Capítulo 139
Me convencí de que solo éramos amigos normales, y entre amigos era perfectamente normal reunirse a comer de vez en cuando.
Media hora después, llegué a La Esencia.
El gerente me reconoció:
-Señorita Navarro, su invitado ya llegó, está en El Privilegio.
-Gracias.
Mi corazón se agitó y hasta apresuré mis pasos.
El camarero abrió la puerta del privado y yo ya sonreía:
-Lu…
Me detuve al ver a la chica sentada junto a Lucas:
-¡Oh! ¿Mariana, tú también viniste?
Mariana sonrió dulcemente:
-¿No puedo venir? ¿Molesto su momento a solas?
Me sonrojé y miré nerviosamente a Lucas:
-No, no, me alegro de que estés aquí.
Fingí no haber oído lo del “momento a solas“, sin atreverme a responder.
Lucas me sirvió té y lo puso frente a mí:
Gracias–sonreí asintiendo.
-Cuando salía de la oficina, vino a buscarme y al saber que te invitabas a almorzar, insistió en venir -explicó Lucas sonriendo.
-Lo siento, debí haberle avisado a Mariana -me disculpé mientras me sentaba y dejaba mi bolso.
-No te preocupes, soy descarada y vine sin invitación. La próxima vez que tengan una cita, asegúrense de evitarme o vendré a cada una.
Mariana volvió a insinuar y me estremecí, esta vez tuve que explicar:
—Mariana, lo malinterpretas. No es una cita, tu hermano me ha ayudado mucho últimamente
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Capítulo 139
y prometí invitarlo cuando tuviera tiempo, como agradecimiento.
-Ah… -alargó la palabra con picardía y miró a su hermano-. ¿Es así, hermano?
Lucas permaneció tranquilo, sin mostrar ninguna reacción particular, bebió agua y respondió:
-Si María dice que es así, entonces es así.
¿Qué?
Mi corazón se agitó. ¿Qué significaba eso?
¿Si yo admitiera que era una cita, entonces sería una cita?
Afortunadamente, este momento incómodo y ambiguo no duró mucho porque el gerente llamó para servir la comida.
Me sorprendió que ya hubieran ordenado.
Notando mi sorpresa, Lucas explicó:
-Tengo compromisos esta tarde y voy con prisa, así que ordené antes de que llegaras. Todo recomendado por el chef Juan, debería estar bien.
-No hay problema, perfecto, tengo hambre también, así no hay que esperar.
Tomé la toalla caliente que me ofreció el camarero, me limpié las manos y me preparé para
comer.
Ahora estaba segura de que tenía planes para el mediodía y los había cambiado por mi invitación repentina, por eso tenía tanta prisa.
Combinando esto con las insinuaciones evidentes de Mariana que él no negó, mis pensamientos de estos días se confirmaban cada vez más.
Lucas definitivamente sentía algo más que una simple amistad por mí.
Quizás, como yo, dudaba por varias razones – tal vez mi bajo estatus, que aún no me divorciaba, u otras razones – y por eso también vacilaba, sin atreverse a romper esta tensión.
Este estado de ambigüedad era agotador, pero extrañamente lo disfrutaba.
Pensando en que relación.
Mariano enfrentaba la cárcel, en realidad temía que él aclarara nuestra
Porque realmente no estaba a su altura y no quería que lo criticaran por estar conmigo – que dijeran que el distinguido joven de los Montero, que podía elegir a cualquiera, terminó con la hija de un presidiario.
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