La Heredera 550

La Heredera 550

Capítulo 550 

Al llegar a la puerta, Esteban se detuvo con un movimiento pausado y giró el rostro. Yeray, con el ceño fruncido, soltó

-¿Qué pasa

Pero Esteban no le prestó atención. Sus ojos, oscuros como un abismo, se posaron en Isabel, que permanecía unos pasos detrás de Yeray

-Ve a la enfermería -le dijo con voz firme-. En un momento te alcanzo para estar contigo y con el bebé

Isabel asintió con una suavidad que contrastaba con el caos reciente

-Está bien

Yeray se quedó petrificado, como si una corriente eléctrica le hubiera atravesado el cuerpo

-¡¿Qué?! ¡¿Bebé?! ¿De qué hablas

No alcanzó a formular más preguntas. Esteban ya había dado media vuelta y avanzaba con pasos decididos, dejando tras de sí un eco de autoridad. En ese instante, Yeray sintió un nudo en el pecho, una mezcla de incredulidad y furia que lo atravesó como un relámpago. ¿Bebé? Sus ojos se clavaron en el vientre plano de Isabel

-¿Estás embarazada? ¿Y de quién es

-¿Vienes o no

Esteban se detuvo otra vez, girando apenas la cabeza. Su mirada, profunda y cargada de advertencia, pareció perforar el aire. Era evidente que había mencionado lo del bebéa propósito, un dardo lanzado con precisión para que Yeray lo captara. La conversación que habla sostenido con su madre en el estudio también le había confirmado que Yeray aún no había soltado su obsesión por Isabel

Yeray, con la respiración entrecortada, sostuvo la mirada de Esteban. Sus ojos destilaban rabia contenida, afilados como espadas. Lanzó una última mirada fulminante a Isabel antes de girarse y seguir a Esteban con pasos pesados, cargados de resentimiento

En la habitación, el aire aún vibraba con los ecos del enfrentamiento. Isabel dejó el marco de fotos sobre la mesa con un suspiro y se acercó a Vanesa, que seguía sentada en la cama, recuperandose del torbellino

-¿Estás bien? -preguntó, extendiendo una mano con cuidado

Vanesa negó con la cabeza, restándole importancia

-Estoy bien, tranquila. Pero , ¿qué estabas haciendo? ¿Acaso quieres que te maten provocando a Yeray

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Recordó el momento en que Yeray se había girado hacia Isabel. Su mirada había sido un destello de peligro, un filo que prometía represalias. Vanesa incluso imaginó que, si Isabel hubiera intentado golpearlo otra vez, él no se habría contenido

Isabel se encogió de hombros, con una chispa de desafío todavía brillando en sus ojos

-Vi que te estaba golpeando

-Golpes, golpes-Vanesa soltó una risa seca-. Yo no estoy embarazada, Isa. Aguanto lo que venga, mi piel es dura. Pero si te lastimas, ¿qué pasa con el bebé

Al escuchar lo que Esteban había dicho sobre el embarazo, Vanesa se había quedado boquiabierta. Cuando lo procesó, el susto la golpeó de lleno. Por suerte, había reaccionado a tiempo para sujetar a Yeray. Si Isabel hubiera salido herida, las consecuencias habrían sido impensables

La señora Blanchet, que hasta entonces había observado desde un rincón, se acercó con el rostro tenso por la preocupación

-Es verdad, Isa. Lo que hiciste fue demasiado arriesgado. Ya vas a ser madre, ¿y aun así te metes a pelear

Su tono llevaba un dejo de reproche, aunque suavizado por el cariño. Estaba visiblemente alterada, las manos temblándole ligeramente. Al mencionar la palabra pelear, Isabel bajó la mirada y una leve sonrisa se le escapó. No podía negarlo: cuando Yeray y Vanesa se enzarzaron, ella también se había dejado llevar por el impulso. , había sido una pelea en toda regla

Antes de que pudiera responder, la señora Blanchet continuó, con voz más firme

-Entiendo que quieras proteger a tu hermana, pero en tu estado no puedes exponerte así a la furia de Yeray

-Y mira añadió, señalando a Vanesa con un gesto-, cuando estos dos se agarran, nunca se sabe quién termina peor. 

Vanesa, que ya se había puesto de pie, examinó a Isabel de arriba abajo con ojo crítico. Estos días había enfrentado a Yeray una y otra vez, y siempre regresaba entera. La señora Blanchet conocía bien a su hija: aunque su relación con Yeray había sido un campo de batalla durante años, había un límite que él no cruzaría. No la lastimaría de verdad

Hablando de YerayLa señora Blanchet frunció el ceño, perdida en sus pensamientos. En el fondo, sabía que la familia Allende le había hecho demasiadas injusticias a ese hombre. Especialmente Esteban, quien había volcado toda su rabia por la desaparición de Isabel en él. Yeray había pasado años huyendo, sin espacio para explicarse, perseguido por Esteban como si fuera una presa en una cacería implacable

Vanesa interrumpió sus cavilaciones, acercándose más a Isabel

-Déjame ver bien, ¿te lastimaste algo? 

Todo había sido un torbellino, y no había tenido tiempo de revisar a fondo, Isabel negó con un 

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Capitulo 550 

movimiento leve

-No, solo le tiré el jarrón

-Ay, si te lastimaste! exclamó Vanesa al notar un corte en la palma de Isabel, donde un fragmento de cerámica había dejado su marca

La señora Blanchet también vio la sangre y contuvo el aliento, llevándose una mano al pecho

-A ver, dime, ¿no tenías un jarrón en la mano? ¿Cómo te cortaste entonces

Isabel bajó la vista hacia su palma, frunciendo el ceño

-No

El jarrón que había tomado parecia intacto cuando lo levantó. ¿Cómo había terminado con ese corte? Ni siquiera lo había sentido hasta ahora

-Ve a la enfermería, rápidourgió Vanesa, con un matiz de alarma en la voz-. Estás embarazada, no es momento de andar usando medicinas sin cuidado

La señora Blanchet asintió, y entre las dos guiaron a Isabel fuera de la habitación, rumbo a la enfermería, con pasos apresurados que resonaban en el pasillo.

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