Capítulo 548
La voz de Yeray cortó el aire como un látigo seco, exigiendo:
-Sal de ahí ahora.
Isabel, con el teléfono aún pegado al oído, giró hacia Vanesa con una mezcla de urgencia y calma:
-¿Verdad que no fuiste tú quien se llevó esas cosas? Entonces, ¿no deberías aclarárselo de
una vez?
Vanesa arqueó una ceja, incrédula ante la sugerencia.
-¿Tú crees que en el estado en que está ese hombre voy a poder explicarle algo?
Era obvio que no. El eco de las palabras de Oliver todavía resonaba en su cabeza, un aviso que helaba la sangre:
“No escuchaste lo que te dije por teléfono? Viene armado a buscarte.”
-¡Dios santo! -Isabel dejó escapar un jadeo, sus ojos abiertos de par en par.
Que Yeray llegara armado no era un detalle menor; revelaba un torbellino de furia que no admitía razones. Tal como Vanesa lo había intuido, con ese ánimo no había forma de dialogar. -¿Y si tú también agarras algo para defenderte? -propuso Isabel, con un dejo de desesperación.
Yeray parecía dispuesto a arrasar con todo, y si Oliver estaba en lo cierto sobre el arma, ¿no debería Vanesa prepararse?
-¡Ni se te ocurra! -Vanesa alzó la voz, alarmada.
Enfrentarse a Yeray en su propia casa era impensable; las paredes mismas parecían temblar ante la idea de un caos semejante. Además, su mirada se deslizó instintivamente hacia el vientre de Isabel, y un nudo de cautela se apretó en su pecho. No, actuar sin pensar no era una opción.
-Llama a mi hermano, ya ordenó con firmeza.
Pelear no resolvería nada, menos aún allí.
-Ya estoy en eso -respondió Isabel, sus dedos moviéndose rápidos sobre el celular.
La línea sonó brevemente antes de que la voz grave de Esteban irrumpiera al otro lado:
-Ve al consultorio directo, ya voy para allá.
Habían hablado durante el almuerzo sobre el chequeo de Isabel, pero la urgencia del momento cambió el tono.
1/3
15201
Capitulo 548
-Hermano, espera. Yeray está aquí, en la puerta de Vanesa, y parece que quiere hacerle daño -resumió Isabel con precisión, su voz teñida de apremio.
Afuera, los golpes de Yeray contra la madera retumbaban como truenos, cada impacto cargado de una rabia que no se contenía.
-Voy para allá. No le abras -respondió Esteban, tajante.
-Entendido.
La llamada se cortó, y en ese instante, un alarido furioso atravesó desde el pasillo:
-¡Vanesa, sal de una maldita vez!
Isabel se quedó muda, los labios entreabiertos. Vanesa frunció el ceño, su pulso acelerándose. Aunque alguna vez había estado dispuesta a plantarle cara a Yeray por defender a Isabel, verlo así, como un toro desbocado, le arrancó un estremecimiento. ¿Quién no sentiría un escalofrío ante alguien que parecía apostar su vida entera en cada paso?
Petrificada, Vanesa alzó la voz, temblorosa pero desafiante:
-¿Qué, quieres matarme? ¡Te juro que no tomé nada! ¡Déjame en paz de una vez!
Un estruendo seco -¡Bang!– hizo vibrar las paredes cuando la puerta cedió bajo una patada
brutal, el sonido rebotando como un eco de tormenta.
Silencio. Isabel se congeló. Vanesa también.
Yeray irrumpió en la habitación, su figura imponente cargada de una furia que ardía en cada músculo. Una sola patada había bastado para derribar la barrera, un testimonio vivo de su cólera. Vanesa, que antes lo había enfrentado sin titubear, sintió que el aire se le escapaba al verlo así, como un depredador listo para atacar.
Tragó saliva, instintivamente poniéndose delante de Isabel para escudarla.
-¿Qué… qué vas a hacer? ¡Te lo advierto…!
Las palabras se le enredaron, pero su cuerpo no retrocedió. Los ojos de Yeray, afilados y oscuros, se clavaron en ella con una intensidad que cortaba. Por primera vez, Vanesa, la valiente, se quedó sin aliento bajo esa mirada que prometía peligro.
Sin prisa, Yeray avanzó hacia el sofá y se dejó caer en él con una calma inquietante. Cruzó una pierna sobre la otra, su postura relajada contrastando con la tormenta que aún latía en su expresión. Con un movimiento deliberado, sacó algo de su cintura y lo depositó sobre la mesa con un golpe seco -¡Bang!–
El objeto relució bajo la luz, y un estremecimiento recorrió a Isabel y a Vanesa al unísono.
-¿Cómo piensas devolverme lo que me robaste? -Su voz era baja, cargada de una amenaza que se deslizaba como veneno.
Vanesa tragó saliva, su garganta seca.
213
Capitulo 548
-No importa si me crees o no, te juro que yo no tomé nada.
Era la verdad, pura y cruda.
-¿Ah, sí? -Yeray ladeó la cabeza, su tono destilando sarcasmo-. Entonces dime, ¿cómo es que todo terminó en manos de Dan justo después de que regresaste de estar con él?
La acusación la acorraló, un callejón sin salida tejido por las circunstancias. Antes de que pudiera articular una defensa, Yeray soltó una risotada seca y continuó:
-¿De verdad, Vanesa? Dan está a punto de casarse con otra, ¿y tú sigues poniéndote en bandeja para defenderlo? Nunca pensé que fueras tan ciega.
-¡¡¡Vanesa!!! -Isabel gritó, su voz quebrándose de incredulidad.
“Dios mío, este hombre tiene una lengua que corta como vidrio“, pensó Vanesa, el asombro mezclándose con una chispa de furia.
Esto se estaba yendo al diablo, y rápido.
1520