Capítulo 30
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-Vivo sola, puedo vivir donde sea. Esa casa me trae malos recuerdos, me incomoda–dije deliberadamente con dureza, expresando total desprecio por la villa.
Aunque en realidad, todo en esa villa lo había elegido y decorado yo misma, en realidad me
encantaba.
Pero ahora nada era más importante que el brazalete de perlas de mi madre.
-Bien, ¿cuánto quieres?
-Cien mil.
En realidad, debería descontarse la depreciación de la decoración y los muebles, pero no quería ser tan justa. Él me había traicionado con vileza primero, ¿por qué debería considerarlo?
-Te doy quinientos mil, mañana por la tarde hacemos el traspaso. No tienes que mudarte con prisa, puedes quedarte todo el tiempo que quieras Antonio fue sorprendentemente generoso.
-Solo quiero cien mil, ni un peso más. Y me mudaré pronto.
cuando recayera,
Me incomodaba aceptar más dinero Temía
suyo.
que
realmente me pidiera más transfusiones, y esos cuatrocientos mil extras se convertirían en el precio de mi vida.
Al ver mi determinación, Antonio se entristeció de inmediato:
-María… lo nuestro fue amor verdadero, ¿por qué tienes que ser tan…?
-Hasta mañana -lo corté y colgué antes de que terminara su estúpido teatro sentimental.
Calculé cuidadosa: ahora tenía más de cien mil, y si pedía un préstamo bancario a nombre de la empresa, podría conseguir otros cien mil.
No era lo más apropiado, pero no tenía alternativa.
Hace años fui con Antonio a subastas benéficas similares. Los millonarios tiraban despreocupados el dinero y, para ganar prestigio, solían pagar varias veces el valor de los artículos.
Si el precio inicial del brazalete era alrededor de 300,000 dólares, necesitaría al menos un millón.
Un millón… para mí esto era una cifra astronómica…
Repasé mentalmente todos mis amigos, calculando cuánto podría pedir prestado. Con suerte, otros 200,000.
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Pero aún faltaban 700,000.
Otra noche sin dormir.
La tarde siguiente, Antonio vino a recogerme a la oficina.
No subí a su Rolls–Royce, conduje mi propio auto al centro administrativo.
Había mucha gente haciendo trámites. Después de tomar número, esperamos pacientes.
Antonio se ausentó un momento y volvió con un chocolate caliente.
-Hoy bajó la temperatura, hace demasiado frío. Toma algo caliente -me lo ofreció con tono suave y mirada cariñosa.
Lo miré v lo rechacé:
-No, gracias. Estoy a dieta.
Me gustaba el chocolate caliente y él lo sabía muy bien, pero era demasiado tarde.
-No estás gorda, ¿qué dieta? La salud es lo importante–se sentó a mi lado, insistiendo con la
bebida.
Seguí sin aceptar.
En ese preciso momento, sonó su teléfono.
Miró y colgó.
Pero volvió a sonar.
Noté al instante su impaciencia cuando dejó la bebida y contestó.
-¿Qué pasa ahora?
-Antonio, ¿dónde estás? Me siento mal, quiero verte… -estábamos tan cerca que pude oír la voz melosa de Isabel..
-Estoy trabajando en la oficina; estos días estoy muy ocupado, ya te lo dije -explicó con impaciencia Antonio.
Escuchando, no pude evitar una sonrisa irónica.
¿Ya empezaba con las mentiras?
Qué pena me daba Isabel.
-Antonio, ¿qué es más importante, el trabajo o yo? Tienes toda la vida para trabajar, pero no
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Capítulo 30
te queda mucho tiempo conmigo…
Antonio la calmó con paciencia:
-No hagas dramas, de verdad estoy bastante ocupado.
-¿Dramas? Antonio, ¡sé que estás con María! ¡¿Cuántas veces me has mentido?! ¡Prometiste no verla y sigues aún buscándola!
El repentino estallido de Isabel me sobresaltó al instante.
Sorprendida, miré a Antonio y luego alrededor.
¡Isabel estaba aquí!
Me quedé petrificada, esto era malo.
No porque le tuviera miedo, sino porque estaba desquiciada y no medía las consecuencias.
Los ataques contra mí en internet apenas se habían calmado, y no quería que con este nuevo escándalo volviera a ser tendencia.
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