Capítulo 33
-Me daré prisa, no quiero retrasar la celebración de la señora -añadí rápidamente, preocupada de que dudara de mis capacidades.
-No hay necesidad de apresurarse. Si el tiempo no alcanza, con hacer dos conjuntos será suficiente. Lo importante es tu salud, no te exijas demasiado.
Sus palabras de preocupación me hicieron revivir la vergonzosa escena de esta mañana, cuando me quedé dormida en su auto. Me sentí terriblemente apenada.
Lucas, percibiendo mi incomodidad, avanzó con su característico porte elegante:
-Ya que la señorita Navarro tiene un almuerzo pendiente, no la entretendremos más. Lo podemos dejar para otro momento.
Salí de mi ensimismamiento y asentí varias veces:
-Sí, hasta luego señor Lucas.
-Hasta luego.
Al sentarme en el auto, me sorprendió verlo acercarse para cerrar la puerta, despidiéndose con un gesto a través del cristal.
No sé si era porque tendía a idealizar a la gente de clase alta.
Pero me parecía que cualquier gesto suyo una sonrisa, un movimiento, incluso cuando el viento movía levemente su cabello–lucía especialmente diferente en él.
Esa refinada educación arraigada en sus huesos, esa elegancia y nobleza innatas, esa atención natural a cada detalle, me impresionaban profundamente.
El Pagani arrancó y se alejó lentamente.
Como por un impulso inexplicable, miré hacia atrás.
Lucas seguía en la entrada, observando mientras me alejaba.
C
Sentí otra oleada de calor interno y algunas emociones que no podía identificar claramente.
Pero su posición elevada y noble me impedía siquiera intentar descifrar qué eran exactamente esos sentimientos.
*
Al llegar a casa de mi abuela, mi tía y la empleada ya habían preparado el almuerzo.
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Capítulo 33
+25 BONOS
Había estado tan ocupada últimamente que hacía tiempo no me sentaba a comer tranquila. Ver la abundante comida frente a mí me llenó de càlidez.
Durante la comida, mi tía me preguntó sobre la subasta.
Mi corazón se estremeció.
No me atreví a decir la verdad frente a mi abuela, así que respondí con confianza:
–
-No se preocupen, ya reuní todo el dinero.
Mi abuela preguntó curiosa: -¿De dónde sacaste tanto dinero?
Mientras mordía una costilla al ajo, respondí con la boca llena:
-Le vendí la villa a Antonio. Al menos tuvo la decencia de darme por esta un millón, suficiente para recuperar el brazalete.
Mi abuela suspiró: -Está muy confundido… Por Isabel, un error lo llevó a otro.
-No está confundido, simplemente es malvado -no quería hablar más de él y cambié de
tema.
Después de comer, mi abuela fue a descansar.
Cuando me preparaba para irme, mi tía me detuvo.
-Dime la verdad, ¿cuánto te falta?
La miré, sabiendo que no podía engañarla, y confesé:
Haciendo todo lo posible solo pude juntar unos doscientos o trescientos mil, calculo que me faltan setecientos mil.
Mi tía frunció el ceño, evidentemente también asustada por esa cifra astronómica.
Puedo conseguir doscientos mil -dijo después de reflexionar un momento.
Me sorprendí: -¿De dónde sacará tanto dinero, tía?
Mi tía sonrió: -Son mis ahorros de estos años, más lo que tenemos guardado en casa. Al menos doscientos mil tengo.
-Pero si tío se entera…
J
-Él entenderá, después de todo es una reliquia de tu madre y algo muy importante para tu abuela -mi tía me tranquilizó para que no me sintiera presionada- No necesito el dinero con urgencia, primero recuperemos el brazalete.
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+25 BONO:
-Bien entonces, gracias tía. Mi empresa va bien, le devolveré todo con intereses.
-De acuerdo.
Esa misma noche, mi tía me transfirió los doscientos mil completos.
Pregunté a todos mis amigos cercanos y, usando la empresa como garantía, conseguí reunir
otros cien mil.
Hasta ahora, tenía quinientos mil.
Quedaba menos de una semana para la subasta y aún me faltaban quinientos mil.
Lo intenté todo, incluso consideré vender la empresa, pero no había tiempo suficiente para hacerlo en tan pocos días.
Después de mucho pensarlo, solo me quedaba una última opción. Ir a ver a Mariano.
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