Capítulo 130
La molestia de Esteban era palpable. La simple mención de la palabra “hermana” hizo que sus hombros se tensaran, como si alguien estuviera intentando arrebatarle algo precioso. Mathieu. intentó aligerar el ambiente con una sonrisa nerviosa. Después de todo, tener una hermana no era nada del otro mundo, ¿o sí?
Esteban entrecerró los ojos, su mirada como un dardo.
-¿Ah sí? ¿Por qué no traes a la tuya entonces?
Las palabras se atoraron en la garganta de Mathieu. Su hermana, con su corte militar y sus modales bruscos, era todo lo contrario a la delicada Isabel. Los rumores sobre su orientación sexual ya eran suficientemente molestos sin necesidad de añadir leña al fuego.
“¿Por qué no podía ser como las demás?“, pensó con resignación. Mientras otras chicas se preocupaban por vestidos y peinados, su hermana prefería el uniforme militar y demostraciones de fuerza bruta.
-Ya, está bien -se rindió Mathieu, pasándose una mano por el rostro-. Mi hermana no es precisamente material de portada, ¿contento?
“Como si Isabel fuera la única mujer hermosa del mundo“, pensó, aunque tuvo que admitir que desde que había regresado de París, su piel resplandecía como porcelana bajo el sol.
Esteban sonrió con satisfacción mientras volvía a mirar la foto en su celular. Sus dedos teclearon rápidamente un mensaje para Lorenzo.
-¿Qué está haciendo?
-¡Espiando! -respondió Lorenzo al instante.
La sonrisa de Esteban se congeló.
-¿A quién está espiando?
-A los Galindo.
“¿Desde cuándo Isabel se había vuelto tan… sigilosa?“, se preguntó Esteban con el ceño fruncido. Si necesitaba información, él podía conseguirla sin necesidad de que ella se arriesgara.
…
Mientras tanto, en la habitación del hospital, el aire se había vuelto tan denso que podía cortarse con un bisturí. Las miradas de todos convergían en Iris como proyectores, haciéndola sentir acorralada. Su corazón latía tan fuerte que temía que los demás pudieran escucharlo.
La incertidumbre la carcomía. ¿Cuánto habían escuchado? ¿Qué tanto sabían? Las expresiones en sus rostros, especialmente la de Sebastián, revelaban que algo sospechaban. No era la primera vez que él escuchaba algo comprometedor, y ahora…
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Capítulo 130
“Maldito seas“, pensó Iris, deseando poder hacer desaparecer al responsable de su situación actual.
Tomó aire profundamente, intentando mantener la compostura.
-¿Por qué me miran así?
Carmen dio un paso adelante, sus labios abriéndose para hablar, pero Sebastián se le adelantó. -¿Otro intento de fraude? -su voz grave resonó en la habitación como un trueno lejano.
El pulso de Iris se aceleró aún más. La mirada penetrante de Sebastián la atravesaba como un rayo X, y aunque su instinto le gritaba que mintiera, sabía que era inútil. No había forma de explicar lo que habían escuchado.
Con un movimiento casi imperceptible, asintió.
-Sí.
Valerio frunció el ceño, su expresión una mezcla de confusión y sospecha.
-¿Una simple llamada de fraude? ¿Por qué te alteraste tanto? Solo tenías que colgar.
-Quería hacerlo, pero seguían insistiendo, yo… yo… -las palabras se le atoraron en la garganta como piedras.
Su rostro perdió el poco color que le quedaba. El acosador había vuelto, y esto apenas comenzaba. El verdadero infierno estaba por desatarse.
Carmen, notando el deterioro en el estado de Iris, intervino rápidamente.
-Ya está bien, fue solo una llamada de estafa -tomó la mano de su hija adoptiva entre las suyas-. De ahora en adelante, no contestes números desconocidos, ¿me oyes? Y si contestas por error, cuelga de inmediato. No te pongas a discutir con ellos.
-Esos delincuentes no tienen escrúpulos -continuó Carmen, su voz teñida de preocupación-. Si los provocas, ¿qué tal si buscan venganza? Ellos operan desde las sombras.
-Sí, mamá -respondió Iris con voz suave-. No volveré a contestar esas llamadas.
Debería haberse sentido aliviada, pero entonces…
–
-Por cierto agregó Carmen casualmente-, vi que salieron cien mil pesos de tu cuenta. ¿En qué los gastaste?
El corazón de Iris, que apenas comenzaba a recuperar su ritmo normal, volvió a desbocarse como un caballo salvaje.