Capítulo 225
Los pasos de Alfredo Muñoz se perdieron en la distancia, dejando tras de sí un silencio pesado como plomo.
José Alejandro observó con cautela el rostro de Sebastián, que se había transformado en una máscara de furia contenida. La partida tempestuosa de Marcelo había sido solo el principio; la verdadera tormenta apenas comenzaba a formarse.
Y no era para menos. Los minerales de la familia Blanchet representaban su única tabla de salvación, y ahora se les escapaban entre los dedos como agua. El Grupo Bernard se tambaleaba al borde del precipicio.
Sebastián cerró los ojos con fuerza, sus puños tan apretados que los nudillos se tornaron
blancos.
-Isabel… -el nombre escapó entre sus dientes como un gruñido.
“¿El heredero de la familia Blanchet, protegiéndola a ella?“, la idea le carcomía las entrañas como ácido.
José Alejandro sintió un escalofrío al percibir la rabia que destilaba cada sílaba. Las insinuaciones de Alfredo Muñoz resonaban en su mente: todo apuntaba hacia Isabel. Tras una breve vacilación, decidió compartir la información que había estado recopilando.
-El Grupo Galindo está teniendo problemas serios últimamente. Parece que WanderLuxe
Travels está detrás de todo.
La cabeza de Sebastián giró bruscamente.
-¿WanderLuxe Travels? -sus ojos se entrecerraron peligrosamente.
-La misma empresa que hizo millonaria a la señorita Allende -confirmó José Alejandro-. Ganó siete millones el año pasado, y más de seis vinieron directamente de WanderLuxe.
El contraste era brutal. Mientras otros estudios apenas rozaban los cientos de miles en colaboraciones externas, WanderLuxe Travels había catapultado el estudio de Isabel a la cima de Puerto San Rafael.
La memoria de Sebastián viajó a aquella humillante llamada, cuando intentaron presionar al estudio de Isabel a través de WanderLuxe Travels. La arrogancia con que los habían tratado aún le hacía hervir la sangre.
Una risa sarcástica escapó de sus labios.
-¿Lo ves? ¿Cómo no iba a estar relacionada con Isabel?
José Alejandro guardó silencio. La conexión era innegable.
-¿Quién es el presidente de WanderLuxe Travels? -exigió Sebastián.
-Un extranjero, James Arthurs.
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Capítulo 225
“Ah, un extranjero…” La irritación se dibujó en el rostro de Sebastián. “Por eso no entiende cómo funcionan las cosas en Puerto San Rafael.”
-La subestimé -masculló entre dientes-. Realmente subestimé a Isabel.
Sus ojos se oscurecieron con una mezcla de rabia y algo más… ¿admiración reluctante?
-Investiga qué relación tiene ese James con Isabel.
El rostro de Sebastián se contrajo en una mueca de frustración.
-Es extraño… últimamente todo parece estar conectado con ella. No hay nada que no la toque de alguna manera.
José Alejandro asintió en silencio.
-Entonces, ¿don Marcelo se reunió con el señor Blanchet?
El silencio de Sebastián fue respuesta suficiente. El tema solo servía para avivar su irritación.
-¿El Chalet Eco del Bosque es propiedad de los Blanchet?
-¿Qué? -los ojos de José Alejandro se ensancharon-. ¿Entonces la señorita Allende ha estado cultivando conexiones con la familia Blanchet?
Sebastián cortó la conversación con un gesto brusco.
-Dejemos eso -su voz destilaba amargura-. ¿Desde cuándo Isabel se volvió una socialité? Parece tener conexiones con todo mundo.
El teléfono vibró con un nuevo mensaje de Marcelo:
[Intenta convencer a la familia Blanchet una vez más.]
La brevedad del mensaje era un testimonio de su furia. Marcelo, quien raramente encontraba situaciones fuera de su control en Puerto San Rafael, ahora se enfrentaba a un muro impenetrable.
Sebastián tecleó una respuesta escueta: [¡Entendido!]
La respuesta de Marcelo no se hizo esperar: [La pérdida que esto nos ha traído es significativa, y no podemos reponerla a tiempo…]
Las implicaciones flotaban en el aire, demasiado graves para ponerlas en palabras.
[Entiendo.], respondió Sebastián, aunque la verdadera pregunta era cómo diablos iba a arreglar este desastre.
En la habitación del hospital, Iris sintió que toda su energía se desvanecía al leer la respuesta monosilábica de Sebastián: “Sí“.
Sus dedos temblaron sobre la pantalla del teléfono. Si no lo hubiera visto con sus propios ojos, jamás habría creído que Sebastián pudiera responder así, tan seco, tan… derrotado.