La Heredera 121

La Heredera 121

Capítulo 121 

El portazo que dio Sebastián al salir reverberó por todo el pasillo. El eco de su furia quedó flotando en el aire, mezclado con el aroma a agua sucia y el rastro húmedo que había dejado a su paso

Marina se asomó con cautela por la puerta entreabierta, estudiando el rostro de Isabel. Sus años de experiencia como asistente le habían enseñado a leer el humor de su jefa, y aunque Isabel mostraba una calma aparente, Marina sabía que esa tranquilidad podía ser tan peligrosa como una tormenta

La asistente se mordió el labio inferior, dudando antes de entrar. Los arranques de Isabel podían ser legendarios, pero la curiosidad pudo más que la prudencia

-Jefa… 

Isabel permanecía de pie junto a su escritorio, una leve sonrisa de satisfacción bailando en sus labios

-¿Ya se fue

Marina asintió mientras se acercaba con pasos cautelosos

-Sí, y en qué estado-sacudió la cabeza-. ¡Hasta el guardia de la entrada se tapó la nariz cuando pasó

Isabel arqueó una ceja, su expresión neutral ocultando el placer que le causaba imaginar a Sebastián en semejante estado

Marina se animó al ver que su jefa no mostraba signos de molestia

-Pobrecito, iba todo empapado y renqueando. Lo dejaste hecho un desastre

-Yo no le puse una mano encima -Isabel se encogió de hombros con indiferencia

-¿No? Pues parecía que al señor Bernard no le quedó ni un centímetro sin magullar

Isabel permaneció en silencio, sus ojos fijos en la ventana mientras una sonrisa sarcastica se dibujaba en su rostro. Si hablamos de golpes, pensó, Sebastián ha tenido su buena dosis estos días. Primero Esteban, luego yo, y después Lorenzo.” 

Un suspiro de fastidio escapó de sus labios

-Qué fastidio tener que educar a alguien tan torpe

Marina parpadeó, desconcertada

-¿Torpe? ¿El señor Bernard? -la incredulidad era evidente en su voz-. Pero si maneja todo el Grupo BernardSi fuera torpe, el anterior director habría sido un irresponsable al dejarlo

cargo

Isabel soltó una risa seca, casi despectiva

Capítulo 121 

-Es la verdad. Ni siquiera sabe cómo responder cuando le dan un golpe

La frustración teñía su voz mientras contemplaba el desastre que Sebastián había dejado. Todo estaba dicho y hecho, las cartas sobre la mesa, y aun así, él seguía sin entender. Era como tratar de explicarle física cuántica a una pared

El Mercedes negro esperaba en el estacionamiento subterráneo. José Alejandro, recargado contra la puerta del conductor, se enderezó de golpe al ver aparecer a Sebastián. El olor llegó antes que su jefe

-Señor, esto-las palabras murieron en su garganta

Sebastián avanzaba como una tormenta contenida, el agua goteando de su traje italiano 

arruinado

-Si entre los hombres cercanos a Isabel todavía no hay claridad… 

-Se mudó al Chalet Eco del Bosque -José Alejandro lo interrumpió apresuradamente, ansioso por desviar la atención de su jefe

El silencio que siguió fue absoluto. Sebastián se congeló a medio paso, sus ojos entrecerrados como si intentara procesar la información

—¿Qué dijiste? —su voz sonó peligrosamente baja

-La señorita Allende dejó los Apartamentos Petit -José Alejandro mantuvo un tono profesional, aunque sus dedos tamborileaban nerviosamente contra la puerta del auto-. Ahora vive en el Chalet Eco del Bosque

La notícia golpeó a Sebastián como un puñetazo en el estómago. Su mente, ya alterada por enfrentamiento con Isabel, se negaba a procesar esta nueva información. El zumbido en sus oídos se intensificó

-¿Estás seguro? -su voz apenas era un susurro ronco

-Completamente, señor

El silencio que siguió fue denso, cargado de una tensión casi palpable. La mandíbula de Sebastián se tensó visiblemente, una vena palpitando en su sien

-¿Por qué vivíría allí? -la pregunta salió como un gruñido estrangulado

Durante dos años, Isabel había mantenido una vida predecible, casi monástica. Sin compromisos, sin escándalos, solo la ocasional salida con Andrea o Paulina. Y ahora, de repente, aparecían hombres por todas partes, y esta mudanza inexplicable… 

José Alejandro se aclaró la garganta

el 

-Debe ser por el dueño del Chalet. Ya investigué, aunque la propiedad escomplicada -hizo una pausa calculada. El contrato lo firmó un tal señor Rodríguez, de 58 años

213 

Capitulo 121 

-¿58?-Sebastián escupió el número como si fuera veneno

-Si, señor. Como el terreno se compró hace ocho años, ahora tendría unos 66

La información cayó como una losa sobre los hombros de Sebastián. Su mente, febril, comenzó a tejer escenarios cada vez más oscuros. Isabel, su Isabel, viviendo en la propiedad de un hombre mayorLas implicaciones lo estaban ahogando

El eco de sus propios latidos retumbaba en sus oídos mientras intentaba mantener la compostura, pero el temblor en sus manos lo traicionaba. El control se le estaba escapando entre los dedos, como el agua que aún goteaba de su traje arruinado

La Heredera

La Heredera

Score 9.9
Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
La Heredera

Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Options

not work with dark mode
Reset