Capítulo 554
Esteban se quedó petrificado, con la mirada fija en el vacío, como si el mundo entero se hubiera detenido por un instante.
Yeray, en cambio, sintió que un relámpago le atravesaba el cuerpo, y su exclamación resonó en el estudio: “¡¡¡!!!”
Al girar la cabeza, sus ojos se toparon con Vanesa, que había surgido en el umbral sin previo aviso. La sorpresa le torció la boca en una mueca de incredulidad.
-¿Qué? ¿Qué rayos estás diciendo? -Su voz temblaba entre la furia y el desconcierto. ¿A qué te refieres con eso de “dispuesta“? ¿Dispuesta a qué, exactamente?
Vanesa avanzó con paso firme, los brazos cruzados sobre el pecho como un escudo.
-Casarme contigo, ¿qué más va a ser? -respondió con una calma cortante. Así te cierro la boca y te quito esas ideas absurdas de la cabeza. Total, Isabel no va a fijarse en un tipo que ya pasó por el altar, y yo me encargaré de que no tengas ni una miserable oportunidad con ella.
Yeray se quedó mudo, su mente un torbellino en blanco.
Boquiabierto, clavó la mirada en ella, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. ¿Había dicho que quería arruinarle cualquier posibilidad con Isabel?
-¿Entonces estás tirando tu felicidad a la basura solo para joderme a mí? -preguntó, con la voz cargada de asombro y reproche.
Vanesa mantuvo los brazos cruzados, imperturbable.
-Claro, ¿y qué? -replicó, como si fuera lo más lógico del mundo.
Yeray respiraba con dificultad, el aire entrando y saliendo en ráfagas cortas. Esto era una locura absoluta. ¿De dónde había salido esta mujer tan desquiciada?
-¿Y qué pasa con Dan? -contraatacó, furioso-. Él tampoco va a querer a una divorciada, ¿o qué?
Mencionó a Dan, el fantasma que había habitado el corazón de Vanesa durante años, buscando herirla donde más dolía.
En ese instante, Yeray estaba perdido, atrapado en un laberinto sin sentido. Había venido a reclamarle a Vanesa por haberle entregado sus documentos a Dan, pero ahora, el cazador parecía haberse convertido en la presa.
Ella, sin inmutarse, respondió con una frialdad que helaba el alma:
-Él ya se va a casar con otra, así que qué más da. Seremos dos divorciados, y punto.
Yeray explotó, la ira desbordándose como lava.
-¿Quién carajo quiere ser “dos divorciados” contigo? ¡Deja de decir estupideces!
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Capitulo 554
“¿Qué demonios está pasando aquí?”
-Te lo digo claro: no hay manera de que me gustes -sentenció, cada palabra encendida por el fuego de su frustración.
Vanesa alzó una ceja, desafiante.
-Mañana sacamos el acta de matrimonio, pasado mañana el divorcio -dijo con una calma exasperante. ¿Quién necesita que te guste? O podemos quedarnos casados, total, el amor no importa en esto.
Yeray se quedó sin palabras, ahogado en su propia incredulidad.
¿Entonces el plan era convertirlo en un divorciado solo para alejarlo de Isabel? Mientras las palabras rebotaban entre ellos, Esteban observaba a Vanesa con una intensidad que quemaba, como si intentara descifrarla.
La situación estaba completamente fuera de control.
-No tienes vergüenza -le espetó Vanesa, su voz cargada de reproche-. Isabel está embarazada, lleva en su vientre al hijo de mi hermano. ¿Qué diablos haces tú aquí metiéndote? -Con alguien como tú, Isabel solo se casaría en sus pesadillas. No te quiere, ¿y tú sigues dando lata? ¡Qué descaro tienes!
Antes contenida, ahora Vanesa descargaba su furia, cada palabra un latigazo dirigido a Yeray. Siempre había sabido que los Allende tenían una lengua afilada; Isabel, con su aire dulce, era prueba de ello. Y Vanesa, forjada en ese mismo crisol, no se quedaba atrás. Había venido estos días solo a pelear, pero ahora sacaba a relucir todo su talento verbal. Para Yeray, era como enfrentarse a una ráfaga de pólvora.
-¿Ya terminaste? -interrumpió él, cortante-. Vanesa, te lo advierto: deja de enredar las cosas y devuélveme lo mío.
-¿Crees que con este circo voy a olvidar por qué vine hoy?
Si eso pensaban, estaban muy equivocados.
Al oírlo, la furia de Vanesa se encendió aún más, aunque no encontraba las palabras exactas para defenderse. No había sido ella quien tomó sus cosas, pero ¿cómo explicarlo?
-¿Qué cosas ni qué ocho cuartos? -estalló—. ¡Yo no tomé nada!
Esto era ridículo. Con este hombre, aclarar algo era misión imposible.
Yeray, exasperado por su actitud evasiva, volvió al ataque:
-Acabas de regresar de ver a Dan y me saltaste encima. Pensé que era por Isabel, pero hay más aquí. Ahora mis documentos están con él, ¿y tú me dices que no los tomaste?
Vanesa se quedó en silencio, atrapada.
“¿Cómo este idiota sigue siendo tan astuto en medio de todo esto?”
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Capitulo 554
Con el caos girando a su alrededor, deseó por un momento perder el conocimiento y escapar. Pero no había salida. Con Yeray, tendría que ir en serio.