Capítulo 22
El odio en los ojos de Sofía fue rápidamente sofocado por el terror.
Durante los días que pasó en casa de la familia Rodríguez para cuidar su embarazo, comprendió a la perfección los métodos de Raúl para conseguir sus deseos.
A pesar
de que Paola había puesto guardias pára vigilarla las 24 horas del día, los hombres de Raúl siempre encontraban la manera de colarse y tenderle trampas.
Si no fuera porque tuvo suerte, probablemente ya habría muerto hace tiempo.
Sintiendo el temblor de la mujer entre sus manos, los ojos de Raúl se oscurecieron.
Si no fuera porque a Margarita no le gustaba que él hiciera este tipo de cosas, Sofía no habría llegado con vida hasta ese momento.
Por suerte, el bebé que llevaba en su vientre no sobrevivió, así que él se había librado de un problema más.
Con desdén, Raúl la soltó y se limpió las manos con un pañuelo.
-Desaparece lo más lejos y rápido posible.
-Si vuelvo a verte por estos lados…
-No sabes lo que te pasara.
Tras dejar su advertencia, Raúl cerró de golpe la puerta de la habitación.
Esa cruel advertencia hizo que Sofía flaqueara.
Poco a poco, sus manos se aferraron con fuerza a las sábanas.
Al otro lado de ciudad Esmeralda, Margarita despidió con nostalgia a Santiago y Martina cuando subieron al autobús de regreso a casa.
Solo entonces se dirigió a su apartamento.
Ahora que había resuelto el asunto más importante que la retenía en el país, era momento de
volver a Estados Unidos.
Después de todo, quedarse solo significaría muchos más problemas y ya no tenía ninguna otra razón para permanecer.
- Pensando en ello, aceleró el paso hacia su casa.
Quería aprovechar que aún era temprano para hablar con el anciano vecino y devolver el
apartamento alquilado.
-¿Qué? ¿Dice que alguien ya compró este lugar para regalármelo?
Capitulo 72
Los ojos de Margaritasse abrieron de par en par al escuchar las palabras del anciano.
El viejo, recostado en su mecedora y abanicándose con calma, le extendió los documentos de
compra.
–Mira, aquí está tu nombre, lleva esperándote un rato.
Con escepticismo, Margarita tomó los papeles y, en efecto, vio su nombre escrito en una esquina del documento.
Reconociendo la letra bastante familiar, frunció ceño.
Justo cuando iba a decir algo, el anciano señaló con su abanico hacia la puerta.
—Mira, ahí está la persona que te compró la casa
Levantó la mirada y vio una figura de pie en la entrada, con la luz del sol detrás, observándola con la misma ternura de antaño.
-Margarita.
Raúl, ¿qué significa todo esto?
Agradeciendo rápidamente al anciano, Margarita aló a Raúl fuera de la casa.
-¡No necesito que hagas esto por mí!
Un destello de dolor cruzó fugazmente los ojos de Raúl. Quiso abrazarla, pero ella se zafó de golpe.
-Margarita, es mi forma de compensarte. Ya solucioné el mayor problema entre nosotros.
-El bebé de Sofía no sobrevivió, y ella nunca más volverá a molestarnos.
–Así que, ¿me darías otra oportunidad para arreglar las cosas?
Margarita le rechazo.
¿Una oportunidad?
-Raúl, en su momento, lo consideré.
Los ojos de Raúl se iluminaron de inmediato, pero su brillo se apagó con las siguientes palabras de ella.
-Si aquella noche hubieras entrado a la habitación principal… O si al día siguiente me hubieras contado todo con sinceridad…quizás.
–Tal vez aún habría una posibilidad.
-Pero, ¿qué hiciste tú en cambio?
Abrazaste a Sofía en cada rincón de nuestra casa. Incluso hiciste el amor con ella a mi lado.
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Capitulo 22
-Aquella noche, cuando los vi juntos en la azote, me di cuenta de que hasta tus amigos sabían de tu infidelidad.
Margarita metió las manos frías en los bolsillos y suspiró.
-En ese momento, pensé… ¿Acaso soy la única idiota en este mundo para sufrir esto?
Raúl apretó los puños junto a su cuerpo y la escuchó continuar.
-Todos estaban dispuestos a ayudarte a ocultármelo.
Margarita esbozó una sonrisa muerta.
-Por eso, como castigo, exigí todas tus acciones el día de mi fiesta de cumpleaños.
-Ahora no me falta nada. Esta casa no significa nada para mí, por mucho que me la regales.
Tras decir esto, se giró para marcharse. Pero, en el siguiente instante, unos brazos cálidos la rodearon con mucha fuerza.
Bajó la mirada hacia las manos que rodeaban su cintura y, justo cuando estaba a punto de apartarlas por la fuerza.
La voz temblorosa de Raúl sonó a sus espaldas.
-Margarita, lo siento.
s
Las palabras de Margarita lo hicieron despertar. Finalmente se atrevió a enfrentar los errores que había cometido hace años.
Si había fallado, entonces debía disculparse y hacer todo lo posible por reparar el daño.
Quizá así Margarita lo perdonaría y volvería a estar a su lado.
Pero para Margarita, sus disculpas llegaban demasiado tarde.
Podría habérselo dicho al día siguiente de acostarse con Sofía.
O cuando ella aún guardaba esperanzas en su corazón.
Pero jamás cuando ya lo había dejado atrás desde hace tanto.