Capítulo 164
El aroma penetrante del desinfectante se colaba por cada rincón del hospital, haciendo que Carmen sintiera náuseas. Sus ojos cansados se posaron en la figura frágil de Iris sobre la
cama.
-Deberías descansar un rato, mi niña -murmuró Carmen, ajustando las sábanas alrededor de su hija adoptiva.
Sus pensamientos vagaron hacia Sebastián. “Seguramente ha estado ocupándose de todo“, se dijo a sí misma, intentando justificar su ausencia.
-No te angusties tanto por Sebastián. Él solo tiene ojos para ti. Tanto estrés no te hace bien.
Las palabras del especialista resonaban en su mente como un eco ominoso, formando un nudo en su garganta que amenazaba con ahogarla. La incertidumbre sobre el futuro de Iris pesaba sobre sus hombros como una losa.
Los ojos de Iris brillaron con lágrimas contenidas.
-Es que no puedo evitarlo, mamá. Siento que esta vez…
-No sigas. -Carmen la interrumpió bruscamente, el miedo filtrándose en su voz.
Esas corazonadas que a veces tenía la gente… eran las que más terror le daban.
-El médico dice que has respondido bien al tratamiento estos días. No hay nada de qué
preocuparse.
El rostro pálido de Iris se iluminó levemente.
-¿Me lo juras?
Carmen asintió con firmeza, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
-Por supuesto que sí, mi amor.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios resecos de Iris.
Después de arrullar a Iris hasta que se quedó dormida, Carmen salió al pasillo. El silencio nocturno del hospital solo era interrumpido por el pitido distante de las máquinas y el murmullo ocasional de las enfermeras.
Sus dedos temblorosos marcaron el número de Valerio una y otra vez, pero cada intento terminaba en el vacío de la línea muerta. Lo que ella ignoraba era que su hijo estaba atrapado en una interminable reunión con Patricio, encerrados en la sala de conferencias incluso a las tres de la madrugada.
Carmen se recargó contra la pared fría del pasillo, sintiendo el peso de la soledad oprimir su pecho.
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Capitulo 164
El reloj marcaba las siete de la mañana cuando Valerio y Patricio finalmente emergieron de la sala de conferencias, arrastrando el cansancio de la noche en blanco. Fue entonces cuando Patricio notó los hematomas que decoraban el rostro de su hermano.
-¿Qué te pasó en la cara?
Valerio se tensó visiblemente ante la pregunta. Sus dedos rozaron instintivamente las marcas, provocándole una mueca de dolor.
-Me golpeé, es todo.
-¿En ambos lados? -Patricio entrecerró los ojos con suspicacia.
Era evidente que esas marcas no eran producto de un simple accidente.
Valerio guardó silencio. Hablar de esas heridas significaba mencionar a Isabel y la llamada de su madre del día anterior.
Patricio dejó escapar un suspiro cansado.
-¿No crees que hay alguien detrás de todo esto?
Los socios abandonando sus contratos uno tras otro, los recursos cortados de golpe… todo parecía demasiado coordinado para ser casualidad.
-¿Crees que sean los Bernard? -aventuró Patricio.
Valerio negó con la cabeza.
-No, ellos no lo harían. Sebastián no lo permitiría.
A pesar del descontento de la familia Bernard con los Galindo, un ataque así no era su estilo. Además, si fuera obra suya, el impacto no habría sido tan devastador.
-¿Entonces quién? -insistió Patricio, la preocupación grabada en sus facciones.
La imagen del hombre en la oficina de Isabel destelló en la mente de Valerio como un mal presagio.
En el Chalet Eco del Bosque, Isabel contemplaba su reflejo en el espejo del baño. Sus dedos trazaron suavemente los moretones que pintaban su cuello en tonos violetas y azulados, mientras su corazón latía con aprensión.
Se había refugiado en su habitación como un animal herido, aguzando el oído ante cualquier sonido que pudiera indicar la partida de Esteban. Pero las horas pasaron, y a las nueve de la mañana, él seguía ahí.
Los golpes en su puerta la sobresaltaron.
-Isa, ya es hora de levantarse.
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Capítulo 164
Isabel cerró los ojos, respirando profundamente.
-Estoy algo cansada, quiero dormir un poco más.
“¿Cómo voy a explicarle estas marcas?“, pensó, rozando las heridas de sus labios. La situación se complicaba cada vez más.
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apitulo 165