Vanesa con el mismo esmero, no alcanzaba a comprender por qué los caminos de sus temperamentos se bifurcaban tanto. Vanesa despreciaba las finas faldas que le compraba, los tacones relucientes, las joyas que brillaban como promesas. Todo lo que la señora Blanchet soñaba para sus niñas -princesas vestidas de rosa, delicadas y encantadoras- se desvanecía con ella. Isabel, en cambio, era su refugio, su lienzo perfecto

Vanesa, aún chispeante de enojo, se dejó caer en una silla y tomó un cubierto con gesto brusco

-¿Para qué quiero ser dama? Con Isa como la dulce de la casa, ya basta y sobrarespondió

cortante

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Capitulo 543 

Isabel bajó la vista, incómoda. La señora Blanchet, masajeándose la sien, murmuró

-A ver quién te aguanta así

Esas palabras, casi un suspiro resignado, rozaron una herida oculta en Vanesa. El tenedor tembló en su mano, y un eco de dolor le atravesó el pecho

-Si nadie me quiere, pues que así sea. Total, si sin casarme ya se atreven a fastidiar a Isa, ¿quién la va a cuidar si me voy? -replicó, con la voz quebrándose apenas

Esteban frunció el ceño, su expresión ensombrecida. La señora Blanchet alzó una ceja

-¿Y quién dijo que eres su guardiana? -cuestionó, incrédula

Vanesa enderezó la espalda, desafiante

-Lo digo en serio. Hace tres años tuve que encargarmé de unos idiotas, y justo entonces Isa se 

esfumó

En aquellos días en París, Vanesa había sido un escudo invisible. Quienes osaban molestar a Isabel solían toparse con su furia antes de que Esteban moviera un dedo. Algunos intentaron envenenar la relación entre las hermanas, pero la lealtad feroz de Vanesa desbarataba cualquier complot

-Te he dicho mil veces que-empezó la señora Blanchet, pero Isabel la cortó con dulzura

-Mamá, esto está delicioso -dijo, alzando la voz para desviar la tormenta

Había captado el brillo fugaz de tristeza en los ojos de Vanesa. Su reciente viaje a Las Dunas claramente la había sacudido. En su mente, Vanesa revivía el peso de la muerte de Dan Ward, un golpe que aún la perseguía como una sombra tenaz. Durante años, había sepultado ese dolor en lo más hondo, pero bastaba un roce para que resurgiera, inundándola como un río desbordado. Parecía de hierro por fuera, pero Isabel sabía que su hermana cargaba un corazón frágil

¿De verdad nadie la quiere? No es esosolo anhela a quien ya no está, y el resto le sobra, pensó Isabel, observándola en silencio

Charlotte había intentado sacarla del pozo con citas a ciegas, pero los pretendientes huían tras el primer encuentro. La señora Blanchet, captando la interrupción de Isabel, lanzó una mirada 

a Vanesa

-Luego seguimos con esto -advirtió, suavizando el tono por la presencia de Isabel

-No me hables luego tampoco -replicó Vanesa-. Todavía tengo una cuenta pendiente con Yeray. Hace tres años se atrevió a apartar a mi Isa de , y eso no se lo perdono

Con cada mi Isa, Esteban apretaba los labios, disgustado, pero Vanesa seguía imperturbable. La mención de Yeray tensó el rostro de la señora Blanchet. Recordó las palabras que él le había confiado días atrás, un relato que desmentía los rumores. Todos lo tildaban de traidor, de ingrato, sin saber que sus actos habían salvado a la familia Allende de un abismo mayor

10.12 

Capitulo 543 

Tras la cena, Vanesa tomó a Isabel del brazo y la llevó a su habitación, mientras Esteban y la señora Blanchet se encaminaban al estudio, envueltos en un silencio cargado de ecos.

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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