Capítulo 209
Isabel guardaba sus cosas en el bolso cuando Marina García notó su andar irregular. La preocupación se dibujó en el rostro de su asistente.
-Jefa, ¿ya fue al doctor por lo de su pierna? ¿No hay algo más que se pueda hacer?
El cambio de clima siempre traía consigo ese dolor fantasma, un recordatorio constante de viejas heridas.
-No es nada grave, es un problema antiguo -Isabel se encogió de hombros, intentando restarle importancia-. Solo molesta cuando hay cambios de tiempo, el resto de los días ni lo
noto.
Por supuesto que había consultado médicos, especialmente cuando el dolor se volvía insoportable. Pero más allá de la terapia física, los medicamentos parecían no hacer mucho
efecto en su cuerpo.
La noche anterior, el dolor la había despertado en ese estado confuso entre el sueño y la vigilia. Luego, como por arte de magia, una sensación cálida y húmeda había envuelto su pierna, aliviando el malestar hasta que volvió a quedarse dormida.
Apenas terminaba de darle indicaciones a Marina cuando su celular vibró. Pensando que era Esteban, contestó sin mirar la pantalla.
-Isabel, ¿eres tú? -la voz de Carmen, cargada de rencor, cortó el aire como un látigo.
-¿Y ahora qué quieres? -el tono de Isabel se volvió cortante. “¿Qué se supone que hice esta vez?“, pensó, conteniendo un suspiro de fastidio.
-Los problemas que tiene ahorita el Grupo Galindo son cosa tuya, ¿verdad?
Isabel guardó silencio un momento, las piezas del rompecabezas cayendo en su lugar. El Grupo Galindo por fin se había dado cuenta. Seguramente primero habrían sospechado de la familia Bernard, y al descubrir que ellos no tenían nada que ver, ¿quién más quedaba en su lista de sospechosos?
La furia en la voz de Carmen escaló ante el silencio.
-¡Tenías que ser tú! Isabel, ¿ya te pusiste a pensar? Si esos hombres de verdad te están ayudando a ir contra nosotros, ¿qué crees que quieren a cambio?
El grito de Carmen resonó a través del teléfono. Su mente trabajaba a toda velocidad, conectando puntos invisibles. El estudio de Isabel, sus ganancias millonarias… ¿Acaso esos hombres la estaban usando como peón contra la familia Galindo?
Una risa seca y despectiva escapó de los labios de Isabel.
-¿Qué van a querer? No creo que sea por la miseria que tiene la familia Galindo, ¿o si?
19:33
Capítulo 209
-¡Tú…! -Carmen se ahogaba en su propia rabia, las palabras atorándose en su garganta.
Isabel continuó, con tono incisivo.
-Señora Galindo, ¿todavía no entiende por qué la familia Bernard actuaba así? ¿De verdad cree que solo era por desprecio? ¿Por cambiar una hija adoptiva por una biológica?
El silencio de Carmen fue más elocuente que cualquier respuesta.
-Al final del día, es porque las minas de los Galindo ya no dan más. Ya no tienen ningún valor.
-¡Cállate! -el grito de Carmen sonó desgarrado, casi animal.
No podía soportar que alguien insinuara que para la familia Bernard, los Galindo solo habían sido un medio para un fin. No después de tantos años de aparente amistad.
Isabel, conociendo bien la ingenuidad de Carmen, presionó donde más dolía.
-¿Nunca se ha preguntado por qué los Bernard son de la alta sociedad de Puerto San Rafael, mientras que ustedes, con todas sus minas, apenas y figuran?
-¿Qué… qué estás diciendo? -la voz de Carmen tembló.
-Si los Galindo tuvieran algún peso en la sociedad, ¿por qué te has pasado años tratando de caerles bien a esas señoras de sociedad?
La verdad golpeó a Carmen como una bofetada. Por más que quisiera negarlo, Isabel tenía
razón.
-¿Me vas a decir que era pura cortesía? -el sarcasmo goteaba de cada palabra de Isabel-. Si de verdad estuviéramos al nivel de los Bernard, ¿no deberían ser ellas las que buscan tu amistad? Pero mírate, llevas años rogando por un lugar en su círculo, y ni así te voltean a ver.
-Tú… tú… Carmen balbuceó, las palabras negándose a salir de su boca.
212