Capítulo 637
-Escucha, Isabel -interrumpió Paulina con evidente frustración al oír la confianza ciega con que Isabel hablaba sobre Carlos.
-¿Qué pasa? -respondió Isabel desde el umbral, dividiendo su atención entre la conversación telefónica y la escena entre Vanesa y Yeray que se desarrollaba afuera.
La intensidad en la voz de Paulina había captado por completo la atención de Isabel, quien abandonó momentáneamente su vigilancia de la situación exterior.
-¿Por qué te oyes tan frustrada? No te preocupes, Carlos es muy confiable. A pesar de los peligros que has enfrentado estando con él, nunca has resultado herida. Eso demuestra que merece nuestra confianza.
-Tranquilízate, él se encargará de todo y verás a la señora pronto.
-Quiere que le pague -espetó Paulina con exasperación.
“!!!”
-¿Un pago? ¿En serio?
-Sí, un pago. Aunque es una orden de Esteban, está exigiendo una recompensa.
Al escuchar la palabra “pago“, Isabel olvidó por completo a Vanesa y se concentró enteramente en la conversación con Paulina, sintiendo una creciente inquietud ante esta inesperada complicación.
-¿Qué tipo de pago? ¿Te pidió dinero?
-Le dije que no tengo y me pidió otra forma de compensación. Dice que no acepta crédito.
Las palabras “otra forma” y “crédito” resonaron con un resentimiento tan palpable que Isabel lo percibió instantáneamente a través del teléfono, despertando en ella una mezcla de curiosidad y preocupación.
-¿Qué otra cosa podrías darle? Si no tienes dinero, ¿qué más tienes?
Isabel siempre había creído que Paulina gozaba de una situación económica estable. Cuando la señora estaba bien, evidentemente Paulina no enfrentaba problemas financieros. Ahora, con la delicada situación de la madre, seguramente no podía disponer libremente de grandes cantidades.
Si Carlos realmente insistía en una compensación monetaria, Isabel ya estaba contemplando la posibilidad de ayudar a Paulina con el pago.
-Dijo que no quiere dinero -continuó Paulina, tensando aún más el misterio.
-¿No? -Isabel frunció el ceño, confundida.
Capitulo 637
-Insiste en que lo compense con algo más, que el dinero no le hace falta.
Estas fueron las palabras exactas que Carlos había pronunciado después de su ofrecimiento
inicial.
Al escucharlo, la confusión de Isabel se transformó en genuina intriga.
-¿Entonces qué quiere?
Carlos no mentía al afirmar que no necesitaba dinero, pensó Isabel. Pero si no era dinero, ¿qué podría querer? No recordaba que Paulina poseyera algo de valor extraordinario.
“¿Será que busca quedarse con la empresa de la señora?”
-Dice que esa pequeña compañía no le interesa.
“ווו”
La perplejidad de Isabel creció exponencialmente.
“¿Qué demonios quiere entonces Carlos como compensación?”
-¿Qué es lo que busca? -preguntó Isabel, ahora consumida por la curiosidad de descubrir qué posesión desconocida atesoraba Paulina.
-Tampoco lo sé.
-¿Cómo? ¿No te lo dijo?
-Quiere que lo adivine. Cuando descubra lo que desea, me permitirá ver a mi madre.
“¿Adivinar? ¿Ni siquiera Paulina sabe lo que Carlos quiere?”
“¿Qué diablos está buscando realmente?”
-Isa, ¿crees que el señor Allende podría preguntarle directamente a Carlos qué es lo que quiere?
La preocupación en la voz de Paulina era evidente. Desconocía lo que Carlos deseaba como pago, pero su anhelo por ver a su madre crecía cada minuto.
Isabel tampoco lograba descifrar las verdaderas intenciones de Carlos.
-¿Por qué no te casas con él y así resuelves el asunto de la deuda? Al fin y al cabo, serían familia.
“¿Qué clase de consejo es ese? ¿lsa también se está volviendo poco confiable?”
-Si me caso con él y sigue poniendo condiciones, ¿qué hago? ¿Ahora resulta que para casarse con un hombre hay que darle dinero y regalos en lugar de recibir?
“¿Carlos realmente sería capaz de pedir eso?”
-Estoy en bancarrota, ¿cómo voy a conseguirlo?
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Capitulo 637
La amargura en su voz era inconfundible.
“Estoy completamente confundida, pero mejor le digo que le pregunte directamente a Carlos qué quiere. ¡Es tan frustrante cuando alguien no dice claro lo que necesita!”
Lo que más inquieta en esta vida es tener que adivinar los deseos ajenos, y cuando no se consigue, ¡qué desesperante resulta!
Y precisamente esa frustración consumía ahora a Paulina.
“¡lsa, date prisa! Estoy confiando completamente en ti.”
“Tranquila, lo resolveré. Espera mis noticias.”
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