Un Amor para Olvidar
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Capítulo 1
-¡Hola, quiero emigrar a otro país!
Margarita Hernández se paró frente a la ventanilla y entregó al funcionario del otro lado del vidrio todos los documentos que había preparado
El funcionario revisó los papeles y estampó el sello correspondiente en cada uno. Luego, sacó otra hoja y se la pasó a ella.
-Señora, en quince días su trámite estará listo. Le pedimos que tenga paciencia.
Margarita asintió con la mirada, se dio la vuelta y caminó hacia la salida. Sin embargo, justo cuando estaba por irse, escuchó el murmullo de los empleados detrás de ella.
-¿Estoy viendo mal o es la señora Rodríguez la que está pidiendo emigrar? ¿Acaso discutió con el gerente Raúl?
-Pero, aunque hayan discutido, ¿no es demasiado irse del país por eso? Si el gerente Raúl es famoso por ser un esposo amoroso, ¿qué pudo haber pasado para que la señora Rodríguez tomara una decisión tan dificil?
-Ni que lo digas… Hace cinco años, la boda de ensueño que le organizó a la señora Rodríguez fue un evento que dio la vuelta al mundo. Hasta yo, que casi ni uso internet, me entere. Hace tres años, cuando ella tuvo aquel accidente en el carro y el banco de sangre no tenía suficientes reservas, el gerente Raúl ignoró todas las advertencias y donó hasta la última sangre
gota de que pudo para salvarla. Hace un año, la señora Rodríguez desapareció por tan solo una hora y él movilizó a todos los medios de comunicación para encontrarla. Y ahora ella se va a escondidas… Él se va a volver loco.
Margarita escuchó las conversaciones a su espalda y una leve sonrisa apareció, aunque en sus ojos solo quedaba una profunda sorpresa.
Sí, todo el mundo sabía cuánto la amaba Raúl Rodríguez.
En el círculo empresarial, era un hecho bien conocido que Raúl, presidente del Grupo Financiero Rodríguez, era un hombre implacable y ávido en el mundo de los negocios. Su vida personal, en cambio, se caracterizaba por su falta de cariño y una total indiferencia hacia las mujeres; ninguna podía acercarse a menos de tres metros de él.
Hasta aquella noche de gala, cuando conoció a Margarita.
Se enamoró de ella al instante y comenzó a coquetearle todo el tiempo. Le regaló casas lujosísimas, autos costosos y joyas sin escatimar en gastos. Iluminó el cielo con fuegos artificiales durante tres noches solo para declararle su amor. Incluso, cuando ella mencionó al
pasar que extrañaba un pastel de nueces que llevaba años fuera del mercado, el desafló una tormenta de nieve, recorrió tres ciudades en plena madrugada y regresó empapado, pero con el pastel aun caliente en sus manos.
Lo que de verdad la convenció de aceptarlo fue el día en que sus padres murieron en un accidente en la carretera.
Él estaba en Mar Azul, a miles de kilómetros, pero aun así renunció a un negocio de cientos de millones de dólares solo para estar a su lado.
Cuando llegó, estaba agotado, con la ropa hecha un desastre y los ojos inyectados de sangre, pero aun así la abrazó con cariño y le susurró al olilo.
-Margarita, no te preocupes, aún me tienes a mi. Yo estaré contigo para siempre.
Margarita lo miró a los ojos y su corazón se aceleró.
El era el indicado.
Asi se convenció a sí misma.
Pero ese mismo hombre, que aseguraba que en su mundo solo había espacio para ella, no pudo resistir la tentación. Tres meses atrás, se acostó con la hermana de su mejor amigo, quien había estado en su casa.
El sofá, la cocina, la cama… en todos lados había rastros de su infidelidad.
Raúl pensó que lo había ocultado bien, pero olvidó que en este mundo no hay nada oculto entre el cielo y la tierra.
Cuando Margarita descubrió la verdad, sufrió, dudó, se desesperó… hasta que por fin lo acepto con el corazón hecho pedazos y tomó su decisión,
La familia Rodríguez provenía de tres generaciones de militares y, por normas internas, ninguno de sus miembros podía abandonar del país.
Incluido Raúl.
Si ella salía del país, él jamás podría encontrarla.
Margarita guardó con cuidado sus documentos y tomó un taxi con dirección a villa Los Cielos.
Tan pronto como entró a la mansión de la familia Rodriguez, el aroma de flores de azahar inundó sus sentidos.
En la sala, dos personas estaban colgando adornos en la pared. Al escuchar abrir la puerta, se giraron de inmediato para ver quién era.
Raúl se quedó paralizado por un instante, pero en cuanto la reconoció, su mirada se suavizó y se acercó para tomarle la mano.
-Margarita, llevas muy poca ropa. ¿No tienes frio? Me dijiste que ibas a salir con tus amigas, ¿
Captio 1
por qué volviste tan pronto? Justo te estaba preparando una sorpresa.
¿Una sorpresa?
Margarita levantó la mirada y vio a Raúl, pero, sin querer, sus ojos se detuvieron en su cuello.
Había una notoria marca de un beso..
