Capítulo 149
Al fin pude respirar un poco cuando encontré al gerente profesional adecuado para hacerse cargo por completo de mi empresa de moda.
Pero antes de poder relajarme, nuevos problemas tocaron a mi puerta.
Temprano en la mañana, mientras trabajaba en mi taller privado del último piso, Rosa vino a informarme: -María, la señora Tang está aquí otra vez, insiste en verte.
Salí de detrás del maniquí, presintiendo problemas: -¿Mi madrastra?
-Sí, y no parece venir con buenas intenciones. El director Núñez la está atendiendo, le dijo que no estabas hoy en la empresa, pero se niega a irse. ¿Qué hacemos? ¿Llamamos a seguridad o bajas a verla?
El “director Núñez” del que hablaba Rosa era Mauro Núñez, el gerente profesional que acababa de contratar, un veterano de la industria de la moda con años de experiencia internacional.
Podía imaginar por qué Carmen venía a buscarme. Después de pensarlo un momento, suspiré: -Hazlo así… cítala en la cafetería de abajo, dile que estoy volviendo de fuera y que me espere.
-Bien, me encargo ahora mismo.
Rosa se fue y seguí trabajando, pero mi mente divagaba sobre cómo manejar la situación.
Después de que Mariano pagara los impuestos atrasados y las multas, Ocean Trading superó la crisis y podía seguir generando ingresos.
Pero su nueva empresa, Riverland Trading, la había vendido.
Y ya no tenía acciones en Ocean Trading, así que las ganancias futuras no le concernían.
En otras palabras, el plan de Mariano de escaparse como una cigarra dorada había fracasado completamente.
No solo falló en su intento de inculparme, sino que él mismo cayó en la trampa, quedándose sin nada y lleno de deudas.
Y eso no era todo, sin querer me había hecho un favor.
Ahora yo era la mayor accionista de Ocean Trading, y sin participar en la gestión, recibía dividendos anuales.
En este tira y afloja, yo había ganado por goleada y Mariano había perdido estrepitosamente. Un claro caso de quien và por lana y sale trasquilado.
Así que Carmen venía hoy seguramente a pedir dinero o acciones.
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Capítulo 149
+25 BONOS
Cuando Rosa me confirmó por WhatsApp que todo estaba arreglado, trabajé media hora más antes de bajar sin prisa.
Al llegar a la cafetería, Carmen estaba visiblemente ansiosa, hostigando a Rosa.
-¿Va a venir María o no? ¿Ahora que es importante se da aires? ¿Me está haciendo esperar a propósito? ¡Llevo media hora aquí!
-Señora Navarro, nuestra señorita Navarro está muy ocupada, como usted sabrá… Dirige dos empresas, tiene muchas damas de sociedad esperando sus diseños exclusivos, ni comiendo ni bebiendo le alcanza el tiempo, la pobre.
Debo admitir que Rosa sabía muy bien cómo echar sal a la herida.
Sus palabras enfurecieron aún más a Carmen.
-¡María es una ladrona! ¡Primero le robó la empresa de moda a Antonio, luego la empresa de comercio a su propio padre! ¡La ambición le come el alma! ¡Es una bandida!
Rosa respondió con calma: -Señora Navarro, no diga eso… Ustedes fueron quienes le cedieron voluntariamente las empresas y las acciones a nuestra señorita Navarro. Después de como la maltrataron, casi la dejan sin salida…
-¡Tú… mocosa insolente, qué lengua más afilada tienes! ¡Igual que María!
Parada fuera de la cafetería, escuchaba claramente la conversación y me reía para mis adentros.
Entré y anuncié: -Señora Navarro, gracias por los cumplidos hacia mi empleada. Rosa, te subiré el sueldo una categoría.
Rosa casi saltó de alegría: ¡Gracias señorita Navarro, qué maravilla!
Rosa y yo sonreíamos, mientras el rostro de Carmen se contorsionaba de rabia, alternando entre pálido y lívido.
-¡María! ¡Por fin apareces! ¡Pensé que no te atreverías a dar la cara! -Carmen me miró con furia, lista para atacar.
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