Capítulo 177
El daño y la humillación que él me causó no se limitan a una simple infidelidad, fue una catástrofe total que me destruyó por completo.
-¡María! No te hagas la lista. Antonio no tuvo elección, Isabel estaba terminal. Sus acciones eran comprensibles, ¿no demuestra eso que es un hombre leal y compasivo?
Las palabras de Claudia me hicieron fruncir el ceño repetidamente.
Parecía que los genes de los Martínez tenían serios problemas, todos sus hijos tenían una forma retorcida de pensar. En sus manos, los Martínez acabarían arruinados.
Sin responder, solo quería ver el video, así que insistí: -Dame el teléfono para ver, o me voy.
Claudia se mantuvo inmóvil.
Agotada mi paciencia, tomé mi bolso para irme.
-¡Espera! -se alarmó y sacó su teléfono.
Me senté justo cuando el camarero llegaba con la bandeja.
Ambas esperamos en silencio mientras servía.
– Sírvanos el zumo, por favor -pidió Claudia.
C
-Por supuesto. Que aprovechen -respondió el camarero, sirviendo y retirándose.
-El teléfono exigí nuevamente.
Claudia hizo un mohín, reluctante, pero cedió tras dudar: -Vale, pero ni pienses en borrar el video, tengo copias.
Con mala actitud, extendió bruscamente el brazo: -¡Toma!
Con demasiada fuerza, el teléfono salió volando y golpeó la salsa de champiñones del filete.
La salsa salpicó y aunque me eché hacia atrás instintivamente, no pude evitar mancharme.
-¡Ah! ¡Lo siento, no fue intencional! -exclamó Claudia cubriéndose la boca.
Miré mi abrigo manchado, por suerte era oscuro y apenas se notaba.
Su teléfono cayó al suelo. Sin molestarme en recogerlò, me levanté y pregunté al camarero por el baño para limpiarme.
Al volver, Claudia me entregó sumisamente su teléfono, con el video en pantalla.
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Capítulo 177
+25 BONOS
Después de verlo, sonreí con frialdad: -¿Esto qué prueba? El señor Montero es un cliente importante, nos reunimos por trabajo.
El video nos mostraba a Lucas y a mí sentados frente a frente, sonriendo y charlando animadamente, pero concluir una infidelidad por eso era absurdo.
-¡No engañas a nadie! -protestó Claudia.
-¿No fuiste al cumpleaños de doña Elena? Yo hice toda su ropa. Los Montero, todos ellos, son clientes importantes.
Claudia balbuceó, claramente sin argumentos, y bebió zumo con la pajita: –
-De todas formas, te enamoraste de otro y por eso insistes en divorciarte.
Me reí con sarcasmo y me levanté para irme, viendo imposible razonar con ella.
-¡Espera! ¡No has comido nada! Es caro aquí, ¿no te parece un desperdicio?
Mirando el apetecible filete Wellington y su insistencia en que comiera, sospeché que tenía otras intenciones esta noche.
Intrigada, volví a sentarme.
Pero cuando iba a tomar la pajita para beber, noté algo extraño.
El vaso contenía zumo naranja que parecía fresco, pero en un lado de la pajita había una sustancia blanca espumosa.
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