Capítulo 166
Las alarmas sonaron en mi cabeza mientras lo miraba incrédula. Jamás imaginé que pudiera ser tan pervertido y repugnante.
-¡Antonio! ¡Esto es ilegal! ¡Mejor lárgate ahora mismo, o si no yo…! ¡Ah! -grité asustada, sin tiempo de terminar mi advertencia cuando intentó arrastrarme dentro del apartamento.
El instinto de supervivencia me hizo aferrarme al marco de la puerta con todas mis fuerzas, resistiéndome a entrar.
Si cerraba la puerta, estaría perdida.
-¡Socorro! ¡Auxili…! -intenté gritar, pero al siguiente segundo, el desgraciado se inclinó para besarme.
Me resistí, girando la cara y luchando con todas mis fuerzas. En el forcejeo, mi mano alcanzó algo del zapatero, no sé qué era, pero se lo lancé sin pensar.
-¡Guau… guau, guau! -Puppy salió corriendo del apartamento justo a tiempo, ladrando furiosamente a Antonio y mordiendo su pantalón.
Aproveché para liberarme y saqué rápidamente mi teléfono para llamar a la policía. –Hola, oficial, aquí…
-¡Fuera! ¡Perro estúpido! ¡Largo! -Antonio pateó brutalmente a Puppy, me arrebató el teléfono y lo estrelló contra el suelo.
¡Estaba loco!
Loco como nunca lo había visto.
Puppy volvió a atacarlo y recibió otra patada que lo hizo aullar de dolor y rodar por el suelo.
Con el corazón roto por mi perro, agarré un paraguas largo del recibidor y empecé a golpearlo y empujarlo.
En ese momento, estaba aterrada.
La diferencia de fuerza física entre una mujer y un hombre es como intentar romper una piedra con un huevo.
No sé si siempre tuvo tendencias violentas bien ocultas, o si perdió el control porque lo estaba forzando al divorcio, pero en ese momento era aterrador.
Si realmente quería forzarme, probablemente no podría escapar.
Pero aun así, ¡resistí con todas mis fuerzas!
1/2
Capítulo 166
Por suerte, el alboroto de nuestra pelea despertó a los vecinos. Una joven pareja abrió su puerta y se quedó atónita ante la escena.
El chico corrió a sujetar a Antonio por
por detrás.
+25 BONOS
Antonio, con una fuerza sobrehumana, se liberó y se enzarzó en una pelea con él.
Recogí el paraguas roto del suelo y seguí golpeando a Antonio con todas mis fuerzas.
La chica estaba llamando por teléfono, aparentemente a la policía..
Pero antes de que terminara, el ascensor sonó y ¡llegaron varios policías!
Gracias a Dios, mi llamada al 911, aunque interrumpida, había permitido localizar la dirección.
-¡Alto! ¡Policía! ¡Deténganse! -gritaron los oficiales con autoridad, separando hábilmente a los dos hombres.
Ignorando el dolor en todo mi cuerpo, me apresuré a explicar: -Oficiales, él me estaba agrediendo, este señor es mi vecino que intentó ayudarme.
Antonio, que hace un momento parecía un león furioso, ahora sometido por la policía, se calmó de repente y balbuceó: -Yo… solo buscaba a mi esposa, qué les importa a los demás…
Apestaba a alcohol, evidentemente ebrio.
Mi corazón se sobresaltó al mirarlo, ¡estaba fingiendo estar borracho!
Si era una disputa doméstica y había perdido el control por estar ebrio, la policía solo lo retendría para tomar declaración y darle una advertencia.
Antonio había empezado a usar artimañas conmigo.
-¿Son esposos? -preguntó el oficial.
-Sí, pero estamos en proceso de divorcio, ya presenté la demanda -superando mi shock, me concentré en resolver el problema inmediato.
-Tendrán que acompañarnos.
-De acuerdo.
Agradecí repetidamente a la pareja de vecinos, llamé a Puppy para que volviera al apartamento, cerré con llave y me fui con los policías.
Apenas llegamos a la comisaría, apareció el abogado de Antonio.
2