Capítulo 224
José Alejandro apretó el paso al ver a su jefe parado frente al edificio. Un nudo se formó en su garganta.
-¿Qué hace aquí, señor? -el nerviosismo en su voz era palpable.
La noticia de que Marcelo había llegado lo impactó de lleno. Si algo detestaba el viejo Bernard, era que su hijo se distrajera con asuntos del corazón. Y esta vez, con todo el drama de Iris, su paciencia estaba al límite. El tiempo no podía ser peor: el Grupo Bernard atravesaba un
momento decisivo.
Sebastián dio otra calada profunda a su cigarrillo, el humo escapando entre sus labios apretados. Sus nudillos estaban blancos de la tensión.
-¿Averiguaste algo? —su voz era tajante.
José Alejandro contuvo un suspiro de frustración. “¿Todavía preocupado por sus dramas amorosos en un momento así?“, pensó mientras se masajeaba las sienes. No era de extrañar que don Marcelo hubiera decidido intervenir.
A estas alturas, los Blanchet seguramente ya habrían cerrado trato con Ander. El viejo Bernard solo estaba intentando rescatar las migajas de un negocio que ya habían perdido.
—Sí, estaba con él… con el que lo golpeó -aclaró José Alejandro, aún sin conocer el nombre
del misterioso hombre.
Le explicó que había visto a Isabel bajar del mismo auto que entró al Chalet Eco del Bosque, acompañada por ese individuo.
El rostro de Sebastián se ensombreció aún más, pero antes de que José Alejandro pudiera agregar algo, el celular vibró con un mensaje de Iris:
“Sebas, ¿verdad que ya no podré usar el Chalet Eco del Bosque para mi recuperación?”
Una mueca de amargura torció los labios de Sebastián. Los recuerdos lo asaltaron como puñaladas: todas esas veces que se habían burlado de Isabel, asegurando que sin el respaldo de los Galindo no sería nadie, que no sobreviviría por su cuenta.
Y ahora resultaba que todo este tiempo había estado viviendo en el codiciado Chalet Eco del Bosque. La ironía era brutal, Sebastián se dio cuenta, con una claridad dolorosa, de que probablemente Isabel los había visto como lo que eran: unos auténticos payasos.
Sus dedos teclearon una respuesta cortante: “¡Sí!”
Le gustara o no, tenía que aceptar la realidad: el Chalet estaba fuera de su alcance. Isabel había dejado clara su postura. Ella siempre supo que él quería esa propiedad para la recuperación de Iris, y simplemente… se había quedado observando, probablemente riéndose de sus patéticos intentos.
La rabia crecía en su interior con cada segundo que pasaba, oscureciendo su semblante como
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Capitulo 224
una tormenta.
Diez minutos después, Marcelo emergió del edificio. Su rostro tenso y la rigidez de su postura anunciaban el fracaso de la reunión antes de que pronunciara palabra.
Al cruzar miradas con su hijo, los ojos de Marcelo ardían de furia. Tras años de contención, su paciencia finalmente se quebró. Se abalanzó hacia Sebastián y le propinó una patada que lo habría derribado de no ser por José Alejandro.
-¡lmbécil! ¡Me vas a matar de un coraje! -rugió Marcelo, el rostro desencajado por la ira.
Sin decir más, dio media vuelta y se alejó a zancadas. Si se quedaba un minuto más, temía cometer un filicidio.
Alfredo Muñoz, quien había acompañado a Marcelo, salió apresuradamente tras él, pero
Sebastián lo detuvo.
-Alfredo, ¿qué pasó allá adentro? -a pesar de que la respuesta era evidente en el rostro de su padre, necesitaba escucharlo.
Alfredo exhaló pesadamente.
-Dijeron que la familia Blanchet en Puerto San Rafael solo trabajará con un socio… y ya decidieron que será el Grupo Vázquez.
El mensaje era claro: los Bernard estaban fuera. Ni siquiera la intervención personal de Marcelo había logrado cambiar el resultado.
Alfredo observó el semblante abatido de Sebastián y, tras una pausa, añadió:
-Joven, sobre lo que pasó con la señorita Isabel… -se detuvo, recordando las palabras del señor Blanchet-. Hay rumores que vienen de Francia… dicen que este señor Blanchet es particularmente protector.
Sebastián se quedó paralizado.
“¿Protector? ¿De Isabel?” Una risa amarga amenazaba con escapar de su garganta. “¿Todo este desastre por una mujer?”
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