Capítulo 189
Me despedí del abogado y volví a mi coche.
Con sentimientos encontrados – alegría y aprensión, alivio y preocupación- decidí llamar a mi abuela para contarle el resultado. Justo cuando marcaba, vi llegar la ambulancia a toda velocidad.
-Abuela… sí, terminó el juicio. Antonio tuvo conciencia y aceptó el divorcio.
Mi abuela también suspiró aliviada.
Mientras escuchaba su feliz parloteo, observaba por la ventana.
Los paramédicos sacaban a Antonio en camilla. Marta iba junto a él y al bajar las escaleras tropezó y cayó, teniendo que ser ayudada por el personal médico.
Desde mi coche, me sobresalté al ver la escena.
-Sí, abuela, entiendo. Tengo que irme, el fin de semana voy a comer y te cuento todo con
detalle.
Después de colgar, seguí observando.
Antonio llevaba una máscara de oxígeno.
Una vez en la ambulancia, los paramédicos comenzaron inmediatamente la reanimación cardiopulmonar, luchando contra el tiempo.
Marta subió ayudada, llorando desconsoladamente.
Cuando Antonio se desplomó, pensé que fingía para dar lástima.
Pero ahora parecía que realmente estaba enfermo, y grave.
¿Habría recaído de su antigua dolencia?
La ambulancia se alejó con la sirena sonando. Me quedé abstraída hasta que el teléfono me despertó.
Era Lucas.
Mi mente se concediera el divorcio, no podría volver a casarme inmediatamente o sería bigamia.
animó y, curiosamente, recordé las palabras del abogado: aunque el tribunal
¿En qué estaba pensando? ¿Imaginando casarme con Lucas?
Sacudí la cabeza para alejar esos pensamientos atrevidos y disparatados.
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Capitulo 189
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-¿Hola?
La voz suave y profunda de Lucas: -¿Ya terminó todo?
-Sí.
Respondí brevemente, suponiendo que se habría enterado por algún contacto de que el juicio había terminado.
La coincidencia era demasiado precisa.
-¿Entonces debería felicitarte por tu liberación?
Sonreí levemente, con el ánimo pesado: -¿Cómo supiste el resultado?
-Lo adiviné. Al mediodía dijiste que tenías la victoria asegurada -respondió riendo.
Me sentía agotada, sin fuerzas ni ganas de hablar: —Sí, el juez dictó el divorcio, pero hay que esperar la sentencia y luego quince días por si hay apelación.
-¿Tan complicado? ¿Cuánto falta para que sea definitivo? -preguntó sorprendido.
-No estoy segura, pero la sentencia suele tardar diez días, así que casi un mes en total, similar al período de reflexión…
Me di cuenta de que quizás me había complicado innecesariamente.
Con la evidencia contra Claudia, podría haber esperado al fin del período de reflexión y hacer que Antonio aceptara el divorcio.
El tiempo habría sido similar.
-Es lento, pero al menos se ve la luz al final del túnel -me consoló Lucas.
-Sí.
-Ya que salió bien, ¿qué tal si cenamos para celebrarlo?
Me sorprendió que me invitara tan rápidamente a cenar.
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