La Heredera 329

La Heredera 329

Capítulo 329 

Etsudor le empapaba la frente mientras Yeray corría, sus músculos ardiendo por el esfuerzo sobrehumano de mantener la distancia con Esteban. Cada paso era una batalla contra el agotamiento, pero el instinto de supervivencia lo mantenía en movimiento. Después de lo que pareció una eternidad, finalmente logró llegar al refugio en el sur de Avignon, su respiración entrecortada resonando en el silencio de la noche

Su asistente, que lo esperaba con evidente preocupación, le entregó un abrigo negro. Yeray lo arrebató con un movimiento brusco y se lo lanzó a Isabel

-Póntelo

Isabel permanecía de pie, su ropa de casa arrugada y desaliñada por la abrupta huida, revelando la vulnerabilidad que tanto se esforzaba por ocultar. Sus ojos, sin embargo, ardían con una furia apenas contenida mientras lo fulminaba con la mirada

Yeray apretó la mandíbula, irritado por su actitud desafiante

-¿A quién crees que le estás haciendo berrinche? No soy Esteban para andarte consintiendo tus caprichos. Ponte el abrigo de una vez

Los labios de Isabel se curvaron en una sonrisa maliciosa. Con un movimiento veloz y preciso, le lanzó el abrigo directo a la cara, envolviéndolo momentáneamente en la oscuridad de la tela. Yeray se lo arrancó con un gruñido de frustración

-Con ese carácter que te cargas, me sorprende que hayas sobrevivido en Puerto San Rafael sin meterte en líos. Cualquiera con dos dedos de frente sabría cuándo agachar la cabeza

Isabel se cruzó de brazos, su postura emanando rebeldía

-¿Y a ti qué te importa si me meto en problemas o no? Dame mi celular

La urgencia en su voz revelaba sus verdaderas intenciones: quería contactar a Esteban. Yeray alzó una ceja, escéptico

-¿Me dices a

-¿Pues a quién más le estoy hablando

ET rostro de Isabel se contrajo en una mueca de molestia apenas contenida

-¿Traías tu celular contigo

La pregunta pareció despertar algo en la memoria de Isabel. Su expresión cambió gradualmente mientras recordaba cómo había arrojado el teléfono durante su huida. El color abandonó su rostro

-¿Apenas te acuerdas? -Yeray no pudo evitar el tono burlón en su voz

Los ojos de Isabel brillaron con indignación

-¿Y por qué no me ayudaste a recogerlo

Yeray soltó una risa seca, incredulidad pintada en su rostro

-¿Es en serio? Allende casi me alcanza. Si me hubiera detenido un segundo más-sacudió la cabeza-. Isabel, ¿que tanto te ha malcriado Esteban estos años? ¿En qué mundo vives

Isabel levantó el mentón, desafiante

-Si tanto te molesto, ¿por qué no me regresas

Yeray la observó en silencio, reconociendo la provocación en sus palabras

-Ni lo sueñes

¡Perfecto, perfecto! -La impaciencia en la voz de Isabel era como chispas saltando de un cable pelado

Esta mujer está demasiado malcriada, pensó Yeray, recordando los años que había pasado bajo la protección de Esteban

-Te lo advierto, Isabel. No me busques. Tengo años de frustración acumulada y no querrás provocarme

Si dedicarle otra mirada, Yeray se alejó hacia sus aposentos. Cinco días en la carretera, persiguiendo un solo objetivo: evarse a Isabel. Cinco días durante los cuales apenas había logrado dormir una hora cada noche. Ahora que por fin estaba de vuelta en Avignon, lo único que anhelaba era hundirse en un sueño profundo

17.56 

papitola 829 

Acababa de salir de una ducha caliente y estaba a punto de meterse en la cama cuando un estruendo sacudió los cimientos de la villa. Sus instintos, afinados por años de peligro, lo impulsaron a saltar por la ventana sin dudarlo

La escena que encontró era caótica: Isabel sonreía con satisfacción mientras los sirvientes, con rostros pálidos por el pánico, corrían de un lado a otro intentando controlar un incendio en la cocina

El mayordomo se acercó apresuradamente, lanzando una mirada de reproche hacia Isabel que lo decía todo

-Señor… 

Yeray entrecerró los ojos, clavando su mirada en Isabel

-¿Tú provocaste esto

La cocina estaba parcialmente destruida, el aire cargado con el inconfundible olor a gas

Isabel esbozó una sonrisa inocente que no engañaba a nadie

-Fue un accidente. Solo quería cocinarle algo especial a mi prometido -pronunció la última palabra con un énfasis deliberadamente provocador

El mayordomo dejó escapar un suspiro resignado. ¿Quién en su sano juicio probaría ese platillo

La ira burbujeaba en el pecho de Yeray, amenazando con desbordarse. Sus ojos, ahora convertidos en rendijas amenazantes, se clavaron en Isabel

-¿Tanto deseas morir

Las vendas que cubrían su cuello, hombros y manos eran un recordatorio silencioso de los peligros que había enfrentado. Notó cómo Isabel lo estudiaba de arriba abajo, sus ojos calculadores buscando algo

-¿Qué tanto miras

-Busco el mejor lugar para morderte -respondió ella con naturalidad, rechinando los dientes como si realmente estuviera considerando dónde clavar sus colmillos para causar el mayor daño posible

Yeray sintió que la última gota de su paciencia se evaporaba. Arrojó lo que tenía en la mano al suelo, temiendo que si ella seguía provocándolo con esa lengua viperina, perdería completamente el control

En un movimiento veloz, su mano se cerró alrededor del cuello de Isabel

-¿Crees que no me atrevería a estrangularte? 

La furia bullía en sus venas, el deseo de darle una lección ardiendo en su interior. Pero antes de que pudiera hacer algo Isabel agarró su brazo y, sin la menor vacilación, hundió sus dientes en su muñeca

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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