Sus pestañas temblaron por un instante mientras hacía lo posible por ignorar el dolor que le desgarraba el pecho.
Al ver que Margarita no respondía, Sofía Díaz se acercó riendo con coquetería.
Margarita, para nadie es un secreto que Raúl te ama muchísimo. ¡Mira qué celebración tan grande ha preparado por su aniversario!
Hizo una breve pausa y luego señaló el sofá, donde una montaña de regalos estaba apilada.
Mira, todos estos regalos los preparó Raúl para ti.
Margarita siguió la dirección que indicaba la mano de Sofía, pero antes de notar los regalos, sus ojos se posaron en la gran mancha húmeda que se extendía bajo ellos.
En ese instante, sintió como si el cielo se desplomara sobre su cabeza. El aroma que percibió al entrar, las huellas que veía… todo confirmó la sospecha que acababa de cruzar por su mente.
¿Amarla?
El supuesto amor de Raúl consistía en prepararle regalos mientras, al mismo tiempo, hacía el
amor con Sofía en el sofá, con tanta pasión que llegaron a humedecerlas
El dolor de una traición de esa manera, desgarrador e insoportable, era peor que la misma.
muerte.
Raúl no notó nada extraño en la expresión de Margarita. Con una ternura casi sofocante, sacó el collar que había preparado y se lo colocó en el cuello.–Margarita, feliz aniversario. También te preparé una cena a la luz de las velas.
Margarita tembló de pies a cabeza y negó con la cabeza.–No… no quiero cenar. Me… me siento
mal.
Cada segundo junto a Raúl era ahora una tortura.
Desde el principio, ella lo había dejado claro: era pura de corazón y no podía tolerar la traición.
Si no estaba dispuesto a serle fiel, entonces ¿por qué la había buscado? Y ya que lo hizo, ¿por
qué terminó fallándole?
Al escuchar que ella no se sentía bien, Raúl entró en pánico.
Llamó sin pensarlo dos veces a varios médicos para que la revisaran. Al ver que los exámenes no mostraban ninguna anomalía, aun así siguió sin estar tranquilo, así que ordenó a su
asistente que comprara todo tipo de pastillas para aliviarla. Incluso, con sus propias manos, le preparó un vaso de leche callente y la arrulló hasta que logró que se durmiera.
Después de cuatro o cinco horas de interminables atenciones, Margarita al fin se quedó
dormida.
Esa noche, en plena madrugada, el deseo de tomar un vaso con agua la despertó
Se levantó de la cama y abrió la puerta, pero en cuanto puso un pie afuera, su cuerpo entero se paralizó.
La puerta de la habitación contigua estaba abierta. La luz de la luna entraba por la ventana e iluminaba las figuras entrelazadas en la cama: dos cuerpos desnudos, enredados en una escena de puro deseo carnal.
-El collar que le diste hoy vale decenas de millones de dólares. Te lo estuve pidiendo durante tanto tiempo y nunca me lo disté a mi. Margarita no hizo nada, y tú corriste a ponerle lo mejor
entre sus manos.
Sofía seguía con las piernas enganchadas alrededor de la cintura de Raúl, su voz impregnada de celos y resentimiento después del momento de pasión.
Raúl arrugo al frente y se separó de ella. Se sentó al borde de la cama y encendió un cigarro.
-Parece que aún no entiendes cuál es tu lugar. Ya te lo he dicho, la única mujer que amo es Margarita.
-Si quieres mantener esta relación conmigo, pues tendrá que ser entonces en secreto. Si ella lo descubre, sabes bien lo que pasará.
Sofía palideció y, con el cuerpo aún desnudo, lo abrazo por la espalda con un aire de súplica. Lo sé, sé que amas a Margarita… pero yo también te amo a ti. Solo estaba celosa, ¿ni siquiera eso me permites?
Raúl no respondió. Tan solo se inclinó, abrió un cajón y sacó un collar idéntico al de Margarita, pero de otro color.
-Deja de poner esa cara de víctima. También te compré uno. Pero solo puedes usarlo en privado. Si ella llega a descubrirlo, lo nuestro termina.
Los ojos de Sofía se iluminaron al instante. Sin pensarlo tomó el collar y se lo probó frente al espejo, sin importar las marcas de besos y mordiscos que cubrían su cuello.
¡Muchas gracias, Raúl! ¡Sabia que, en el fondo, todavía me tienes en tu corazón! Pero dime…. ¿acaso tienes tanto miedo de que Margarita se vaya?
Raúl ni siquiera dudó.-Si. No puedo perderla. Si ella me deja… me volveré loco.
Apenas terminó de hablar, la sujetó y la metió bajo su cuerpo, iniciando otra ronda de lujuria
sin control.
Capitulo 1
La cama crujió con el ritmo de sus movimientos, mientras la habitación se llenaba de lost gemidos incesantes de Sofía. Desde la distancia, Margarita observaba todo con lágrimas desbordándose de sus ojos.
Con la vista nublada por el llanto, alzó la cabeza y miró la fotografía de su boda colgada en la pared.
Raúl, en quince días… esperaré a que te vuelvas loco.
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