Capítulo 333
Isabel había pensado, ingenuamente, que la pesadilla terminaría con la partida de Yeray. Pero el muy desgraciado tenía Stros planes: envió a una criada para vigilarla durante la noche.
“Como si no fuera suficiente tortura“, pensó Isabel mientras observaba a la mujer, que por su postura y manera de moverse, evidentemente tenía entrenamiento en defensa personal.
Después del altercado con Yeray, Isabelse dio un largo baño intentando calmar sus nervios. Al salir envuelta en su bata, encontró a la criada acomodando unas cobijas en el sofá.
-Con permiso, señorita -murmuró la mujer con una falsa cortesía que solo sirvió para aumentar la irritación de Isabel.
La sangre le hervia al pensar en Yeray. “¿Así que piensa tenerme vigilada día y noche como si fuera una prisionera?”
-No me gusta compartir la habitación con nadie -declaró Isabel con voz cortante.
La criada ni se inmutó.
-Lo siento, señorita, pero eso tendrá que discutirlo con el señor.
¿Disculpa?
“Perfecto, como si quisiera volver a ver su cara“, pensó Isabel mientras terminaba de secarse el cabello. Con un gesto de fastidio, arrojó la toalla al aire y se metió a la cama. La criada pareció relajarse al verla “cooperar“.
La mujer había pasado todo el día siguiendo los pasos de Isabel, quien casi provocó un incendio en su intento por causar caos en la villa. Ahora que finalmente parecía calmarse, la criada envió un mensaje discreto a Yeray antes de acomodarse
en el sofá.
En su habitación, Yeray contemplaba la fotografía que acababa de recibir mientras sostenía una copa de vino tinto. Su bata de dormir entreabierta revelaba su torso. En la imagen solo se distinguía un bulto bajo las cobijas – era evidente que Isabel se había escondido para mostrar su descontento.
Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios.
-Ya está aquí y todavía se atreve a hacer berrinches.
Oliver Méndez, que lo acompañaba, echó un vistazo instintivo a su propio celular.
-¿De verdad lograste traer de vuelta a la princesita Isabel?
No pudo evitar que la vergüenza tiñera su voz. La hermana adorada de Esteban… y él que pensaba que Yeray habia salido por otros asuntos. ¿Quién iba a imaginar que se atrevería a secuestrar a Isabel, recién recuperada por Esteban? Era como patear un avispero furioso.
Al ver la expresión impasible de Yeray, Oliver casi se jala los cabellos de la desesperación.
-Por lo menos… ¿no hubiera sido mejor traer a Vanesa? -sugirió con cautela-. No me digas que te tomaste en seri aquella broma de matrimonio que hizo el viejo Allende hace años.
Cuando el padre de Esteban aún vivía, había mencionado casualmente que casaría a Isabel con Yeray cuando ella creciera. Esteban nunca ocultó su desagrado ante la idea. Después de todo, él había criado a Isabel como su hermana y naturalmente se negaba a que otros decidieran sobre su futuro.
Yeray soltó una risa amarga y vació su copa de un trago
-¿Broma? ¿Las palabras de los patriarcas son broma?
-¿No fue el mismo Esteban quien dijo después que era una broma?
Y el qué es de Isabel? ¿Su verdadero pariente?
Oliver guardó silencio La actitud de Yeray le provocaba escalofrios.
-Mira, no vayas a hacer una locura. ¿No te das cuenta de lo que Isabel significa para Esteban?
hombre era conocido por su obsesión protectora hacia Isabel – casi arrancaba los ojos a cualquiera que se atreviera a
rarla. Y ahora Yeray la habia secuestrado Esto solo podia terminar en desastre
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apitulo 333
Lo importante ahora es conseguir ese documento de Esteban. Después de obtenerlo, le devolverás a la chica, ¿verdad?
Pensando en el documento que tanto ansiaba Yeray, toda esta locura parecía tener algo de sentido. Pero la expresión de Yeray sugería otros planes.
Arqueó una ceja hacia Oliver.
-¿Devolverla?
-Espera, ¿qué quieres decir? No me digas que… Yeray, escúchame…
Oliver se quedó sin palabras. En Francia, todos sabían que Isabel era la línea roja de Esteban. Cuando la debilidad de alguien es tan evidente, nadie se atreve a jugar con ella a la ligera. Yeray era el primer idiota en intentarlo.
-¿Ya se te olvidó cómo te ha estado persiguiendo Esteban todos estos años?
Los últimos años habían sido un infierno para Yeray, con Esteban interfiriendo constantemente en sus negocios. ¿Y todo porque una vez se atrevió a molestar a Isabel? ¿Acaso estaba cavando su propia tumba al pretender quedarse con todo? -Si no fuera así, ¿cómo podría acabar definitivamente con la familia Méndez? -respondió Yeray con frialdad.
Oliver sintió que se le helaba la sangre. La mención de la familia Méndez todavía le provocaba un dolor agudo en el pecho. -Tu tío fue demasiado cruel contigo.
Yeray depositó su copa vacía sobre la mesa sin responder. Cuando iba a tomar su celular, un ruido sordo resonó en la distancia. No le dio importancia.
Oliver seguía intentando hacerlo entrar en razón.
-Te lo advierto, no te metas con Esteban a la ligera. Estás en un momento crítico, tienes que mantener la cabeza fría. Yeray parecía no escucharlo. Seguía bebiendo copa tras copa, mientras su mente volvía obsesivamente a las marcas en el cuello de Isabel. Al recordar la información que había recibido antes, sus ojos se volvieron fríos.
Mientras tanto, después de noquear a la criada con un golpe certero, Isabel le quitó el celular y se vistió rápidamente. Se deslizó en silencio hacia el estudio.
Durante el día había memorizado el plano de la villa y había visto a Yeray entrar varias veces al estudio. Su habitación estaba justo al lado de la de él, así que se movió con extremo sigilo.
Una vez dentro, buscó febrilmente el documento que había visto en el avión. Finalmente lo encontró en uno de los cajones del escritorio.
Su habitación y la de Yeray estaban en el tercer piso, y mientras sostenía el documento entre sus manos temblorosas, su mente ya trabajaba en un plan de escape.
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