Capítulo 268
Patricio se frotaba las manos entumecidas por el frío mientras sentía el impulso de avanzar. Sus piernas, congeladas hasta perder toda sensación, lo traicionaron cuando intentó dar un paso. Trastabilló, apenas logrando evitar caer sobre la nieve que crujía bajo sus pies.
-¡Señor Allende! ¡Isabel!
Con pasos torpes y vacilantes, Patricio intentó acercarse a Esteban, pero un guardaespaldas le bloqueó el paso. El color abandonó su rostro.
-¡lsabel, por favor!
Al encontrarse con la mirada glacial de Esteban, Patricio dirigió una mirada suplicante hacia Isabel, quien permanecía con el rostro oculto en el pecho de su hermano, negándose a mirarlo. Sus hombros temblaban, tanto por el frío como por la desesperación.
-Señor Allende, tenemos que hablar. Y tú también, Isabel. Todo esto es un malentendido con papá y mamá. ¿Qué es lo que quieres? Ellos harán lo que sea para contentarte, ¿sí?
La urgencia en su voz revelaba su desesperación. “Maldita sea, Carmen siempre lo arruina todo“. La frustración hacia Carmen crecía al ver que Isabel ni siquiera le dirigía una mirada.
Esteban colocó a Isabel con delicadeza en el auto, donde el aire cálido ya había comenzado a circular. Justo cuando Patricio intentaba llamar nuevamente a Isabel, Esteban cerró la puerta
con un golpe seco.
La mirada que Esteban le dirigió fue tan cortante que Patricio sintió que se le helaba la sangre
en las venas.
-Señor Allende…
Una sonrisa sarcástica curvó los labios de Esteban.
-Señor Galindo, ¿de verdad cree que ella necesita que cumplan sus caprichos?
Patricio se quedó sin palabras, sintiendo que el aire se le atoraba en la garganta. Era cierto. ¿Qué podría necesitar Isabel de ellos? Había crecido en el seno de la familia Blanchet, probablemente nunca le había faltado nada.
Al pensar en los intentos de la familia Galindo por recuperar a Isabel, en esa tarjeta que perdía valor por minutos, la vergüenza lo consumió por dentro.
La risa burlona de Esteban rasgó el aire.
-Todo lo que está pasando con el Grupo Galindo no tiene nada que ver con ella. Déjenla en paz -sus ojos se tornaron más duros-. Ella no tiene nada que ver con ustedes.
El impacto de esas palabras golpeó a Patricio como una bofetada. ¡No tener nada que ver! La frase lo congeló más que el viento invernal que azotaba su rostro.
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Capitulo 268
Analizándolo bien, más allá del lazo de sangre con Isabel, no existía ninguna otra conexión real. Especialmente desde que la trajeron de vuelta; desde la perspectiva de Isabel, ellos nunca la habían tratado bien.
“Pero, ¿qué tan difícil fue ella en aquel entonces?” Las palabras de Carmen sobre el pasado resonaban en su mente, alimentando su frustración.
Cuando Esteban se giró para subir al auto, Patricio se zafó del agarre del guardaespaldas. Trastabillando en la nieve, agarró la manga del abrigo de Esteban.
-Señor Allende, por favor, tenga piedad del Grupo Galindo.
Esteban bajó la mirada. Cuando volvió a enfrentar a Patricio, el hielo en sus ojos podría haber congelado el infierno.
Patricio, con la respiración entrecortada, insistió:
-Somos los padres de Isabel, después de todo.
-¿Padres? -la voz de Esteban destilaba veneno-. ¿Los mismos padres que casi la matan? Señor Galindo, ¿cómo tiene el descaro de pedir semejante favor?
El tono de Esteban se volvió más peligroso. Todo rastro de humor desapareció de sus ojos, reemplazado por una amenaza silenciosa que hizo que Patricio sintiera un escalofrío recorrerle la espina dorsal.
-Pero… pero eso no fue culpa de Iris. Isabel lo malinterpretó todo.
Antes de que pudiera terminar su explicación desesperada, Esteban ya había subido al auto, dejándolo con la mano extendida en el aire gélido.
La ventanilla del auto bajó a medias. Los ojos de Esteban brillaban con una amenaza velada.
-Si el señor Galindo cree que es un malentendido, entonces este malentendido necesita que alguien pague las consecuencias -una sonrisa cruel curvó sus labios-. Y siendo ustedes sus padres, eso los hace aún menos perdonables, ¿no le parece?
“Los que debían protegerla fueron quienes la llevaron al borde de la muerte, casi sin posibilidad de retorno“.
Patricio se quedó paralizado. La frase “menos perdonables” resonó en su pecho como un trueno devastador. Su rostro, ya pálido por el frío, perdió el último rastro de color.
Cuando intentó decir algo más, la ventanilla ya estaba cerrada y el auto comenzaba a moverse. Dio un paso instintivo hacia adelante, resbalando en la nieve traicionera.
Para cuando recuperó el equilibrio, solo quedaba ante él la silueta del auto alejándose y el viento cortante azotando su rostro.
Dentro del auto, el ambiente cálido contrastaba brutalmente con el exterior. Esteban,
sintiéndose sofocado por la rabia contenida, estrechó a Isabel entre sus brazos.
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Capítulo 268
-¿Por qué no la mataste en ese momento?
Isabel inhaló profundamente y alzó la mirada hacia él.
-Estaba sola y ellos eran muchos. No podía contra todos.
Esa admisión de vulnerabilidad hizo que los ojos de Esteban se oscurecieran peligrosamente. Desde un ángulo que Isabel no podía ver, su mirada emanaba una hostilidad extrema y una promesa silenciosa de venganza.