Capítulo 279
Con un movimiento fluido, Esteban giró sobre sí mismo, atrapando a Isabel bajo su cuerpo. El calor que emanaba de él la envolvía como una manta.
-¿Así que es eso lo que te preocupa tanto, pequeña? -su voz grave acarició el oído de Isabel.
Isabel se encogió instintivamente, haciéndose más pequeña bajo su peso, como una presa acorralada. Sus mejillas ardían y su corazón latía desbocado contra su pecho.
La vulnerabilidad en su rostro arrancó una sonrisa tierna de Esteban, quien se inclinó para rozar
sus labios con delicadeza.
-¿Quién crees que podría atreverse siquiera a señalarnos, Isa?
El silencio de Isabel solo amplificaba el sonido de sus respiraciones entrelazadas. Esteban le acarició el cabello con ternura antes de volver a recostarse, atrayéndola contra su pecho.
-Mi pequeña tonta -murmuró con una mezcla de diversión y resignación ante sus miedos.
Isabel se acomodó entre sus brazos, buscando ese lugar perfecto que parecía hecho a su medida. Sabía que era inútil tratar de alejarlo ahora. Siempre había sido así, desde que tenía uso de razón. En su mundo, Esteban era quien tomaba las decisiones, quien marcaba el rumbo. Y ahora, con cada caricia, con cada beso, la había llevado a un punto sin retorno donde ya no podía, ni quería, decidir por sí misma.
Un suspiro escapó de los labios de Esteban mientras besaba su frente. No era suficiente… nunca lo era. Cada roce encendía un fuego más voraz en su interior, un hambre que parecía imposible de saciar.
Isabel sintió el cambio en su respiración, en la tensión de sus músculos. Su cuerpo entero se puso en alerta.
-Esteban… todavía estoy lastimada -su voz salió como un susurro tembloroso.
La forma en que pronunció su nombre, cargada de ansiedad y vulnerabilidad, dibujó una sonrisa en el rostro de Esteban. Jamás imaginó que su nombre pudiera sonar tan dulce en esos labios.
-Lo sé–respondió con voz aterciopelada.
-¿Entonces por qué no…? -Isabel dejó la pregunta en el aire, incapaz de completarla.
“¿Por qué no te vas?“, pensó. El calor entre ambos amenazaba con consumirla. Especialmente después de la noche anterior, después de la medicina… su forma de tocarla había cambiado, volviéndose más posesiva, más dominante. Era evidente que apenas estaba descubriendo esta nueva faceta de su relación, y como todo lo que hacía, la abordaba con una intensidad
abrumadora.
-La medicina de hace rato… dolió mucho -murmuró Isabel, esperando que entendiera la súplica implícita.
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-¿Y qué sugieres que hagamos? -el tono juguetón en su voz no ocultaba del todo el fuego que ardía en sus ojos.
-¿Eh? -los ojos de Isabel se abrieron con alarma.
“¿Qué quiere decir con eso? Obviamente deberías irte… ¿no ves que estoy herida?”
Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras lo miraba.
-Me da miedo.
Esa mirada vulnerable solo pareció intensificar el deseo en los ojos de Esteban.
-De verdad que eres una delicada.
-Es tu culpa por malcriarme tanto la voz de Isabel se quebró.
Esteban depositó un beso suave en su frente.
-Si, yo te malcrié. Todo es mi culpa -admitió, pensando en cómo había fomentado su rebeldía desde pequeña.
Isabel empujó suavemente su pecho.
-Entonces ya vete a tu cuarto.
Era imposible que durmieran juntos. Si seguían así… No quería ni pensarlo. El dolor sería insoportable.
Pero Esteban no se movió. En lugar de eso, cuando Isabel intentó alejarlo con más firmeza, atrapó su mano entre las suyas.
-¿¿¿???
En la mansión Galindo, la habitación de Iris parecía más lúgubre y sombría que nunca. Su voz, dulce y manipuladora, flotaba en el aire como veneno.
-La familia Blanchet es más peligrosa de lo que parece, hermano. Son traficantes de armas franceses con conexiones en ambos mundos -Iris jugaba con un mechón de su cabello-. Isabel está en peligro con ellos. Deberías buscar la manera de sacarla de ahí… después de todo, es tu hermana.
Valerio frunció el ceño.
-Iris, tú…
-Estoy bien -lo interrumpió con una sonrisa frágil.
“No podemos dejar que Isabel siga bajo la protección de los Blanchet. Si continúa así, yo… yo no tendré escapatoria“, pensó Iris, consumida por los celos.
-¿Cómo esperas que esa ingrata quiera volver con nosotros? -Valerio apretó la mandíbula-. Tú la conoces.
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Capítulo 279
-Tenemos que encontrar la manera. En nuestro mundo, nadie tiene la vida comprada. Nunca sabes si verás el amanecer o…
“Idiotas“, pensó Iris, al borde de la desesperación. “¿Creen que es tan fácil arrebatarle alguien a la familia Blanchet?”
En el fondo, se preguntaba si tal vez, solo tal vez, si Isabel volviera y ella fingiera ser una buena hermana… ¿dejaría de hacerle la vida imposible?
Aunque hablaba de irse al extranjero, un presentimiento oscuro le oprimía el pecho. Algo le decía que ese viaje no saldría como lo planeaban.
-Dejemos de hablar de ella cortó Valerio-. Me ocuparé primero de tu viaje.
El impacto de Isabel en la familia Galindo había sido como un terremoto que seguía enviando réplicas. Pero a Valerio ya no le quedaba simpatía alguna por ella. Su vida o su muerte… le daban exactamente igual.
Carmen interceptó a Valerio en el pasillo después de que saliera de la habitación de Iris. Sus quejas sobre cómo Isabel estaba destruyendo la vida de su hija adoptiva llenaron el aire.
-La mandaré lejos lo antes posible–fue todo lo que pudo responder.
Su asistente ya estaba gestionando los detalles. Si todo salía según lo planeado, Iris abandonaría Puerto San Rafael al día siguiente.
¿Qué más podían hacer? Jamás imaginaron que aquella niña que despreciaron se convertiría en la princesa de los Blanchet, una familia cuyo poder apenas comenzaban a comprender.
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