Capítulo 238
Carmen se quedó petrificada al ver la expresión derrotada de Sebastián. Sus dedos, helados. como el mármol, se aferraron al borde de su escritorio mientras intentaba procesar lo que acababa de escuchar. El aire en la oficina se sentía denso, casi irrespirable.
Sus ojos, vidriosos por la confusión y el coraje, escudriñaron el rostro de José Alejandro.
-¿Entonces ni siquiera pudiste hablar bien con ella? -La voz le tembló ligeramente.
José Alejandro se aflojó la corbata, visiblemente incómodo. El peso de la situación se reflejaba en las profundas líneas de preocupación que surcaban su frente.
-La vi, pero… -hizo una pausa, eligiendo cuidadosamente sus palabras-. Apenas cruzamos un par de frases. Ni siquiera me dio chance de explicarle nada.
Carmen sintió que el piso bajo sus pies se desvanecía. La realidad la impactó de lleno. ¿Isabel, su orgullosa Isabel, ignorando a Sebastián? Toda su vida había estado convencida de que la chica estaba obsesionada con él, que esta absurda idea de cancelar el compromiso no era
más que otro de sus berrinches para alejar a Iris.
“Pero esto…” Sus pensamientos se arremolinaban en su mente como hojas en una tormenta. Sus labios se entreabrieron, queriendo decir algo, cualquier cosa que pudiera darle sentido a esta situación, pero las palabras se negaron a salir.
Las luces de la ciudad titilaban como estrellas distantes a través de los ventanales del Grupo Galindo. El reloj marcaba las nueve de la noche, y el aire acondicionado zumbaba suavemente en el silencio del edificio casi vacío. Patricio y Valerio permanecían en sus oficinas, sus rostros marcados por el agotamiento de varios días sin descanso apropiado.
El humo del cigarrillo de Patricio se elevaba en espirales perezosas hacia el techo. Sus ojos, enrojecidos por el cansancio, miraban fijamente un punto indefinido en la distancia.
Se levantó abruptamente, tomando su abrigo del perchero.
-Voy a Sierra de los Géisers.
Valerio, que también sostenía un cigarrillo entre sus dedos temblorosos, alzó la mirada.
-Yo también voy -declaró, su voz teñida de una mezcla de rabia y frustración-. Necesito preguntarle a Isabel qué diablos pretende, cómo se atreve a aliarse con extraños contra el Grupo Galindo.
El rostro de Patricio se endureció. Sus ojos, normalmente calculadores, brillaron con una chispa de indignación.
-¿Y tú a qué vas? ¿A buscarle pleito? -Se detuvo, estudiando la expresión tensa de su hermano-. En estos dos años desde que regresó, ¿cuándo te has comportado como su hermano? ¿Y ahora quieres ir a reclamarle?
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Capitulo 238
Las palabras golpearon a Valerio como un puño invisible. Su mandíbula se tensó, pero permaneció en silencio. “¿Acaso no quería ser un buen hermano?“, se preguntó amargamente. Pero Isabel nunca le había dado la oportunidad. Desde su regreso, la familia Galindo se había convertido en un campo de batalla. ¿Quién podría mantener la calma con ella?
Patricio salió de la oficina sin mirar atrás. Valerio hizo ademán de seguirlo, pero en ese momento su teléfono vibró contra el escritorio. Al ver el nombre de Maite Llorente en la pantalla, sintió que una vena palpitaba en su sien.
Rechazó la llamada con un movimiento brusco.
Segundos después, llegó un mensaje que le heló la sangre: “Si no contestas el teléfono, mañana a primera hora estaré en Grupo Galindo“.
Maldiciendo por lo bajo, Valerio devolvió la llamada.
-¿Qué quieres? Estoy en la empresa -su voz sonaba cortante, controlada.
La voz de Maite atravesó el auricular como una navaja.
-¿No ibas a venir a darme explicaciones? ¿Ahora ni el teléfono me contestas? ¿Qué significa esto, Valerio?
Sus palabras resonaban con una mezcla de dolor y acusación.
-¿De verdad quieres que tu hijo y yo vivamos así? Va a entrar al kínder el próximo año. ¿Dónde vamos a registrar su domicilio?
Valerio se masajeó las sienes, intentando controlar la migraña que comenzaba a formarse.
-La empresa está en crisis. Hablamos en unos días -respondió secamente.
-¿Unos días? ¿Para entonces ya te habrás casado con otra? ¿Ya olvidaste todo lo que me prometiste?
La insistencia de Maite fue la gota que derramó el vaso. El agotamiento de los últimos días, la presión en la empresa, todo explotó en un instante de cruel honestidad.
-¿De verdad eres tan ingenua para creer en las promesas de un hombre? -Su risa amarga resonó en la oficina vacía-. Sabes perfectamente cómo pasó lo del niño. Te lo voy a decir clarito: ¡no me voy a casar contigo!
-¡Valerio! -El grito de Maite resonó con tal fuerza que tuvo que apartar el teléfono de su oreja.
Estaba a punto de colgar cuando las últimas palabras de Maite lo alcanzaron como un látigo:
-¿Así que esta es tu verdadera cara? ¡Vas a saber de mí!
Valerio cortó la llamada con desprecio. A diferencia de Sebastián, él siempre había puesto la empresa por encima de cualquier drama romántico. Para él, las mujeres eran solo un entretenimiento para los momentos de celebración. Si no sabían comportarse, no tenían lugar
en su vida.
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Capitulo 238
Los problemas actuales de la empresa pesaban sobre sus hombros como una losa. Sus pensamientos regresaron inevitablemente a la causa de todos sus problemas.
-Isabel… -masticó el nombre entre dientes, como si pudiera destruirlo con el solo poder de su
rabia.