Capítulo 618
Todo su cuerpo se paralizó ante aquellas palabras. ¿Simplemente un… canalla? La señorita Allende tenía una forma bastante peculiar de insultar a los hombres. Era desconcertante escuchar a una mujer de su categoría utilizar semejante vocabulario.
Dan respiraba agitado, consumido por la ira:
-Vanesa.
-¿Por qué me gritas? -respondió Vanesa-. Eres un vil y más te vale no aparecerte nunca frente a mí, porque te juro que si te veo, te voy a partir la cara.
Sin darle oportunidad a Dan de replicar, Vanesa cortó la llamada de golpe. La furia recorría cada centímetro de su cuerpo. ¡Resultaba intolerable pensar que hace cinco años había caído en las redes de ese miserable!
Dan escuchaba el tono muerto del teléfono mientras un zumbido constante resonaba en su cabeza. Al percatarse de la presencia de Youssef en el umbral de la puerta, su semblante se
ensombreció aún más:
-¿Escuchaste todo?
-No, no escuché nada.
Youssef intentó esbozar una sonrisa conciliadora que resultó tan forzada y desagradable que el rostro de Dan se tornó todavía más sombrío. En ese momento, Youssef solo deseaba desaparecer de allí. Jamás lo hubiera imaginado… Después de todo, provenía de la familia más prestigiosa de París, ¿cómo era posible que su descendiente fuera tratado así? Escuchar la palabra “vil” salir de los labios de Vanesa había sido verdaderamente impactante.
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-Lárgate ordenó Dan con voz cortante.
Por la expresión de Youssef, resultaba evidente que lo había escuchado todo. Dan sentía que la cabeza le palpitaba dolorosamente. Cinco años… había olvidado a esa mujer durante cinco años. Al recordar lo sucedido recientemente en Las Dunas y las palabras que le había dirigido, comprendió que esa mujer, que nunca olvidaba una ofensa, seguramente lo detestaba profundamente ahora.
-Es que… tengo algo importante que decirle -murmuró Youssef con incertidumbre.
De no ser por la relevancia del asunto, habría huido sin dudarlo. La situación era aterradora. Escuchar a su jefe ser insultado de semejante manera lo hacía temer por su propia integridad.
-Habla ya exigió Dan con una mirada gélida.
-La señora Blanchet acaba de reunirse con Lance–informó Youssef.
¡Lance! Aunque parecía poco confiable, representaba una pieza fundamental en esta operación. Lance estaba interesado en lo que ellos poseían, y planeaban utilizarlo para establecer
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contacto con otra línea estratégica. Al enterarse del encuentro entre la señora Blanchet y
Lance, el semblante de Dan se ensombreció:
-¿Tienen alguna relación establecida?
-No, ninguna.
Youssef negó rotundamente. Lance había intentado acercarse a la familia Blanchet durante años, pero carecía del estatus necesario. Sin embargo, en esta ocasión, la señora Blanchet lo había recibido personalmente. Pretender que dicho encuentro no guardaba relación con Vanesa resultaría inverosímil para Dan.
Ante el silencio de su jefe, Youssef continuó:
-¿Podría deberse a la relación que tuvo con la señorita Allende hace cinco años? He oído que tanto la señora Blanchet como el señor Joe son extremadamente protectores con los suyos.
En esencia, las familias Allende y Blanchet se caracterizaban por su inquebrantable lealtad hacia sus allegados. Si la señora Blanchet efectivamente había contactado a Lance por Vanesa, entonces todos sus esfuerzos habrían sido en vano. Las influencias de la señora
Blanchet en París eran simplemente indiscutibles.
Dan frunció el ceño: ¿Por Vanesa? No podía descartarse esa posibilidad…
-Si realmente se trata de la señorita Allende, enfrentamos un serio problema -añadió Youssef. Considerando que Dan y Vanesa habían mantenido una relación cinco años atrás, y que ahora él estaba comprometido con la hija del vicealcalde de Las Dunas, la situación resultaba extremadamente delicada. Dan se encontraba atrapado en un auténtico dilema. Incluso su mirada, habitualmente serena y controlada, reflejaba ahora una gravedad inusitada.
-La familia Allende, por aquí.
Isabel permanecía recostada en el sofá mientras conversaba telefónicamente con Paulina. Desde su regreso a París, Paulina la llamaba con creciente frecuencia. Sin embargo, Isabel ahora experimentaba cierto temor al contestar sus llamadas… nunca sabía qué tipo de enredo podría haber provocado esta vez. Como en ese preciso momento, al recibir su llamada.
-A ver, explícame, ¿qué le hiciste ahora a Carlos?
Isabel
ya estaba acostumbrada a los coloridos problemas que Paulina solía generar en este ámbito. Lo que verdaderamente le preocupaba era que Paulina terminara colmando la paciencia de Carlos.
-Esta vez no le hice nada -aseguró Paulina.
Al escuchar esto, Isabel exhaló aliviada:
-Qué bueno, qué bueno.
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Por un momento había temido que Paulina hubiera provocado algún nuevo conflicto con Carlos. El verdadero problema radicaba en que, si Paulina realmente ocasionaba un desastre, Isabel no sabría cómo ayudarla a resolverlo, y esa perspectiva resultaba sumamente inquietante.