Capítulo 611
Esta escena la aterrorizaba hasta quitarle el aliento. No importaba si estaba dispuesta a reconocerlo o no, Paulina sabía que en los días venideros, esta realidad podría sorprenderla en cualquier momento. Y todo porque su madre formaba parte de ese oscuro mundo…
Carlos, Eric, Julien y Hugo caminaron juntos hacia el estudio, pasando frente a la habitación de Paulina. Carlos se detuvo, girando ligeramente la cabeza. El aura gélida que emanaba de él provocó que Hugo tomara la iniciativa.
-Vamos al estudio.
Tras decir esto, Hugo intercambió una mirada con los otros dos y continuó su camino.
Eric, que cerraba la marcha, torció los labios mientras pensaba: “Los hombres con mujer son distintos, ¿eh?“. Aunque, reflexionándolo mejor, no era del todo cierto. Al marcharse, no vio que Carlos le informara nada a su cuñada.
Una vez que los demás se alejaron y Carlos quedó solo, intentó girar el pomo de la puerta, pero
el seguro. estaba bloqueado. Era evidente que Paulina había vuelto a poner
La expresión habitualmente impenetrable de Carlos se suavizó y una sonrisa traviesa se dibujó
en su rostro.
-Pauli.
Sus labios se movieron delicadamente, pronunciando esas dos sílabas con una ternura indescriptible.
Dentro de la habitación, Paulina… Quizás por la angustia que sentía por su madre, ver a Carlos y sus hombres regresar con aquella escena sangrienta no le provocó el mismo terror visceral de antes. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no percibió el cambio en el tono de Carlos.
-¿Qué pasa?
Su respuesta fue débil, la desesperación había superado al miedo, volviéndola descuidada.
Desde el pasillo, Carlos… Al notar la ausencia de temor en el tono de Paulina, se sorprendió ligeramente, pero su sonrisa se ensanchó.
-Abre la puerta.
-No.
Sin miedo y rechazándolo tan tajantemente. Entonces… ¿de dónde había sacado esa confianza?
-¿Estás segura?
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Capitulo 611
El tono de Carlos se volvió más serio. Incluso a través de la puerta, su autoridad era palpable.
Al escuchar el tono de Carlos, Paulina volvió en sí, como si su mente dispersa hubiera regresado de golpe.
-Yo…
El miedo regresó a su voz.
Carlos arqueó una ceja, percibiendo algo extraño:
-Abre la puerta, déjame verte.
-Quiero estar sola un rato.
-¡Ah~!
De verdad necesitaba estar sola en ese momento.
Aquellas palabras hicieron que Carlos notara aún más que algo no encajaba.
-Abre la puerta.
Esta vez, su tono fue inequívocamente firme.
Paulina, sin poder evitarlo, frotó sus manos nerviosamente, recordando cuando Carlos había entrado por el balcón. No había forma de mantenerlo afuera.
Finalmente, Paulina abrió la puerta y lo primero que vio fue el pecho firme del hombre. Su ropa estaba manchada de sangre…
Paulina extendió la mano por instinto:
-¿Te lastimaste otra vez?
Sin embargo, cuando su mano estaba a medio camino, recordó algo y la retiró rápidamente.
‘¡Por Dios! ¿Qué me importa si está herido? Isa me dijo que no me preocupara por nada, que no me metiera en problemas.”
En cuanto a tratar heridas, no era experta. Y cuidar de alguien… menos aún.
Carlos captó todos sus movimientos y pequeños cambios de expresión. Una sonrisa apareció en sus labios:
-¿Qué pasa? ¿Otra vez quieres desnudarme?
Al escuchar esto, su boca se contrajo visiblemente, Sacudió la cabeza con rapidez:
-No, no, no, no tengo intención de desnudarte, te lo juro por mi vida, antes tampoco fue intencional.
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Cuanto más explicaba, más nerviosa se ponía. ¿Por qué decía eso? ¿Creía que lo que había hecho antes había sido a propósito? Era injusto, realmente no lo era.
-¿No?
La sonrisa de Carlos se amplió.
Lamentablemente, Paulina mantenía la cabeza baja y no se atrevía a mirarlo. Pero el tono juguetón del hombre la hizo sonrojarse por completo.
-De verdad no fue intencional. ¡Ah!
“Ni yo misma me creo lo que estoy diciendo. Tal como dijo Isa, prácticamente he revisado cada rincón posible de Carlos.”