Capítulo 147
-¿En serio? ¿Cómo cambió de actitud tan repentinamente? -preguntó Sofía sorprendida.
-Ni yo lo sé. Está como loco, nadie entiende lo que piensa. ¿Puedes creer que dice que ayudará a Mariano? Según él lo hace por mí, porque teme que me arrepienta en el futuro. Como si quisiera redimir mis pecados.
-¿Quéee? -como esperaba, Sofía quedó atónita—. ¿Qué enfermedad tiene?, ¿Se volvió loco?
Sonreí, sin palabras para describir la situación.
Después de hablar con Sofía, seguía pensando en la celebración de la universidad. Quería preguntarle a Lucas si había recibido la invitación.
Pero… me daba vergüenza llamarlo para preguntar.
Después de todo, yo aún no recibía la mía.
Como si hubiera leído mis pensamientos, justo cuando pensaba en esto, sonó mi teléfono.
Era Lucas.
Sonreí ante esta coincidencia que me hizo estremecer, y rápidamente conecté el bluetooth. – Hola, ¿qué se le ofrece, señor Lucas?
Desde que me pidió que no lo llamara señor Montero, lo molestaba llamándolo “señor Lucas“.
Como esperaba, se rió al escuchar ese tratamiento.
-Con ese ‘señor‘ me haces parecer dos generaciones mayor -bromeó.
-Pero así te llama todo el mundo.
-Está bien, como quieras -después de reír, preguntó-. ¿Te invitaron al centenario de la Universidad de Altamira el próximo mes?
-Vaya, tú también preguntas por eso…
-¿Qué quieres decir?
-Sofía acaba de llamarme. Su facultad de Finanzas ya envió las invitaciones y me preguntó si en nuestra facultad había noticias… supongo que tú ya recibiste la tuya.
Sentí una punzada de celos, preocupada de quedar en ridículo si no recibía invitación.
-Sí, el asistente del rector me contactó para preguntarme si tendría tiempo de asistir a la ceremonia.
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+25 BONO:
¡Vaya!
Sofía mencionó que los profesores de la facultad hacían el contacto.
Pero a Lucas lo invitó directamente el asistente del rector, y además preguntando por su disponibilidad… qué diferencia de estatus…
Me sentí inexplicablemente inferior y a la vez más admirada por él.
Lucas, ajeno a mis pensamientos, continuó: -Pensé que con tu reputación seguramente te invitarían. Si vas, organizaré mi agenda.
Su comentario me puso nerviosa.
¿Qué quería decir?
¿Si yo iba, él haría tiempo para ir?
¿Y si yo no iba, él tampoco iría?
-Eh… bueno, aún no he recibido nada. Quizás no califico -respondí humildemente, con el
corazón acelerado.
-¿Tienes tiempo para asistir? Es el 6 del próximo mes.
La verdad es que estoy muy ocupada últimamente, con muchos pedidos de alta costura, el vestuario de Mariana para su presentación, y la preparación para la Semana de la Moda de
Milán en febrero.
Solo pensarlo me da dolor de cabeza.
Pero la idea de asistir al centenario de nuestra alma máter con Lucas, aunque no fuéramos de la misma facultad y hubiera un abismo entre nuestros estatus que hacía imposible encontrarnos, me emocionaba.
-Tiempo… siempre se puede hacer un hueco -respondí.
-Bien, entiendo.
¿Qué significaba eso? ¿Acaso hablaría con la universidad sobre esto?
Antes de que pudiera preguntarle, cambió de tema: -¿No era hoy tu audiencia de divorcio? ¿Ya terminó? ¿Cómo fue?
Me sorprendió que recordara esto.
-Bueno… Antonio está hospitalizado, así que la audiencia se pospuso -respondí con una sonrisa amarga.
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-¿Pospuesta? ¿Hasta cuándo? -preguntó Lucas sorprendido.