Capítulo 152
Pensé que después de que Carmen quedara humillada frente a mí, el asunto habría terminado.
Pero ella no se dio por vencida y buscó refuerzos.
Al día siguiente, sábado, había quedado temprano con Sofía y Mariana para reunirnos; Sofía nos invitaba en La Esencia.
Después de trabajar todo el día en el estudio, llegué a La Esencia al atardecer. Apenas había saludado a Sofía y Mariana cuando sonó mi teléfono.
Al sacarlo, vi que era mi tía.
-Sofía, Mariana, sigan conversando, voy a contestar esta llamada.
—¡Siempre estás tan ocupada!‘—se quejó Sofía.
Sonreí apenada y salí del reservado para contestar.
-Hola tía, ¿qué pasa?
Al otro lado del teléfono, mi tía, con una risa forzada, preguntó con fingida preocupación: María, ¿cómo has estado últimamente?
Al escuchar ese tono, supe que algo no andaba bien y respondí con una sonrisa: -Tía, estoy ocupada, si tienes algo que decir, dilo directamente.
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-Está bien, seré directa -mi tía, algo incómoda, dejó los rodeos y dijo-. Sobre el caso de tu padre, parece que definitivamente irá a prisión, ¿de verdad no piensas hacer nada?
Al oír esto, todo me quedó claro: otra mediadora.
-Tía, ¿lo has olvidado? Yo fui quien lo metió ahí, ¿cómo voy a hacer algo? ¿Sacarlo? ¿Para qué? Además, cometió un delito, no tengo el poder para sacarlo respondí entre risas
amargas.
-Ay… lo sé, tu padre se lo buscó, pero al fin y al cabo somos familia. Ya está pagando por sus errores, deberías ser más comprensiva -me aconsejó mi tía con tono maternal.
Me pareció absurdo y pregunté: -Tía, ¿qué quieres decir realmente? ¿Carmen te fue a llorar?
Mi tía, repentinamente dubitativa, evidenció que había acertado: -Eh… bueno, ella… me llamó, dice que está hundida en deudas, que casi se mueren de hambre… Que fue a pedirte dinero y no le diste nada, que la humillaste… María, sé que has sufrido, pero realmente están en una situación terrible, ¿no deberían tener alguna salida?
Escuché en silencio a mi tía, mientras una sonrisa fría se formaba en mi interior.
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Capitulo 152
Hace poco, cuando la empresa enfrentaba una crisis por la evasión fiscal de Mariano, esta misma tía me había rogado que buscara una solución para proteger los intereses de los
accionistas.
En ese momento, su actitud era muy diferente.
Ahora que la crisis había pasado y los accionistas estaban tranquilos, cambió su postura y empezó a compadecerse del culpable, intentando manipularme moralmente.
-Si tanto te preocupa tu querido sobrino, ayúdalos tú. Yo no pienso darles ni un centavo. Ya tuvieron suficiente suerte viviendo en la opulencia durante décadas pisoteando el cadáver de mi madre respondí con frialdad y firmeza.
Mi tía hizo una pausa y volvió a intentar persuadirme con una sonrisa: -Bueno… si no quieres darles dinero, podrías darles algunas acciones, al menos para que tengan algún ingreso, ¿no? ¿ Cómo van a vivir si no? Considéralo como un acto de caridad, ¿eh?
Me reí con desdén: -Carmen no está tan vieja como para no poder moverse, ¿no? Sergio es joven y fuerte, tiene manos y pies, ¿por qué no puede salir a trabajar? ¿Por qué no podrían vivir?
-Ay… es tan difícil ganar dinero hoy en día, solo unas pocas acciones, para ti no significan
nada…
Me sentía muy irritada, y mi desprecio por esta tía alcanzó su punto máximo.
Estaba a punto de colgar, cansada de discutir, cuando de repente tuve una idea brillante.
-Por cierto, tía, ¿te interesarían mis acciones? Si las quieres, puedo transferírtelas todas a bajo precio. Así serías la accionista mayoritaria, y como el puesto de gerente general está vacante, podrías ocuparlo siendo la accionista principal. La empresa estaría bajo tu control.
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