Capítulo 146
+25 BONOS
Antonio alzó la mirada hacia mí, nuevamente sorprendido. -María, realmente has cambiado. En solo dos meses, pareces una persona completamente diferente.
-¿Tú crees? Deberías felicitarme por mi renacimiento. Por fin dejé de ser una idiota a la que todos podían manipular.
Estos meses de cambios drásticos y golpes consecutivos fueron como un renacimiento entre las llamas para mí.
Agradezco haber sobrevivido, y que tanto mi vida personal como profesional hayan alcanzado un nuevo nivel.
Si hubiera sido un poco más débil, un poco más ingenua, seguramente me habría consumido en esas llamas, sin la oportunidad de estar aquí escuchando sus tonterías.
Los tres Martínez me miraron fijamente, sin palabras.
Suspiré, guardando cuidadosamente el acuerdo de divorcio mientras me giraba. -Cuídate, te espero en el registro civil.
Al abrir la puerta para salir, Antonio habló nuevamente.
-María, voy a ayudar a Mariano.
Me volví sorprendida.
-¿Ahora la enfermedad te afectó el cerebro? ¿Qué beneficio obtienes ayudando a los Navarro? -pregunté confundida.
Sorprendentemente, Antonio respondió: -Lo hago por ti.
-¿Qué?
-Estás cegada por la ira y no te das cuenta de lo que haces. No quiero que te arrepientas en el futuro. Me haré cargo de tus errores para que cuando recapacites, tu remordimiento no sea tan grande.
Las palabras absurdas de Antonio me dejaron paralizada en la puerta, con la mente hecha un lío.
Con expresión compleja, lo observé por un momento y solo se me ocurrió una explicación
forzada.
-No me digas… ¿te interesa la sangre de Mariano? Despierta, señor Martínez. Está viejo, tiene múltiples problemas de salud y apenas puede cuidarse a sí mismo. No podrá salvarte.
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Capítulo 146
+25 BONO!
-Tú… -el rostro de Antonio se oscureció, evidentemente enfadado, y finalmente espetó con dureza-: Al menos mi conciencia está tranquila.
-Como quieras. Si hubiera sabido que después de salvarte con tanto esfuerzo me apuñalarías por la espalda repetidamente, debería haberte dejado a tu suerte.
Estas palabras enfurecieron a Marta, quien gritó: -¡María!
Sin molestarme en responder, cerré la puerta de golpe.
Detrás, escuché a Marta gritar furiosa: -¡Antonio, divórciate de ella! ¡Hazlo ya! ¡¿Para qué quieres a una mujer que traiciona hasta a su propio padre?!
Me reí para mis adentros.
Mejor que Antonio escuche a su madre y se divorcie pronto, así yo quedaré libre.
Ya en el auto, volví a revisar el acuerdo de divorcio.
Para ser honesta, sentía cierta melancolía.
Lo amé tanto, durante tantos años, di tanto de mí… y este es el final. Cualquiera se sentiría insatisfecha.
Después de un momento de tristeza, me animé. Cuando iba a arrancar el auto, Sofía llamó.
-¡Querida! ¿Recibiste la notificación de la Universidad de Altamira? El próximo mes celebran su centenario, será un evento muy importante. Han invitado a muchos ex alumnos destacados.
Sofía y yo fuimos compañeras en la preparatoria y en la universidad, en la Facultad de Finanzas de Altamira.
-¿En serio? ¿Tú recibiste la invitación? -pregunté sorprendida.
-Sí, contactaron desde nuestra facultad. Seguro te invitarán también, tu proyecto de tesis todavía lo exhiben, además has ganado premios cada año.
-No sé, ya veremos.
Pensé que Lucas, quien cursó su licenciatura y maestría en Altamira, seguramente sería invitado como ex alumno distinguido.
-Por cierto, hoy era la audiencia de tu demanda de divorcio, pero dijiste que Antonio solicitó un aplazamiento. ¿Qué planeas hacer?
-Acabo de visitarlo en el hospital y le llevé el acuerdo de divorcio. Sorprendentemente lo firmó sin problemas. Si todo va bien, saldrá en una semana y tramitaremos el divorcio en el registro civil.
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