Capítulo 620
-Pero eso es un hecho -confesó Paulina con un tono teñido de melancolía.
Por el amor de Dios, cuando estaba frente a Carlos, sus extremidades y su boca parecían tener voluntad propia, como si alguna fuerza invisible controlara cada uno de sus movimientos. Las palabras brotaban de sus labios y, al escucharlas, ella misma quedaba estupefacta ante su propia audacia.
-Dime sinceramente, ¿te gusta o no te gusta Carlos?
-De verdad no me atrevo.
Paulina insistía en la misma respuesta mientras Isabel la bombardeaba con preguntas que la estaban volviendo loca. Santo cielo, ese “casarme contigo” no había surgido de ningún sentimiento romántico hacia Carlos. Incluso ahora, se sentía completamente aturdida, incapaz de comprender cómo había pronunciado semejante barbaridad.
En ese preciso instante, la puerta de la habitación se abrió con un suave ‘clic‘. El rostro del hombre que apareció era una máscara indescifrable. Cuando Paulina levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de él, aquellos pozos profundos que parecían lagos invernales, su corazón se contrajo violentamente.
Mientras Isabel conversaba por teléfono con Paulina, la llamada se cortó abruptamente. Repitió “¿Hola?” un par de veces sin obtener respuesta. Justo entonces, Vanesa entró a la
habitación.
-¿Otra vez hablando con tu amiga de Puerto San Rafael? -bufó al ver a Isabel, su tono impregnado de celos.
Isabel respondió con un simple asentimiento.
-Dile que deje de llamarte tanto, al final tu hermano mayor se va a enojar -Vanesa resopló-. ¿Qué mujer sigue insistiendo tanto? Llamadas varias veces al día. Espera… ¿Tu amiga no estará interesada en mi hermano, verdad?
Isabel pensaba que quien realmente estaba molesta era Vanesa, no Esteban. Al escuchar aquel comentario, se mordió el labio.
-¿De qué estás hablando? Paulina no es así.
-No digas que no te lo advertí -bufó Vanesa-. ¿Cómo dice el dicho en Puerto San Rafael? Cuidado con el fuego, los ladrones y las amigas.
-Paulina no es así, no digas tonterías.
Isabel conocía perfectamente la naturaleza de su amiga. Seguramente solo estaba cometiendo errores por el miedo que le provocaba Carlos. Si estuvieran en Puerto San Rafael, jamás actuaría de esa manera.
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Capitulo 620
-¿Paulina? Ah… ¿qué clase de nombre es ese?
“Parece que a veces esta persona se enfoca en los detalles menos importantes“, pensó Isabel. Vanesa estaba a punto de continuar cuando su teléfono sonó. Al revisar la pantalla, vio que era un número desconocido. Tras pensarlo un segundo, contestó:
-Dime, ¿cómo planeas humillarme esta vez? Así me preparo para devolvértelo, maldito.
Sin darle tiempo a su interlocutor para hablar, Vanesa atacó primero. Una llamada desde un número desconocido solo podía significar una cosa: el número anterior ya estaba bloqueado. Ese Dan era verdaderamente persistente.
Al escuchar a Vanesa llamar “maldito” a alguien, Isabel casi se atraganta. No pensó inmediatamente en Dan, sino que asumió que se trataba de la prometida actual de él, esa tal Ingrid… Al fin y al cabo, las mujeres en conflicto suelen usar ese tipo de insultos.
-¿Esa boca tuya, puedes controlarla o no? Si no, debería arrancártela yo mismo.
La voz de Dan, cargada de furia, resonó al otro lado de la línea.
¿Qué hombre podría tolerar semejantes insultos? Evidentemente, Dan no era uno de ellos. Isabel quedó perpleja al oír cómo Vanesa insultaba a Dan tan directamente. ¿Se podía agredir verbalmente así a un hombre? De haberlo sabido antes, habría tratado igual a Sebastián. Siempre creyó que ese lenguaje solo funcionaba entre mujeres, pero al parecer era igual de efectivo con los hombres. A juzgar por el estado de ánimo de Vanesa, le estaba resultando bastante bien.
-¿Arrancarme la boca? ¿Eso crees que puedes? -Vanesa se rio con desprecio-. Mejor piensa en cuándo vas a salir del hospital. Te han dejado hecho un desastre y aún piensas en cerrarme la boca. Mejor ve al espejo y mira qué aspecto tan espantoso tienes.
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