Capítulo 15
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El escándalo de la boda me convirtió en tendencia en las redes sociales exitosamente. Al despertar, abrí mi celular y las llamadas de desconocidos que llovían amenazaban con hacer pedazos mi teléfono. Intuí que venían problemas graves. A los pocos días, mi información personal y de la empresa fue filtrada en internet, empeorando aún más la situación.
Temprano al llegar a la oficina, apenas salí del auto fui rodeada por una horda de periodistas de farándula que me acechaban por todos los costados. Por suerte, Rosa se anticipó y me rescató con ayuda de los guardias de seguridad.
A pesar de que la que obró mal fue Isabel, como padece una enfermedad terminal, los internautas me acosaron de forma masiva, no solo atacándome a mí sino también asediando la tienda oficial de la compañía, impidiendo temporalmente su funcionamiento normal.
El departamento de relaciones públicas implementó un plan de emergencia, pero los resultados no fueron los ideales.
Agobiada por todo esto, convoqué a los abogados para discutir la redacción de un comunicado, preparándome para defender mis derechos legítimos por la vía legal.
Ocupada sin descanso alguno hasta altas horas de la noche, noté que los reporteros apostados frente al edificio de oficinas se habían dispersado en su mayoría, así que me dispuse en ese instante a recoger mis cosas para irme.
Sin embargo, al levantarme del escritorio, alguien llamó a la puerta. Alcé instintiva la vista y para mi sorpresa, era Antonio.
Fruncí el ceño, con tono siniestro:
-¿Qué haces aquí?
Antonio lucía algo demacrado y más delgado.
Supongo que estos días cuidando a Isabel lo han agotado, sin mencionar que también está muy ocupado con los asuntos de su Grupo Martínez. Con su constitución física, ¿cómo podría soportarlo?
Antes, me habría preocupado muchísimo por él. Pero ahora, en realidad siento que se lo buscó.
Antonio se me acercó, mirándome intensamente con voz suave:
-La empresa está en problemas, vine a ver si puedo ayudar en algo…
Esbocé una leve sonrisa:
Gracias, no es necesario.
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Capítulo 15
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—María… no te hagas la fuerte, sé que estás pasando por momentos muy difíciles, solo te estás esforzando por aguantar.
Siguió aproximándose, con un tono que parecía de compasión.
Me molestó mucho, sin entender a qué se debía su repentina amabilidad.
Lo ignoré con rabia, tomé con rapidez mi abrigo que colgaba detrás y mi bolso dispuesta a irme:
-Si paso por dificultades o no, no es asunto tuyo. Basta con que no me fastidies y listo.
Pasé junto a él, sin intención alguna de ponerme al día, pero inesperadamente extendió sus brazos para abrazarme:
-María…
-¡Antonio!
Me estremecí y el fuerte rechazo me hizo resistirme violentamente como si me electrocutara:
-¡Suéltame! Ya no tenemos nada que ver, mejor jaléjate de mí!
Pero en vez de soltarme, apretó más sus brazos rodeándome con más fuerza.
Me erice, con una instintiva repulsión física.
-María… no seas así, sé que me odias, todo es culpa mía…
Hundió su rostro en mi cuello y empezó a arrepentirse.
Desconcertada, pensé un poco y le pregunté:
-¿Acaso Isabel murió?
Él había dicho que cuando Isabel muriera volvería conmigo. Ahora con este cambio repentino de actitud, ¿será que Isabel falleció y viene a recuperarme?
-No…
Su voz apagada llegó desde mi cuello, abatido:
-La condición de Isabel se estabilizó por ahora, pero sigue muy grave.
¿No murió? Entonces, ¿a qué viene esto?
-María, el otro día doné sangre y me sentí muy mal… Estuve en cama dos días para recuperarme, pensando en todas las veces que tú me donaste sangre y seguías cuidándome…
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Comprendí, mi corazón se estremeció, pero me pareció muy irónico. ¡Recién ahora que lo vivió en carne propia se da cuenta de todo lo que hice por él durante tantos años!
-Y lo de que Isabel es tu hermana, también deberías habérmelo dicho antes…
Seguía tembloroso murmurando.
Insistí en apartarlo, retrocedí un paso y pregunté con calma:
-Si te lo hubiera dicho, ¿te habrías puesto de mi lado?
Él frunció un poco el ceño, me miró vacilante por un momento y volvió a cambiar de actitud:
-Es cierto que Isabel actuó mal, pero ya está pagando las consecuencias, ¿todavía vas a guardarle rencor?