Capítulo 645
Área de descanso.
Debido a que la zona de comida estaba abarrotada, Vanesa estaba preocupada de que Isabel pudiera tener algún percance. Después de todo, ahora no podía permitirse ningún tipo de contratiempo.
Llevó a Isabel hasta el área de descanso. -Quédate aquí un momentito, voy a traerte algo de
comer.
Isabel se quedó mirando, sin decir nada.
“¿No que en casa no me dejaban comer?” pensó.
Sin darle tiempo a responder, Vanesa ya había girado sobre sus talones y se había marchado, dejando a Isabel sentada en el sofá, ajustándose su chaqueta. Aunque la temperatura del lugar era adecuada, desde que quedó embarazada, Isabel había desarrollado una sensibilidad al frío. Aún llevaba la bufanda que Esteban le había dado.
Un mesero se acercó y le ofreció agua. Isabel la tomó agradecida. -Gracias.
-¿Necesita algo de comer, señorita? La zona de comida está por allá.
-No, gracias. Mi hermana va a traerme algo.
El mesero asintió con cortesía y se retiró.
Cuando Isabel se quedó sola, miró el vaso de agua en su mano, pensó un momento y decidió dejarlo sin beber. Sacó su celular y vio que Paulina le había enviado un mensaje.
[Isa, ¿te acuerdas cuando dije que me casaría con Carlos y él no respondió? ¿Por qué ahora soy yo la que tiene que pagar el pato?]
[¿Será que solo le interesa mi cuerpo y no quiere hacerse responsable?]
Isabel se quedó boquiabierta ante semejante análisis, que solo añadió más caos a su ya confusa mente. La verdad, Carlos y Paulina vivían juntos y lo que realmente pasaba entre ellos, Isabel lo ignoraba.
Las palabras “solo le interesa mi cuerpo” hicieron que Isabel no pudiera evitar torcer la boca.
Respondió: (No creo que Carlos solo esté interesado en tu cuerpo.]
Paulina respondió rápidamente: [¿Por qué?]
Isabel: [No me preguntes, no lo sé.]
Decir la verdad podría ofender, y no sabía cómo expresar las cosas de manera más suave, así que prefirió no decir nada.
Paulina insistió: [¿Estás diciendo que no tengo buen cuerpo o que no soy atractiva?]
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Capitulo 645
Isabel sintió que la cabeza le empezaba a doler. Tras pensarlo un momento, escribió: [Comparada con algunas personas que Carlos ha conocido, sí.]
Paulina: […]
Y ahí quedó, sin palabras.
Mientras Isabel pensaba en qué responder, oyó unas voces que se acercaban, hablando sobre ella.
-Oye, ¿has oído lo de la hija adoptiva de la familia Allende y el señor Allende? ¿Cómo es que Charlotte lo permitió? Después de todo, ella la crió, es como si fuera su hija. ¿Y aun así lo acepta?
Isabel sintió que su cara se ensombrecía al escuchar que hablaban de la familia Allende y de ella.
Recordó las palabras de Sebastián en el teléfono: “Aparte de la familia Allende, mira cuántas personas te critican. Este tipo de relación no es algo que todos puedan aceptar.”
Tenía razón…
Incluso en un lugar tan tolerante como París, no todos pueden aceptar este tipo de relación.
Y claro, había quienes hablaban a sus espaldas.
Las dos personas se sentaron en un sofá cercano, y la segunda persona continuó: -Yo pienso que esa hija adoptiva de la familia Allende bien podría ser una hija ilegítima de la señora Blanchet.
-¿¡Qué!? -exclamó la primera con evidente sorpresa.
-Si no, ¿por qué lo aceptaría tan fácilmente? Pobre del señor Allende, ni siquiera sabemos si la verdad sobre su muerte hace tres años es la que contaron los medios.
-No digas eso, pero es posible. La familia Masson quería unirse con la del señor Allende, y Sylvie ha estado enamorada de él desde la secundaria. Pero su hermana adoptiva le ganó de
mano.
-Al final del día, puede que sea su hija biológica. Quizás el señor Allende fue quien fue adoptado. No viste cómo Charlotte mimaba a esa hija adoptiva, incluso iba a recogerla a la escuela.
-Pobre señor Allende, ¿qué clase de mujer se casó con él? Se decía que cuando él aún vivía, la señora Blanchet tenía algo con otro tipo.
Había poca gente en el lugar, así que las dos personas hablaban sin reparo, y sus palabras se volvían cada vez más descabelladas, incluso empezando a desacreditar a toda la familia Allende.
Isabel entrecerró los ojos, guardó su celular con calma en su bolso, se levantó y tomó el vaso de agua que no había bebido.
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Se dirigió hacia donde estaban las dos personas.
Estaban tan absortas en su conversación que no notaron que Isabel se acercaba.
Vanesa regresaba con la comida justo cuando vio a Isabel vaciar el vaso de agua sobre la cabeza de una de las mujeres.
Se había equivocado… Isa no era una niña de casa de cristal.
El agua estaba un poco caliente, y la mujer gritó al instante al sentir la quemazón. -¡Ay! ¿Quién eres tú? ¿Qué te pasa?
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