Capítulo 184
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-¡Antonio, si no te divorcias de ella, no vuelvas a poner un pie en la casa de los Martínez, haré como si nunca hubiera tenido un hijo! -gritaba su madre.
—¡Antonio, no puedes abandonar a tu propia hermana por una mujer que ni siquiera te ama! Todo lo que hice fue por ti, no puedes tratarme así! -sollozaba Claudia.
¡
Antonio estaba siendo atacado por su madre y hermana, la habitación era un caos total de gritos y acusaciones que me aturdían los oídos.
Mi teléfono vibró y al mirarlo, vi que era Lucas quien llamaba.
Sin saber qué querría, me apresuré a salir.
—¡María! ¡No te vas a ir! ¡Borra ese video o no sales de aquí! —Marta cambió su furia hacia mí al verme partir.
Me reí internamente. -¿Creen que no hice copias antes de venir? Aunque tu hijo vuelva a romper mi teléfono, no podrá borrar ese video.
Días atrás, Antonio, borracho, había enloquecido frente a mi puerta y destrozó mi teléfono, obligándome a comprar uno nuevo.
Marta se quedó perpleja.
Al llegar a la puerta, la oí amenazar: —¡María, si te atreves a difundir esto, los Martínez no te dejaremos en paz!
Me volví y respondí tajantemente: -Si tu hijo se divorcia de mí, garantizo que nadie más que yo sabrá de esto. Pero si no lo hace… ¡ja!
Marta, al oírlo, desvió su mirada y continuó gritándole a Antonio.
Salí de la habitación, por fin en silencio, y contesté rápidamente la llamada.
-¿Hola?
La voz suave y agradable de Lucas llegó desde el otro lado: -¿Estás muy ocupada? Tardaste en
contestar…
—No, para nada… ¿qué pasa?
-Nada especial, recordé que tienes la audiencia de divorcio esta tarde. ¿Segura que no quieres que interceda por ti?
Así que era eso. Me conmovió su preocupación, pero respondí firmemente: -No hace falta, tranquilo, tengo un plan.
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Capitulo 184
—¿Qué plan?
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-Eh… no puedo contártelo, pero tengo la victoria prácticamente asegurada acababa de prometerle a Marta que no diría nada si su hijo aceptaba el divorcio.
Hay que ser fiel a la palabra dada.
Así que ni siquiera a Lucas podía contárselo.
Claro, si Antonio volvía a causar problemas esta tarde y se negaba al divorcio, entonces lo haría público y lo llevaría a la policía.
-De acuerdo, si lo tienes claro, me preocupé sin razón:
-No, gracias por preocuparte por mí, me hace sentir muy bien -sonreí involuntariamente mientras entraba al ascensor con el teléfono.
No entendía por qué le importaba tanto mi divorcio.
¿Acaso esperaba que me divorciara para dar el siguiente paso y comenzar a cortejarme formalmente?
La idea me emocionó, sintiendo calor hasta en las orejas que sostenían el teléfono.
-No hay de qué agradecer, me salvaste la vida. Me alegra poder hacer algo por ti -su respuesta suave y profunda me estremeció el corazón.
No pude contenerme: -¿Solo por eso?
-¿Qué?
-Digo, ¿eres tan bueno conmigo solo porque te salvé, por gratitud?
Por fin lo había preguntado, conteniendo la respiración y con el corazón acelerado, esperando su respuesta.
No sé de dónde saqué tanto valor para dar ese paso.
¿Sería porque ya tenía asegurado el divorcio con Antonio y mi subconsciente se sentía más libre?
Hubo un momento de silencio, y luego su voz se volvió aún más suave y profunda: —¿Y tú qué crees?
¿Yo qué creo?
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