Capítulo 230
El rostro de Carmen perdió todo color. Las palabras de Sebastián sobre la relación entre Isabel y ese hombre misterioso le helaron la sangre. Los comentarios previos de Patricio y Valerio cobraron un nuevo y terrible significado. Un escalofrío le recorrió la espalda al comprender
finalmente el verdadero propósito de aquel viaje a la Sierra de los Géiseres.
La figura de Sebastián se fue perdiendo en la distancia. El insistente zumbido del teléfono de José Alejandro cortó el tenso silencio del momento. Sus dedos temblorosos deslizaron la pantalla para contestar. Después de escuchar atentamente, solo murmuró:
-Sí, ya estoy al tanto.
Guardó el celular y, acelerando el paso para alcanzar a Sebastián, le reveló:
-Señor, el heredero de la familia Blanchet… -hizo una pausa, como si le costara pronunciar las siguientes palabras-. Es Esteban Allende. En Francia lo conocen simplemente como el señor
Allende.
Sebastián se detuvo en seco. Su cuerpo entero se tensó mientras giraba lentamente hacia José Alejandro. Sus ojos, ahora encendidos por una mezcla de incredulidad y furia, se clavaron en
su asistente.
-¿Esteban? ¿El señor Allende? -su voz apenas contenía el torbellino de emociones que lo sacudían por dentro.
La imagen, de aquel hombre imponente, la legendaria figura de Francia, atravesó su mente como un relámpago. La conclusión lo golpeó con fuerza: el hombre que había estado junto a Isabel todo este tiempo era el poderoso señor Allende de Francia. El heredero de la familia Blanchet. La sangre en sus venas pareció congelarse ante esta revelación.
-Así es -confirmó José Alejandro con un leve asentimiento.
Los puños de Sebastián se cerraron con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Su mandíbula se tensó mientras mascullaba entre dientes:
-Esteban… señor Allende… -el nombre se sentía como veneno en su boca-. ¡Esteban Allende! -una risa amarga escapó de sus labios-. También un Allende…
Con la respiración entrecortada por la rabia, Sebastián clavó su mirada en José Alejandro:
-¿Qué tipo de relación tiene con Isabel?
José Alejandro parpadeó, desconcertado por la pregunta:
-¿No son pareja?
La palabra “pareja” impactó a Sebastián como un golpe físico. Su respiración se volvió errática, mientras las imágenes de Isabel y Esteban juntos Invadían su mente, torturándolo.
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Capítulo 230
Isabel no se había percatado de que estaba bebiendo vino. Su dulzura engañosa la había hecho pensar que era jugo, y solo cuando Esteban lo mencionó, notó el calor que se extendía por sus mejillas.
-Ay, no sabía -murmuró, sintiendo cómo el mareo comenzaba a apoderarse de ella-. Pensé que era jugo. ¿Es muy fuerte?
Los labios de Esteban se curvaron en una sonrisa indulgente:
-Pega después.
Isabel se llevó una mano a la frente, notando cómo el mundo comenzaba a girar suavemente:
-¿De quién es este vino tan raro? -preguntó, sorprendida por su sabor dulce que apenas dejaba rastro del alcohol-. No huele ni sabe a vino.
Esteban extendió su mano para acariciarle la nariz con ternura. Sus ojos oscuros brillaban con una mezcla de diversión y preocupación mientras observaba cómo el alcohol comenzaba a
hacer efecto en ella.
Isabel sintió cómo sus párpados se volvían cada vez más pesados. El mundo a su alrededor se
tornaba borroso y distante.
-Ugh… sin poder evitarlo, se desplomó en los brazos de Esteban.
Él la acomodó con delicadeza en su regazo:
-¿Te sientes mal?
Isabel, envuelta en el calor familiar de su hermano, rodeó su cuello con los brazos. La realidad y el sueño se mezclaban en su mente embriagada. Como un gatito buscando afecto, frotó su
rostro contra el cuello de Esteban:
-Hermano…
Esteban, preocupado por la posibilidad de que sintiera frío, ordenó que trajeran una manta. Sin embargo, la inquietud no lo abandonó. Con un movimiento fluido, la levantó en brazos y se dirigió hacia las escaleras.
-Ya pedí que preparen una sopa para la cruda -susurró con dulzura.
Las palabras de Esteban llegaban distorsionadas a los oídos de Isabel. Siempre le pasaba lo mismo cuando bebía: su mente se nublaba por completo. Mientras Esteban subía las escaleras con ella en brazos, sentía como si flotara entre nubes, embriagada tanto por el alcohol como por el aroma familiar que la envolvía.
-Esteban… -murmuró, hundida en un sueño profundo.
Esteban se detuvo en seco. Su corazón dio un vuelco al escuchar su nombre en los labios de Isabel. Era la primera vez que lo llamaba así. Con voz profunda y cargada de emoción, respondió:
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Capítulo 230
-Aquí estoy.
-¿Podrías no tener a otras mujeres? -suplicó ella con voz adormilada-. ¿Podrías no casarte con ellas?
La respiración de Esteban se entrecortó. Bajó la mirada hacia el rostro sonrojado de Isabel, sus pupilas dilatadas reflejando la sorpresa ante esta súplica inesperada. Por primera vez, pudo vislumbrar los verdaderos sentimientos que ella ocultaba en lo más profundo de su corazón.
-¿Por qué? -preguntó con voz suave, casi temeroso de la respuesta.