La Heredera 193

La Heredera 193

Capítulo 193 

Isabel contempló con añoranza el plato frente a ella. Apenas había probado un bocado cuando, con un gesto silencioso de Esteban, el personal comenzó a retirar su cubierto. Un nudo se formó en su garganta mientras observaba cómo se llevaban su cena casi intacta

Sus ojos se encontraron con los de su hermano. La dureza habitual en su mirada se suavizó al notar la súplica silenciosa en los ojos de Isabel

-Hermano-susurró ella, mordiendo suavemente su labio inferior

Una sonrisa apenas perceptible se dibujó en el rostro de Esteban

-¿Qué pasa? Esta mañana no te vi comer con tanta educación

Isabel desvió la mirada, consciente de que tenía razón. Sus hábitos alimenticios iban en contra de toda recomendación médica. Mientras que la mayoría de las personas comían abundantemente por la mañana, ella apenas probaba bocado. El almuerzo lo llevaba mejor, pero era en la noche cuando su verdadero apetito despertaba

-Entonces yo-comenzó a explicar, pero Esteban la interrumpió con un movimiento firme de 

su mano

-No hay más

Isabel hizo un pequeño puchero que provocó que la mirada de Esteban se suavizara aún más. Se levantó de su asiento y extendió su mano hacia ella

-Vamos a dar un paseo

-Está bien-respondió ella con resignación, su estómago protestando en silencio

No era su culpa que por las noches el hambre se intensificara, y las pocas cucharadas que había probado solo habían servido para despertar su apetito aún más

Justo cuando se acercaban a la puerta, Lorenzo apareció. La tensión en su rostro y su postura rígida contradecían la aparente calma de su expresión

Esteban soltó la mano de Isabel con suavidad

-Ve a la parte trasera de la casa

-¿Hay algo? -preguntó ella, estudiando la expresión de ambos hombres

-Uhhuh, algo divertido

Isabel arqueó una ceja, escéptica. La última vez que Esteban había prometido algo divertido, habían terminado pescando durante horas. Para su hermano, observar el agua en silencio era la definición perfecta de entretenimiento. Para ella, era una tortura

Sin embargo, la presencia de Lorenzo y la tensión apenas contenida en el ambiente le indicaron que era mejor no insistir. Se alejó con pasos silenciosos, dejándolos solos

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Capitulo 193 

Una vez que Isabel desapareció de su vista, la expresión de Esteban se endureció

-¿Problemas con Marcelo

-Sí, su mayordomo me contactó para verlo -confirmó Lorenzo

-¿Le pasaste el mensaje

-Sí

Una sonrisa cruel se dibujó en los labios de Esteban. Esta noche, la familia Bernard se enfrentaría a una tormenta

-La familia Galindo también está desesperada -continuó Lorenzo-. Anoche tuvieron una reunión que se extendió hasta el amanecer y aún no resuelven el problema

No es que no pudieran resolverlo; simplemente era imposible hacerlo

-Estos años han vivido demasiado bien, demasiado arrogantes -reflexionó Esteban, su voz cargada de desprecio-. Si tan solo hubieran cuidado un poco de Isa, no estarían en esta situación

-Sí -asintió Lorenzo-. En estos años, la familia Bernard y la familia Galindo se han vuelto insoportables. Incluso Ander perdió la paciencia con ellos

Esteban comenzó a caminar hacia el exterior

-Con Marcelo, más duro

-Sí -confirmó Lorenzo

Era evidente que Marcelo estaba desesperado al enterarse de que ya habían elegido un socio. Su visita personal lo confirmaba. Y ahora que descubría la participación de su hijo en todo esto, probablemente querría hacer pedazos a Sebastián

En la extensa parte trasera de la villa, Isabel se encontró con una escena que derritió por completo su compostura. Una docena de conejos saltaba libremente por el césped, sus pelajes suaves brillando bajo la luz del atardecer. Sin poder contenerse, tomó uno entre sus brazos

-Ay, qué suavecito -murmuró con ternura, hundiendo sus dedos en el pelaje sedoso-. Me 

encanta acariciarte

Durante sus años en Puerto San Rafael, se había negado a tener mascotas. El miedo a no poder cuidarlas adecuadamente, a que no sobrevivieran bajo su cuidado, la había detenido. Sin embargo, en París había sido diferente. Allí tenía a Algodón

Esteban se acercó silenciosamente, observando cómo su hermana mimaba al pequeño animal. Su expresión se suavizó considerablemente

-¿Te gusta acariciarlo

-Sí, es tan suave y esponjoso, me encanta -respondió ella sin apartar la vista del conejo-

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Capítulo 193 

¿Podemos llevarlos con nosotros cuando regresemos a París

-Por supuesto

Esteban comprendía perfectamente el pensamiento de Isabel: si no podías responsabilizarte de algo, era mejor no perturbarlo. Si le dijera que los conejos debían quedarse, la tristeza en sus ojos sería inevitable

El rostro de Isabel se iluminó con una sonrisa radiante

-Son tan lindos, tan tontitos y suavecitos

Una pausa contemplativa se instaló entre ellos antes de que Isabel preguntara con un toque de preocupación

-Y, ¿mi Algodón está bien? 

Algodón había sido el regalo de Esteban para su decimoquinto cumpleaños: un pequeño zorro blanco que se había convertido en su adoración. Cuando la familia Allende atravesó aquella crisis y Flora la obligó a marcharse, Isabel se negó a llevar consigo cualquier cosa material. Solo quería a Algodón

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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