Capítulo 365
Yeray respondió dándole un golpe seco en la cabeza con el arma.
-¿Será que te consentí demasiado pronto? -su voz resonó con un desprecio apenas
contenido.
Los labios de Isabel se tensaron en una línea delgada. La indignación burbujeaba en su interior ante semejante descaro.
“Este tipo no tiene vergüenza“, pensó Isabel mientras su mirada se tornaba más intensa. “¿Cómo se atreve a hablar de consentir cuando él…?”
-Habla ordenó Yeray, su mandíbula tensa por la irritación creciente.
Isabel torció los labios, su mirada cargada de desprecio. Yeray reconoció esa expresión al instante – la misma que precedía cada uno de sus ataques. Los recuerdos de su infancia compartida no lo habían preparado para descubrir los afilados colmillos que escondía esta mujer. Las marcas de sus mordidas, aún sin sanar, eran testimonio vivo: profundas en su cuello, en el dorso de sus manos, y especialmente aquella en su muñeca que parecía querer
alcanzar el hueso.
-Te estoy diciendo que hables, ¿qué no me oyes? -la furia comenzaba a dominar su voz.
La respuesta de Isabel fue una mirada que lo atravesaba como si fuera el ser más patético sobre la tierra. Sus ojos transmitían un mensaje claro: sus amenazas eran tan efectivas como una gota de agua contra una roca. En su mente, él no era más que un demente haciendo el
ridículo.
La sangre de Yeray hirvió al interpretar ese silencioso desprecio. Con un movimiento brusco, golpeó la cabeza de Isabel con la culata del arma.
-¡Te estoy diciendo que hables! ¿No me estás escuchando?
La paciencia de Isabel finalmente se quebró como una rama seca.
-¿Y qué quieres que diga? -explotó, su voz vibrando con frustración contenida.
-¿No te he dicho de qué hablar? -respondió Yeray.
“¿Es que la rabia lo volvió idiota?“, se preguntó Isabel mentalmente mientras ponía los ojos en
blanco.
Yeray captó ese gesto de desprecio y su mano se cerró alrededor del cuello de Isabel.
-Di, ¿qué estás murmurando sobre mí en tu mente?
-¿Que pareces un imbécil? -respondió ella sin titubear.
La expresión de Yeray se congeló por un instante.
-¿Crees que no sería capaz de torcerte el cuello ahora mismo?
Capítulo 365
-Entonces definitivamente tendrías que morir conmigo -respondió Isabel con una calma desconcertante.
El miedo a la muerte era un lujo que Isabel no se permitía. Las enseñanzas de Vanesa resonaban en su memoria: ante el peligro, el temor es tu peor enemigo. Un momento de debilidad era todo lo que el adversario necesitaba para dominarte por completo.
-Bien, bien, bien -masculló Yeray-. Ahora dime, ¿Timothy ya le entregó las cosas a tu hermano?
El énfasis en la palabra “hermano” fue deliberado, como una daga dirigida a recordarle su
vínculo con Esteban.
-No sé–respondió Isabel, sosteniendo su mirada.
-Siempre estás pegada a Esteban, ¿cómo no vas a saber?
-Realmente no sé.
Los dedos de Yeray se tensaron alrededor de su cuello, la frustración consumiendo su
racionalidad.
Un golpe en la puerta interrumpió el tenso momento.
-¡Auxi…! -el grito de Isabel fue silenciado por la mano de Yeray, quien la miró con ojos
asesinos.
-Hermano, soy yo -la voz de Oliver Méndez resonó desde el otro lado.
Al reconocer la voz, Isabel se tranquilizó. Yeray retiró su mano y le dirigió un gesto amenazante, como si fuera a abofetearla. Isabel, por instinto, se cubrió el rostro, pero el golpe nunca llegó. En su lugar, Yeray la apartó de la puerta y la abrió.
Oliver entró precipitadamente. Sus ojos se desorbitaron al ver a Isabel.
-¿Ella? ¿Cómo está aquí? -tartamudeó-. ¿Te has vuelto loco? ¿Secuestrarla aquí?
Los recuerdos de su última aventura hicieron que sus piernas temblaran. Estaban en territorio de Esteban, y él también estaba en el crucero. La experiencia le había enseñado que seguir a Yeray significaba poner tu vida en juego a cada momento.
-Entonces, ¿por qué no te escapas ahora? -espetó Yeray-. ¿Qué estás haciendo aquí?
“¿Todavía piensa llevarme con él?“, se preguntó Isabel, incrédula.
-¿Así que debo huir? -la voz de Yeray destilaba veneno.
-No es eso–respondió Oliver-. Lo que has hecho es con la princesa Isabel, ¿y ahora vas a devolverla?
-Te lo digo, ahora mismo, o estoy yo sin Isabel, o está Isabel sin mí, o huyes con nosotros.
“¿Por qué suena tan extraño?“, pensó Isabel. “¿O estoy yo sin Isabel o está Isabel sin mí? ¿Qué clase de ultimátum es ese?”
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Capítulo 365
Antes de que Yeray pudiera expulsar a Oliver, Isabel estalló:
-¡Les digo que preferiría morir antes que abandonar este barco!
Las miradas de ambos hombres se clavaron en ella.
Oliver se acercó, apretando los dientes.
-Tú, mocosa desgraciada, aún no hemos saldado cuentas por lo del perro. Casi me rompo la pierna por tu culpa, tienes que compensarme.