Capítulo 551
En la sala de atención médica, el aire vibraba con una mezcla de tensión y risas contenidas. Cuando Estela supo que Mathieu debía partir hacia Horizonte de Arena Roja, su carcajada estalló como un torrente, resonando por más de diez minutos en las paredes blancas, mientras Mathieu, inmóvil, soportaba el eco con el rostro crispado.
-¿Hasta cuándo vas a seguir riéndote? -preguntó Mathieu, su ceño frunciéndose como un cielo cargado de nubes.
Estela, con el rostro enrojecido por la risa, apenas podía contenerse. Tomó un pañuelo de papel y, entre jadeos, respondió:
-Ay, Mathieu, al fin lograste sacarle canas verdes al señor. Siempre supe que esa lengua tuya iba a meterte en problemas.
Todos cercanos a Esteban conocían el filo de las palabras de Mathieu, un arma que muchos se preguntaban cuánto tiempo podría blandir antes de cortarse a sí mismo. Él, exasperado, se llevó una mano a la frente.
-No es por lo que dije -replicó, con un dejo de frustración que pesaba en su voz.
Y es que la rabia era solo la superficie de un remolino interno. ¿Cómo no había considerado que Isabel pudiera estar embarazada? La idea ni siquiera había rozado su mente. Esteban, sin ser un experto, lo había intuido con una claridad que lo avergonzaba. Durante el viaje a Horizonte de Arena Roja, Mathieu no solo cargaba con el enojo, sino con el deseo de recriminarse por su torpeza.
“Esteban e Isabel están juntos, un embarazo no es ninguna sorpresa“, pensó, reprochándose en silencio. Había dado por sentado que Esteban, siempre cauto, no permitiría algo así antes de una boda. Qué iluso. Isabel había estado ausente por años, y ahora Esteban, con esa mezcla de devoción y desesperación, haría lo que fuera para anclarla a su lado, incluso si eso significaba un hijo.
Estela, aún con lágrimas de risa en los ojos, se dobló ligeramente por el dolor en el estómago.
-¿Entonces por qué es? -insistió, curiosa.
Mathieu se quedó mudo por un instante. “¡¡¡!!!” La pregunta lo golpeó, y de pronto, una chispa brilló en su mente.
-Ay, mejor déjalo -dijo, agitando la mano como si espantara una idea molesta.
Si lograba que Estela lo acompañara, tal vez cesarían las burlas. Isabel llegaría pronto para un chequeo, y conociendo a Estela, era probable que sacara conclusiones erradas. Pocos en la familia Allende sabían aún de la relación entre Isabel y Esteban, así que Estela no sospecharía un embarazo. Podría equivocarse, y él tendría su pequeña revancha. Sus ojos se iluminaron con un destello travieso.
-La pequeña princesa vendrá pronto para un chequeo. No se ha sentido bien estos días
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-anunció, con un tono que destilaba intención.
-¿Qué le pasa? -preguntó Estela, su risa apagándose al instante, reemplazada por una seriedad profesional.
-Es solo que no tiene buen apetito -respondió Mathieu-. Quizás porque Esteban la llenó de comida en Puerto San Rafael.
Pronunció “llenó” con un énfasis sutil, dejando caer la palabra como una pista velada. Quería despistarla, y lo sabía hacer bien. Pero Estela frunció el ceño.
“Eso no suena lógico“, pensó. “El señor siempre ha sido cuidadoso con lo que come Isabel. Su estómago no aguanta excesos“.
Todos en las familias Allende y Blanchet sabían del apetito voraz de Isabel, un gusto que chocaba con su delicada salud estomacal. Había sido una constante preocupación para Esteban. Que Mathieu sugiriera ahora que él la había sobrealimentado encendió una chispa de duda en Estela.
-¿Me estás queriendo enredar? ¿Qué traes entre manos? -lo encaró, entrecerrando los ojos.
El párpado de Mathieu tembló. ¿Tan perspicaz era? Isabel había estado fuera por años, pero Estela aún recordaba hasta el más mínimo detalle de sus hábitos. Él agitó la mano con una despreocupación fingida.
-¿Por qué te mentiría? Esteban no ha visto a Isa en tanto tiempo, seguro la anda consintiendo como loco.
-Y claro, en Puerto San Rafael, ella pidió de todo, y él no le negó nada añadió, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Estela lo miró en silencio. “¿Será cierto?“, se preguntó, dubitativa.
-En fin, vendrá por un chequeo, así que échale un buen vistazo a su estómago -remató Mathieu, cargando de nuevo la palabra “estómago” con un peso calculado.
“¿Irme solo a Horizonte de Arena Roja? Qué fastidio“, pensó Estela, asintiendo lentamente.
-Está bien respondió, aunque algo en su interior seguía inquieto.
Pero entonces, una idea la detuvo.
-Espera un segundo. Si es así, ¿por qué el señor no te deja revisarla a ti?
Mathieu había estado con ellos en Puerto San Rafael, y ahora, en la enfermería, contaban con todo lo necesario. ¿No debería ser él quien atendiera a Isabel? Algo no encajaba.
-Es que estoy ocupado -respondió él, cortante.
-¿Ocupado con qué? -insistió Estela, cruzándose de brazos.
Mathieu apretó los dientes, dejando escapar un suspiro entrecortado.
-Ocupado con irme a Horizonte de Arena Roja. Tengo que empacar ya, Isa queda en tus
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manos.
Con eso, se levantó de un salto, la furia contenida en cada paso mientras abandonaba la sala, dejando tras de sí un eco de intriga y risas apagadas.