Capítulo 186
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El abogado de Antonio empezó a refutar cada punto que presentó mi abogado durante los alegatos, sin mostrar ninguna intención de “cooperar“.
Mi abogado se inclinó y me susurró: -¿No dijiste que el demandado cooperaría? Por como van las cosas, si insisten en que su matrimonio no está irremediablemente roto, el juez probablemente se ponga de su lado y tendremos que esperar un segundo juicio…
Un segundo juicio significaba esperar al menos tres meses.
Pero yo no podía esperar ni un día más.
Sin importarme el protocolo del tribunal, interrumpí al abogado de Antonio, me levanté y dije: -Su Señoría, me siento indispuesta, ¿podríamos hacer un receso?
-Bien, tomaremos diez minutos, después continuaremos la sesión.
-Gracias, Su Señoría.
Salí de mi lugar y al pasar junto a Antonio, murmuré: -Antonio, sal un momento.
Con expresión sombría y malhumorada, se levantó y me siguió.
Ya fuera, le mostré mi teléfono: -¿De verdad quieres obligarme a entregar las pruebas del delito de Claudia a la policía y mandar a tu hermana a prisión?
Antonio miró mi teléfono, sus labios temblaron, aparentemente dudando.
No podía creer que realmente estuviera dispuesto a sacrificar a su propia hermana.
Presentí que hoy no habría sentencia.
De repente, Marta se acercó apresuradamente, angustiada: —¿Por qué salieron? ¿Ya terminó? ¿ Se divorciaron? ¡María, tienes que borrar ese video!
Ver a mi ex suegra reavivó mi esperanza perdida.
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-Señora, mejor convenza a su hijo, él quiere mandar a su hija a prisión le dije a Marta, lanzando una mirada despectiva a Antonio.
-¿Qué? -Marta se quedó perpleja y miró a su hijo confundida-. ¿No ha terminado el juicio? ¿ Por qué salieron?
-Su hijo no coopera, pedí un receso para hablar con él.
-¿No coopera? -Marta miró a su hijo con rabia y decepción. ¡Antonio, has perdido la cabeza! ¿Ni siquiera te importa tu hermana? ¿Sabes que Claudia acaba de cortarse las venas en
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Capítulo 186
el hospital? ¡Por suerte la encontraron a tiempo y los médicos la salvaron! Si no… jestaría enterrando a mi hija! ¡Ay de mí… qué pecados cometí para tener un hijo ingrato y una hija tan desafortunada…!
Marta se golpeaba el pecho entre lamentos, olvidando toda su dignidad de señora de alta sociedad.
Me sorprendió que Claudia tuviera el valor de intentar suicidarse.
Antonio también se asustó con las palabras de su madre y rápidamente la sostuvo.
-¿Mamá? ¿Qué dices? ¿Claudia intentó suicidarse?
Hablaron tan alto que mi grupo de apoyo, que esperaba fuera dándome ánimos, se acercó.
-Señora Martínez, ¿qué le pasó a su hija? ¿Por qué intentaría suicidarse?
—Sí… ¿tuvo una decepción amorosa? ¿La abandonó algún sinvergüenza?
Las señoras, aunque de la alta sociedad, no perdían su naturaleza chismosa y empezaron a hacer preguntas.
El escándalo de Claudia había sido encubierto por los Martínez, nadie lo sabía.
Pero ahora, con madre e hijo gritando así, sería difícil mantenerlo en secreto.
Miré a Antonio y le advertí en voz baja: Si no quieres que la reputación de los Martínez se arruine y tu hermana vaya a prisión, ¡deja de resistirte!
Antonio, aún sosteniendo a Marta, me miró, librando una batalla interna.
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